GANADORES CONCURSO DE CUENTO 2023

Concurso de cuento

Ganadores Concurso de Cuento Ciclo Contextual y Proyectivo



Fallo final Ciclos Contextual y Proyectivo

El estudiante y escritor Jacobo Peña Mesías de Proyectivo B y el docente y director de ícaro Iván Montoya Beltrán dieron su veredicto para destacar a los ganadores del VI Concurso de Cuento Ícaro.

Edén por el estudiante Alejandro Bustamante de Contextual C


Por cargar sobre sus párrafos la conjunción de tres virtudes inmensas en el género del cuento: la brevedad como herramienta para hablar sobre la condición humana, la evocación de imágenes por medio del ritmo de las palabras, y el final como cuchillada para dar unidad al trasfondo de la ficción. Un final que, además, queda abierto a interpretaciones para que el lector haga parte activa de su estadio de significado.

Edén

Por: Alejandro Bustamante Profundo, inhóspito, caminaba ya por el seco pasto, los árboles decaían, todo parecía mirar el marchitado y muerto suelo, las plantas, los árboles y hasta el cielo.

El sol rugía y dejaba caer su ira sobre el lugar, su calor abrasaba, acababa y destruía con todo, como fuentes de luz que caían y absorbían la vida succionándola y eliminando todo, casi desintegrando, casi descolorando todo, casi como la ira de un dios.

Se encontraban restos de largos y prósperos riachuelos que ahora eran charcos, charcos mínimos del tamaño de la punta de un dedo, de agua salada, muerta y concentrada, agua tan café como el cuero, charcos que soltaban vapor como si fuera un volcán iracundo, cada charco olía a humo, a cenizas.

En un charco vi una hoja, una hoja ocre que flotaba humilde, con una lentitud y desdén, danzaba en el agua con dulzura moviéndose simple con el viento seco, estaba muerta, estaba muerta y mantenía vivo el charco, estaba muerta y dibujaba en el charco lo que fue la vida de este lugar alguna vez, vi atrás de la hoja mi reflejo, vi atrás el cielo que parecía una mancha de café, las nubes tan movidas como la hoja que flotaba en el charco, y aunque no lo veo atrás está el, el ahora muerto, el mostrando su ausencia a través del charco, el casi omnipotente, el casi inexistente.

Huele a azufre, el aire es denso, es antiguo, quema e irrita la nariz, el ambiente como una ruina de algo que se perdió, como el cadáver que ahora yacía en el suelo, el dulce silbido del viento como el paso del tiempo, casi tan parecido como yo.

Sali del lugar, me inundo el ruido, los colores, una explosión disonante de estímulos chocaban contra mí, químicos densos llenaron el aire, sentí como un arcoíris se regaba en unas escaleras, cada escalón un revoltijo entrópico, un caos sensorial, algo que me domina.

Perdí la noción del todo, del tiempo, de la vida, de mí, de el.

Me senté, intenté retornar mi conciencia, cerré los ojos y pensé, pensé en el sol que brillaba mi cara, empezó a verlo, lentamente me empezó a quemar, cada musculo de mi cara entro en tensión, el sol me estaba mostrando su ira, la ira que desato contra el pasto, contra los árboles, contra el aire, contra los charcos, los charcos… recordé la hoja, imagine a la hoja flotando en mí, como si el agua se regara, sentir la hoja y su bailar, sentí el salado del agua, sentí mi reflejo, abrí los ojos, ahí estaba yo, viendo con tanta atención una hoja que flotaba en un charco, estaba viendo el cielo y las nubes, viéndolo a él, estaba viéndolo todo a través de mí.

Recuperé la conciencia, regrese a mi casa manteniendo la mirada fija en el suelo, llegue y lo primero que hice fue echarme agua en la cara, me puse una bolsa de hielo para quitar las quemaduras, cerré la puerta para bloquear la amalgama sintética y plástica que es el afuera, me senté en un sillón y pensé

No pude escapar, no pude cambiar, los vientos del Genesis incinerando mis entrañas, las quemaduras en mi cara, las marcas del sol, ahora solo me marchito, me desvanezco, me convierto en él, el que todo es, el que nada es

El mató al jardín del Edén, yo mate al jardín del Edén

Carmen la Rola por la estudiante Alicia Yunis Proyectivo B


Por la inusual potencia narrativa que, en menos de diez líneas, le permite al cuento crear una atmósfera realista y poner en evidencia una problemática urgente de nuestra sociedad: la violencia hacia las mujeres.

Carmen la Rola por la estudiante Alicia Yunis Proyectivo B

Por: Alicia Yunis

Estábamos de viaje,

Se montó en la moto,

Le dijeron que la llevaban a dar una vueltica,

Pasaron una, dos y tres horitas

La busqué

Me la encontré desmayada, con la ropa vuelta nada

Vejestorio en la soledad por el estudiante Simón Alejandro Córdoba de Proyectivo B


Por su complejo acercamiento a los fenómenos de la vejez, su hábil construcción de un mundo distópico y el manejo insaciable de la metáfora.

Vejestorio en la soledad

Por: Simón Alejandro Córdoba

Nos encontrábamos en el centro de una gran sala comunal, hacinados, tratando de ver entre los hombros del de al frente. En aquella sala se encontraban aquellas personas con rostros demacrados por el tiempo, con grandes hendiduras similares a cicatrices y miradas tan serias como las de un depredador. Todos congregados alrededor mío tan solo por una cosa. Escuchar relatos de supervivencia en inhóspitas selvas, eran historias de un jubilado explorador.

Algo peculiar. Se pensaba que lugares con vegetación espesa no existían, lo más similar a aquella frondosa selva que podían observar desde el empañado cristal, eran pequeños prados siento cultivados por gente similar, viejos. La empedernida rutina de escuchar maravillas exóticas los tenía hilados a la elocuente voz, todo gracias a que era lo único que les generaba algún remoto sentimiento en su vida. Aquello que los mantenía fregando el piso con trapos deshilachados cada día eran esas historias, eran los sueños.

Después de aquella placentera charla no había nada más, para aquella gente lo único que existía en su día a día eran aquellas charlas, era lo único que recordaban. Aquellos lejanos recuerdos de sus nietos que ahora están igual desaparecieron, están abandonados y condenados a una vida solitaria por la malhechora que desdibujo la perfecta obra de una perfeccionista evolución. Aquel vil vándalo se hacía llamar vejez.

Aquel criminal que se abría paso entre la multitud como aire había logrado contagiar a cada uno de los seres humanos. En las oficinas y tiendas solo quedaron robots, aquella vejez les arrebato el alma a los humanos, los condeno a una vida putrefacta en la que no pudieran ni siquiera sentirse acompañados. Una vida la que siquiera pudieran descubrir algo nuevo. Podrían permanecer vivos como estatuas casi inmóviles mientras el tiempo circula para planetas o agujeros negros pero aquellos humanos que poseían un fervor por conocer yacían enterrados hace un largo tiempo.

Aquella gran tierra era como aquella casucha, estaba totalmente hacinada de gente moribunda, al menos ya no destruían más su superficie, la tierra aniquilo a sus plagas por medio de la genética, era como un botón de auto-destrucción por si las cosas se salían de control.

Aquellas vividas historias que revoloteaban en la mente de aquellos viejos después de tantos años habían logrado mover algo en aquel grasiento y endeble corazón. Algo en aquella turbada mente en la que imperaba la frustración, solo veía cosas que pudieron ser, no veía lo que es.

En un domingo se recordaron las épocas viejas y coloridas, las épocas donde parecía que todo poseía visión, donde todo poseía un alma. Con Esfuerzo aquellos muertos se levantaron de sus sillas como si por arte de magia hubieran vuelto a vivir, se prendió algo en sus ojos.

Todos reunidos decidieron pasar su conciencia a un robot, querían volver a correr y a sentir, no querían quedarse admirando el techo de una habitación mientras pensaban en los únicos momentos gratos de su vida.

La desesperación y tal vez el ego en simbiosis habían logrado generar vida, motivación. La vida es la motivación que se siente al vivirla, al sentir aunque sea la gelatina de vitaminas que suplía cualquier alimento.

En aquella novedosa ciudad también se vivían otras épocas, en la periferia se ubicaba el antaño, los viejos años, los años en los que revoloteaban las aves en el grisáceo cielo dando su ultimo canto, en los que aun habían quimeras que generaban fascinación, en los que había más vida. Ahora solo eran viejos en un universo infinito, en un rincón desolado de una gran estela de luces que iluminan el vacío.

La tecnología permitió fácilmente trasplantar la conciencia, uno por uno se adaptaban a la modernidad, uno por uno dejaba el pasado atrás, uno por uno nacía de nuevo. Me encontraba ahí, ya se acercaba la máquina, estaba amarrado a mi asiento, deseoso de volver a ver el cielo de la manera en la que lo hice antes, deseoso de poder sonreír. La máquina se acercó hacia mí en un efímero momento me encontraba en un robot. Veía a lo lejos a todos mirándose con fascinación, sintiendo la juventud.

Me levante, caí de nuevo, y vi al cielo trémulo y tan solo me encontré don el mismo distopico futuro. Maldecí a la vejez aunque no la tenía y me encontré con que el viejo no era el tiempo que transcurría sin cesar en mis venas, era mi conciencia que no estaba dispuesta a seguir.






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