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SENTIR DE UN HERMANO MAYOR

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Por Leonardo Londoño

Proyectivo C

A propósito del importante papel que cumplen los estudiantes de Proyectivo C, al ser los encargados de dar la bienvenida a todos los estudiantes nuevos y ser sus Tutores (en este caso, actuar como sus Hermanos mayores), la experiencia para unos y otros ha sido muy interesante. Publicamos el sentir poético, profundo y emotivo de uno de nuestros próximos graduandos, al asumir la responsabilidad que lo ha marcado tan positivamente.

 

Hace unos días conocí al cielo en un carnaval. Cargaba al día y a su espuma, mientras yo arrastraba los míos y recogía otro más. Yo, culpable de toda maldad noctámbula, sanguijuela de la tarde, de eterna palidez y sosedad (en realidad y en comparación), me enamoré. De todas las mentiras que he profesado, esta la considero, sin lugar a dudas, honesta. Mentira de fácil comprensión, aunque, creo, también lo es de minoritaria, y ojalá algún día  sea de popular conocimiento (y a la vez ojalá no, si les soy sinceramente egoísta).

Y sin embargo y sin reparo, no me interesa en lo absoluto, según el propósito de este breve párrafo, su comprensión. No estoy aquí para exponer y espero de todo corazón que tu no estés aquí para un informe; esto es una dedicatoria. Recuerdo los ojos, rocío en forma de canicas; recuerdo las sonrisas, espigando mis entrañas astilladas. El ruido… ese punto en particular es más bien un gusto adquirido, y supongo que el no adquirirlo es parte de mi problema. Al pestañear, era una mañana helada y cansada de helar. Al ver, el viento me convirtió en el tallo; en la hierba fresca me convirtió el tímido sol, cuya tibieza mantenía a los dedos brumosos de la niebla  temprana  a tan sólo centímetros de mi cabeza, y la fue alejando más y más; impotente en su livianeza, fue engullida por el cielo mi pesadez.

Sorpresivo: en su supuesta pequeñez, esos seres de una malvada y cruel inocencia, son más mundo, más río, más hoja, más universo que cualquier otro, pues esa es su verdad; no la proclaman, la viven y la contagian. Entonces ¿Qué más puedo decir? Lo que dije fue lo que necesitaba y lo dije porque fui obligado por mí y por mi cuerpo, me llené de alegría y ternura y mi alma necesitaba vomitar. Si algo queda por decir, es que no deseo regalarles un recuerdo, ni una lección; en mi egoísmo, todo lo que tengo de regalo es un sentimiento, tres veces mil veces, de cariño.

1 Comment

  1. Resultado dice:

    Excelente escrito, muy buena reflexión

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