¿Las relaciones familiares se han corrompido debido a la mediación del dinero en las relaciones sociales actuales?
El ser humano es un ser social por naturaleza y por esto está conectado
estrechamente con su familia desde el punto de vista emocional y genético. El hombre
común ama a su familia a menos de que le haya hecho algún daño que no pueda
perdonar. Sin embargo, las relaciones familiares se han transformado y hoy en día se dan
más por el interés en el dinero que por una relación verdaderamente espontánea,
auténtica y afectiva.
Un ejemplo son los matrimonios con fines de conseguir los bienes de alguno de los
cónyuges. En estos casos uno de los dos cónyuges se casa con el propósito de sacar un
beneficio económico después del divorcio o la muerte de la pareja. Hoy en día vemos
cómo las mujeres y hombres jóvenes establecen relaciones de pareja con personas
mayores con el fin de lucrarse. Esto lleva a relaciones de mecenazgo en las cuales
personas mucho mayores, coloquialmente llamadas ‘’Sugar Mommy/Daddy’’
intercambian bienes por una relación afectiva con personas mucho menores, también
llamadas "Sugar Baby’’. Entonces la persona mayor se vuelve un benefactor y protector
de la persona menor y la reemplaza asumiendo todo su mantenimiento a cambio de
recibir afecto. Esto hace que las relaciones afectivas pierdan su propósito afectivo y hace
que la pareja se instrumentaliza por recibir un beneficio económico más que afectivo.
También existen las relaciones en las cuales uno de los cónyuges busca sacar un
provecho del divorcio. Así uno de los dos busca quedarse con los bienes del otro o tomar
a los hijos con el fin de sacar gastos de manutención. De tal forma que los hijos se
vuelven un objeto de manipulación con el cual se busca obtener dinero. Entonces se
ponen a los hijos como una disculpa para obtener beneficios económicos fuera de los
gastos normales de manutención. Es más, muchas veces, se termina en líos judiciales
porque uno de los dos padres abusa y empieza a pedir más dinero del que los hijos
necesitan, o también usan las cuotas de manutención de los hijos para beneficio propio y
gastos innecesarios y suntuosos, mientras los hijos caen en estados de abandono.
Los ejemplos anteriormente mencionados son solo algunos casos en los cuales las
relaciones económicas se trasladan a las relaciones sociales y afectivas. Las personas
convierten a sus hijos, parejas y algunas a su padre o madre en objetos de lujo. Esto
produce una acentuada objetualización de los humanos con lo cual se deshumanizan las
relaciones sociales. Esta deshumanización se puede ver a través de la avaricia que
cultiva el sistema social y económico. Los individuos han sido expuestos desde niños a la
idea de que la empatía es signo de debilidad y que, para ser exitoso se debe pasar por
encima de los demás. De cierta manera las relaciones económicas del contexto se
trasladan a las relaciones humanas.
Esto es evidencia de que el sistema también fomenta la heteronomía dentro de las
estructuras emocionales y familiares, ya que la cultura centrada en el dinero ha
promovido la idea de que el capital es el elemento más importante dentro de la sociedad,
y se ha sacralizado el dinero al punto de tener un valor casi religioso. Ésto ha generado
un culto al dinero que ha llevado a las relaciones sociales a un punto crítico en cuanto al
desarrollo integral de las personas, pues cuando se trata a los demás como objetos y no
como humanos se cae en la instrumentalización de los otros y se despersonaliza la ética,
esto genera una desconexión emocional y la reemplaza por un sistema en el que la
amistad, la familiaridad o la relación amorosa se confunden alrededor del dinero. Por
eso las crisis emocionales y los vacíos existenciales vienen en aumento, pues cuando el
dinero se vuelve el centro de nuestras vidas, el ser humano pierde su sentido de vida y
de existencia.

Escrito por Iván David Lizarazo Barbosa
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