El amor del sol

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AULA DE ÍCARO IAM


Siento que Amo como ama el sol, pero al mismo tiempo odio como él lo hace. Muchas veces Amo sin esperar algo a cambio. Amo porque sé que lo que amo y la manera en que lo hago puede ser la mayor de las armas, como la mejor de las medicinas, porque el amor, y mi manera de sentirlo y expresarlo lo siento en todo, como algo tan cotidiano ,pero al mismo tiempo tan especial que es el diferencial y la razón del porqué la vida es vida, y cómo hay que vivirla. Así es el amor cuando se concibe como parte fundamental de la vida de todo elemento en el universo y así también es la energía esencial del mundo, porque se encuentra en todas partes y es lo único que puede asegurar el deseo más íntimo de todo ser que es encontrar una trascendencia con la que pueda validarse en el infinito mar donde habita. Si me preguntan, personalmente, pienso que la mejor manera de plasmar y sentir la esencia de todo siempre será amar: amar la vida, amar efímeramente, amar amistosamente, amar platónicamente, amar las pasiones, las personas, amar eso que solo tú puedes ver y expresar lo mucho que lo amas porque eso es esencia y es tuya. Pese a eso, odiar no es una falta de amor ni de esencia, es más parecido a la falta de comprensión. Al amor que se le tiene a algo porque el amor y tu forma de sentir y expresar se tiene que aprender y el odio resulta en ese aprendizaje que se debe de tener para lograr algo trascendente y profundo.

Pero, de alguna forma, es como el Yin Yang; como un eclipse solar, pero en este sentido ninguno es luz ni oscuridad. Contrario a lo que piensa mucha gente, puede haber mucho amor desde la oscuridad y puede haber mucho odio desde la luz. Hay gente que mata a las personas con su amor y hay gente que le hace bien a los demás con su odio. No es un blanco ni negro, es cada color presente en la existencia. No es derecha ni izquierda, es todos los caminos que puedes tomar. La esencia y la vida no se ven con más prismas que no sean el amor y el odio.

Puedes amar u odiar vivir, puedes amarte u odiarte a ti mismo, a otras personas, los momentos que vives, lo que te gusta y te disgusta, pero siempre habrá amor u odio porque en el momento en el que se pierda cualquier sentimiento hacia las cosas es como si perdieras todo tipo de vida y todo tipo de trascendencia en ella. Y eso es lo más grave.

Yo, personalmente, amo el sol. Amo el día y la esperanza que me transmite, de vez en cuando amo despertarme. Amo elegir la ropa que me pondré. Amo tomar tazas de café que me preparo, así como salir tarde de mi casa por repetir desayuno. Amo la ruta que tomo, amo que las canciones suenan sean de un ritmo movido. Amo llegar y saludar a todo el mundo; amo sentir que por un rato puedo reducir mi mundo a los muros de la institución. Amo cuando siento que puedo dejar todo de mí en una labor; amo no hacer absolutamente nada y solo reírme con mis cercanos. Amo también salir sabiendo que lo intenté todo en cada ocasión. Amo volver a mi rutina camino a entrenar; amo el transcurso de vuelta a mi casa. Amo la sensación que me deja caminar por la calle entre toda la gente; amo sentir que no soy nadie. Amo ver cada uno de sus rostros y pensar que cada uno tiene una historia y algo que contar. Amo llegar a mi hogar y “montarme la película” de que es transparente y que puedo ser y expresarme como quiera en la soledad particular en la que habito. Amo ver los últimos segundos de día pensando que valió la pena cada segundo que viví y aun así terminarlo con un “¡mierda, que día!”. Pero, sin duda, lo que amo más es la capacidad que me da la vida de conectar con las cosas; amo conectar con las personas, con sus emociones, con las cosas que disfrutan y lo que los hace sufrir; amo conectar con cada uno de una manera diferente. Amo conectar con la música, el arte y cada elemento que me resulte en algo apasionante; amo conectar con el ambiente y todo lo que lo conforma. Amo la sensación de que puedo resultar en un eclipse con cada persona y poder conectar de alguna manera que resulte algo mucho mejor y más bello. Amo tanto conectarme con todo lo demás, porque es lo único que me permite conectarme conmigo mismo, donde puedo ser no sólo quien soy, sino eso que quiero ser siempre. Amo la sensación que me deja saber de mi manera de amar, amo saber que amo.

Así como, personalmente, odio los soles de domingo y lo mucho que se esfuerzan en hacerme sentir que son la única compañía que tengo. Odio cuando el café es solo café y está frío, sin ningún tipo de revuelto especial. Odio despertarme algunos días; odio lo mucho que me cuesta levantarme y pensar en el tiempo que pierdo. Contrario a lo que muchos piensen, odio llegar tarde, odio lo mucho que pienso y me hundo en mis pensamientos con cada cosa que hago. Odio sentir miedo, pese a que desde siempre he sido un miedoso; odio llorar pese a que siempre he sido un llorón. Odio la timidez que resulta todo en el panorama social, pese a que siempre he sido tímido y odio que mi manera de mostrarme y ser extrovertido y abierto sólo sea una cortina, así como odio lo mucho que me tengo que esforzar para que se mantenga en pie. Odio todos los elementos de lo que soy que he tenido que forzar en mi vida para poder cambiar. Odio que siento que cada vez me cuesta más devolverle a la vida, pese a que ame los golpes de la vida. Odio los procesos largos, pese a que amo trabajar duro por las cosas. Me odio, pese a que me amo. y odio odiar, pese a que amo saber que odio.