RECREANDO EL PASADO: LA LOCA MARGARITA
Escrito por Lina Salas
Enamorarte
Desde leyendas urbanas hasta situaciones verídicas de personajes excéntricamente reales, son las historias de alto contenido social y fuerte bagaje cultural las que se presentan como propicias para representaciones teatrales. Lo son las historias de Shakespeare, lo fueron los grandes asesinos de la historia y ahora, en nuestra cultura, lo es la loca Margarita.
Entre los personajes más controversiales, reales y crudos de la reciente historia colombiana se encuentra una mujer que, en medio de lo que muchos consideraron como demencia, dedicó gran parte de su vida a exteriorizar sus creencias y a usar su pasión para que otros pudieran ver en ella un patrimonio digno de desfile y actuación. Más aún, el hecho de ser una mujer que en los años cuarenta proclamaba por las calles maldiciones contra el partido más tradicional de la nación y que albergaba en su hogar a los más relegados por una sociedad, no solo llena de prejuicios, sino también machista, diferenciaba a la Loca Margarita de cualquier otro personaje distintivo de la primera mitad del siglo.
“Los Locos Itinerantes”, una de los mayores homenajes a personajes tan característicos de nuestra cultura, como lo fue aquella liberal empedernida, presenta también las figuras de otros significativos ciudadanos, que con su locura y personalidad destacada dejaron una huella en las mentes bogotanas. El Negro Chivas, El Bobo del Tranvía y Pomponio son los tres personajes adicionales con los cuales, en la misma época, Bogotá se vio adornada y en torno a los cuales ahora se han erguido estatuas que simbolizan su trascendencia para la ciudad. Sin embargo, ni la cultura ciudadana sobresaliente de un loco que controlaba los tranvías, ni la locura apasionada del enamorador Pomponio, ni siquiera la trágica historia de amor y muerte familiar del Negro Chivas se comparan con la historia de la mujer de vestido rojo y voz reconocible que es homenajeada, en esta ocasión, por el teatro Casa Ensamble.
En una producción que desafía toda la gama de posibilidades presentes, cuando se trata de contar la historia de alguien que era poco apto de contarla por sí mismo. La puesta a escena realizada por los miembros de Ensamble excede las expectativas, no solo por el brillante papel realizado por su actriz principal sino por la investigación enorme y rigurosa que la producción evidencia. En la obra, que transcurre en la Bogotá devastada de mediados del siglo XX, la presencia de una mujer que proclama por las calles su preferencia política no es nada, comparada con el transfondo histórico que le dan a la vida de esa misma mujer, representándola no como un símbolo de la historia del país, sino como un ser humano con mucho por entregar. Una mujer que vestía de rojo, no solo por el color de su partido, sino en nombre de la sangre derramada en Colombia, con su sombrero y canastilla de paja, con su rostro marcado aún por el dolor de la muerte de su esposo e hijo que la llevó a la locura, pero aún capaz de levantarse, dispuesta a ser el referente de una sociedad que necesita recuperar su memoria, es una mujer digna de admirar y de homenajear en una puesta en escena de tal calidad
Acompañando a la obra, la casa de Alejandra Borrero, sitio escogido como teatro para la producción (Carrera 24 # 41-60), presenta la exposición “Ni con el pétalo de una rosa”, homenaje a las mujeres víctimas de abuso. La presencia de ambos actos en el mismo lugar representa una oda al papel de las mujeres dentro de la nación y es, en medio de la frialdad que tanto la historia de las mujeres abusadas como la de la particular dama de rojo presentan, una muestra del género elevándose ante las condiciones adversas y demostrando que, incluso en medio de la crisis, expresarse sin tener miedo de la reacción de la sociedad es la mejor alternativa para escapar de la opresión de otros.