I Puesto
“De curiosos por los dinosaurios a eternos viajeros” por Joaquín Rosales Ravelo de Exploratorio B
Por la intertextualidad, riqueza en las descripciones, y por su reflexión en torno al uso ético de la tecnología, cuestionando los límites de su desarrollo.
De curiosos por los dinosaurios a eternos viajeros
Por: Joaquín Rosales Ravelo de Exploratorio B
Juan y Timmy, dos grandes amigos muy curiosos por conocer un dinosaurio de verdad, decidieron llamar a su gran amigo Superman para que les diera una idea de cómo lograrlo. Superman gustoso les contó que tenía un amigo que quizá podría ayudarlos.
Se trataba del viejo Ironman, quien tiempo atrás en una de sus batallas había visto como creaban una máquina del tiempo que tenía el poder de viajar al pasado, al presente y al futuro...
Juan y Timmy muy emocionados aceptaron el reto de subirse en la máquina del tiempo para ver de cerca a un dinosaurio. Nerviosos pero convencidos de su búsqueda, iniciaron el viaje a 240 millones de años atrás.
Por suerte aterrizaron en una zona donde los dinosaurios eran herbívoros, pero Juan y Timmy estaban ansiosos por conocer un enorme T-Rex, por lo que dejaron la máquina del tiempo en un sitio escondida y continuaron su viaje al lomo de un braquiosaurio que los acercó a la zona de los T-Rex.
Una vez allí se escondieron para poder observar al T-Rex de cerca maravillados de poder conocer tan majestuosa criatura.
Timmy y Juan no podían creer lo que estaban viendo y estaban tan felices que olvidaron una muy importante instrucción que les dio Iroman… y era que no debían permanecer por más de una hora allí porque la máquina del tiempo sufriría modificaciones y podrían tener problemas. Timmy lo recordó y le gritó a Juan “Amigo, debemos irnos cuanto antes”, pero al hacerlo gritó tan fuerte que el T-Rex los descubrió. Timmy y Juan salieron corriendo hacia la máquina del tiempo y el T-Rex iba tras ellos. Timmy y Juan corrieron tan rápido como pudieron y llegaron a la máquina del tiempo; pero ojo, amigos, el T-Rex también.
Al subir a la máquina del tiempo el T-REX se convirtió en un animal del tamaño de un perro de raza chihuahua y este se camuflo en uno de los compartimientos de la máquina del tiempo sin que Juan y Timmy se dieran cuenta.
Ellos, muy nerviosos y a la vez victoriosos por haber logrado su objetivo, no se percataron de que llevaban más de una hora en el lugar y ya la máquina había ocasionado algunas fallas. Timmy le dijo a su amigo “hey, Juan, marca año 2024 que nos vamos”, pero la máquina tomó como instrucción año 2064.
Timmy y Juan viajaron en el tiempo y en efecto llegaron al año 2064, donde todo era operado por inteligencias artificiales y robots aún más inteligentes que los seres humanos. Se encontraron con una población humana muy reducida y dominada por la tecnología. Ellos muy angustiados no entendían qué pasaba y dónde estaba su familia y amigos. Muy muy asustados llamaron a su amigo Superman para que les dijera qué pasaba y cómo arreglar el problema, pues ya no reconocían a nadie. Por supuesto Superman incondicional atendió su llamado y fue a su rescate. Les explicó de la falla que tenía la máquina y que estaban viviendo el año 2064. Todos tomaron la decisión de esconderse de todas esas inteligencias y robots para crear un plan de cómo resolver el tema, justamente cuando estaban analizando qué hacer salió del compartimento el mini T-Rex. Timmy, Juan y Superman no podían creer lo que veían de un feroz, gigante y carnívoro dinosaurio a un indefenso, pequeño y hasta tierno mini T-Rex, así que comenzaron a buscar la manera de domesticarlo y convertirlo en su mascota, ese realmente era un problema menor para todo aquello que estaban viendo y viviendo.
De repente Timmy gritó “hey, un momento”… si esta máquina del tiempo va al pasado y al futuro debemos encontrar la manera de retornar al año 1943 y buscar el científico que presentó el modelo de neuronas artificiales para advertirle el peligro de su creación, ya que a través de los años otros científicos desarrollaron unas inteligencias artificiales que hicieron cosas buenas y cosas malas. “Qué buena idea”, dijo Juan, y luego podemos viajar al año 1961 donde pusieron a funcionar el primer robot y también contarles a ellos de lo que ocasionarían esos robots a través de los años y tomen los correctivos necesarios.
Sí, ¡¡vamos!! Así fue como Timmy y Juan tomaron la decisión de convertirse en eternos viajeros del tiempo explicando y advirtiendo a cada uno de los inventores las devastaciones que podrían generar sus grandes inventos en manos de algunos seres humanos que los usarían de manera incorrecta y tratando de evitar daños al planeta y corrigiendo todo aquello que pudiera generar destrucción al mundo, todo esto por supuesto acompañados de su mascota mini T-Rex, a quien llamaron Escuin.
Drack
Exploratorio B
II Puesto
“El pequeño Magenta y su viaje en el tiempo” por Ana Belén Ramírez de Exploratorio Bet
Por el cambio de perspectiva del personaje principal, recrear la interacción entre las diferentes especies que habitan el mundo y un final abierto que estimula la imaginación del lector.
El pequeño Magenta y su viaje en el tiempo
Por: Ana Belén Ramírez de Exploratorio Bet
Había una vez un pequeño dinosaurio que se llamaba Magenta y vivía en un lugar cerca de un río. Un día Magenta se encontró un aparato extraño, tan grande que el pequeño Dino cabía dentro. Él no sabía para que servía y quiso ver cómo era esa máquina por dentro. Por accidente espichó un botón del aparato con su colita. Ese botón lo llevó a un lugar en el futuro.
Magenta apareció en un centro comercial. Pero la gente que lo vio se asustó mucho. El pequeñito Dino no entendía qué estaba pasando, porque él nunca había visto un humano. Él pensó y pensó y pensó, pero ¿qué pasa?, ¿a dónde llegué?, ¿dónde estoy?
Una humana llamada Alejandra se acercó y le habló un poco temerosa. Le preguntó: ¿de dónde vienes?, ¿cómo llegaste acá? El pobre Magenta no entendía nada de lo que le decía la humana. Alejandra estaba sorprendida y al ver que el Dino no era peligroso lo llevó a su casa. Luego le enseñó a comunicarse por dibujos y Magenta entendió porque le fascinaba dibujar y lo hacía muy bien. Desde ese momento Magenta hizo muchos carteles para comunicarse. Alejandra le preguntó si quería algo de comer. Magenta le mostró un dibujo indicándole que quería carne. Alejandra le preparó un platote de carne y el Dino le mostró una carita feliz.
Luego de un tiempo, a Alejandra se le ocurrió que sería muy interesante mostrarle a Magenta cómo vivimos los humanos. Inició mostrándole objetos de la casa como el televisor, el reloj, el celular y el computador. Magenta se extrañó con todos esos aparatos, pero el que más le llamó la atención fue el televisor: no entendía cómo entraban los humanos a ese aparato tan pequeño para el tamaño de su cuerpo.
Después, Alejandra llevó a Magenta a dar un paseo por la ciudad. Le mostró los edificios, las calles, los carros, las lámparas, los parques y todo lo que uno encuentra en una ciudad. Magenta dijo: ¿cómo han construido todo esto?, ¿dónde está mi bosque?, ¿dónde están los demás animales? Le gustó mucho que en las casas los humanos podían vivir más calientitos y dormir cómodamente, pero se extrañó porque había mucho ruido, mucho humo y mucha basura.
Finalmente, Alejandra llevó a Magenta a su colegio y decidió mostrarle la biblioteca, lo llevó a sus clases favoritas y en su descanso largo lo llevó al entrenamiento de gimnasia que es una de las actividades que más le gusta.
Magenta estaba muy agradecido con Alejandra por haberle enseñado su hábitat, pero el Dino con dibujos también le dice a la niña que extraña mucho a su familia, su bosque, sus amigos y a su mascota. Alejandra entiende lo que está sintiendo Magenta, pero hay un problema: no sabe cómo ayudarle a regresar a su época. Ella le pregunta: ¿cómo llegaste hasta aquí? Si entendemos cómo llegaste podríamos descubrir cómo puedes regresar.
Magenta trata de decirle que fue a través de una máquina extraña. A Alejandra se le ocurre que pudo ser en una máquina del tiempo. Ella le dice: vamos y buscamos esa máquina, de pronto está en el centro comercial en donde te encontré. Ambos se regresaron al lugar donde se conocieron y después de caminar un poco encontraron la máquina. Ellos exploraron todos los botones de la máquina y cuando Alejandra espichó un botón de color azul muy grande, oh sorpresa, los dos se fueron al pasado… justo a la época en que Magenta vivía antes de conocer a Alejandra. En ese momento inicia una nueva aventura para Magenta y Alejandra.
FIN
Escrito por Beli
III Puesto “Ana la curiosa” por Martina Caro de Exploratorio Aleph
Por la riqueza en la descripción del elemento central, "la máquina", que se convierte en un personaje en sí mismo.
Había una vez una niña llamada Ana que tenía 10 años. Vivía en una ciudad muy tranquila de Francia, donde hacía mucho sol en verano. Ana tenía los ojos claritos, el pelo hasta los hombros y le encantaba reírse a carcajadas. Pero también le daba miedo la oscuridad, porque no estaba acostumbrada. A Ana no le gustaba chuparse el dedo porque le gustaba estar en el suelo, jugando con la tierra, buscando insectos y descubriendo cosas raras. ¡Era súper curiosa!
Ana iba a un colegio muy grande, con muchas camas, porque los niños se quedaban a dormir allí. Lo que más le gustaba a Ana de ese lugar era estudiar a los animales, pero los que más amaba eran los insectos. Ana no tenía papás, y creció junto a sus demás compañeros y al lado de la profesora Emiliana, que era muy buena con ella y la cuidaba mucho.
Un día, mientras miraba por la ventana, Ana vio algo wooow. ¡Era una mariposa gigante y brillante! Entonces, corrió a buscar su cuaderno y bajó las escaleras lo más rápido que pudo para mostrársela a la profesora. Pero cuando Emiliana la vio, se asustó mucho, porque la mariposa no era normal. Era muy grande, y sus alas y antenas se movían despacio al principio, pero luego empezaron a moverse tan rápido que ¡la mariposa creció y creció y se transformó en una máquina del tiempo!
La máquina era gigante y abrió una puerta que era como mágica. Ana entró, ya que era muy valiente y curiosa, pero Emiliana tenía miedo y no quiso entrar. Entonces, Ana abrió la puerta de la máquina y entró. Después, Ana se encontró en un lugar lleno de relojes, ¡había miles! Había relojes grandes, pequeños, azules, rosados, rojos y de su color favorito, el amarillo. De repente, vio un reloj antiguo y, cuando lo tomó en sus manos, ¡pasó algo mágico! La mariposa dorada y brillante empezó a volar muy rápido y la llevó a una cueva.
Cuando llegaron a la cueva, Ana vio algo muy extraño. Había muchos bebés y todos con sus papás. También había árboles bebés, pequeñitos, que acababan de plantar. Todo parecía del pasado. ¡Hasta la mariposa parecía también como del pasado! En ese lugar todo estaba empezando, era como el inicio de todo. Ana no entendía muy bien lo que estaba viendo, pero se quedó en ese lugar por un tiempo.
Allí encontró muchas cosas algunas que no le gustaban. No había colegios ni insectos de la tierra, no había ríos ni playas, y para comer solo había comida saludable, como la carne y el pollo. Tres tipos de frutas: limón amarillo, mandarina y la fruta de dragón. De vegetales había pepino, aguacate, tomate, pimentón, cebolla y zanahoria. Pero no había golosinas, ni helados, ni paletas. Y para divertirse jugaban con los ojos cubiertos y le ponían la cola a un burro que estaba en un libro.
Pero había algo que era lo que más le encantaba del pasado y es que tenían muchos parques de diversiones, y Ana, como era tan curiosa, se subió en una montaña rusa, de donde se cayó por estarse quitando el cinturón. Cuando fue a montar en los carros chocones, en vez de sentarse en la silla y ponerse el cinturón, se paró encima de uno de los carros hasta que se cayó. Después de eso, Ana visitó al hada de los niños, quien le concedió un deseo y dijo –Tu deseo será tener todos los juegos del mundo y, de repente, empezaron a aparecer y Ana jugó, jugó, jugó y jugó hasta que se cansó y no aguantó más y paró.
Después de vivir todas estas aventuras, Ana se dio cuenta de que se había divertido mucho y había conocido el pasado, pero ya no quería vivir más allí y lo que de verdad quería era volver a casa, a su colegio, donde estaban sus compañeros, su profesora Emiliana y los bichitos con los que jugaba.
Tiempo después, cuando Ana creció, fue a la universidad, donde se volvió científica de animales y nunca quiso volver a visitar un parque de diversiones.
Fin
Firma: La Cigarra
Ana, la curiosa
Por: Martina Caro de Exploratorio AlephHabía una vez una niña llamada Ana que tenía 10 años. Vivía en una ciudad muy tranquila de Francia, donde hacía mucho sol en verano. Ana tenía los ojos claritos, el pelo hasta los hombros y le encantaba reírse a carcajadas. Pero también le daba miedo la oscuridad, porque no estaba acostumbrada. A Ana no le gustaba chuparse el dedo porque le gustaba estar en el suelo, jugando con la tierra, buscando insectos y descubriendo cosas raras. ¡Era súper curiosa!
Ana iba a un colegio muy grande, con muchas camas, porque los niños se quedaban a dormir allí. Lo que más le gustaba a Ana de ese lugar era estudiar a los animales, pero los que más amaba eran los insectos. Ana no tenía papás, y creció junto a sus demás compañeros y al lado de la profesora Emiliana, que era muy buena con ella y la cuidaba mucho.
Un día, mientras miraba por la ventana, Ana vio algo wooow. ¡Era una mariposa gigante y brillante! Entonces, corrió a buscar su cuaderno y bajó las escaleras lo más rápido que pudo para mostrársela a la profesora. Pero cuando Emiliana la vio, se asustó mucho, porque la mariposa no era normal. Era muy grande, y sus alas y antenas se movían despacio al principio, pero luego empezaron a moverse tan rápido que ¡la mariposa creció y creció y se transformó en una máquina del tiempo!
La máquina era gigante y abrió una puerta que era como mágica. Ana entró, ya que era muy valiente y curiosa, pero Emiliana tenía miedo y no quiso entrar. Entonces, Ana abrió la puerta de la máquina y entró. Después, Ana se encontró en un lugar lleno de relojes, ¡había miles! Había relojes grandes, pequeños, azules, rosados, rojos y de su color favorito, el amarillo. De repente, vio un reloj antiguo y, cuando lo tomó en sus manos, ¡pasó algo mágico! La mariposa dorada y brillante empezó a volar muy rápido y la llevó a una cueva.
Cuando llegaron a la cueva, Ana vio algo muy extraño. Había muchos bebés y todos con sus papás. También había árboles bebés, pequeñitos, que acababan de plantar. Todo parecía del pasado. ¡Hasta la mariposa parecía también como del pasado! En ese lugar todo estaba empezando, era como el inicio de todo. Ana no entendía muy bien lo que estaba viendo, pero se quedó en ese lugar por un tiempo.
Allí encontró muchas cosas algunas que no le gustaban. No había colegios ni insectos de la tierra, no había ríos ni playas, y para comer solo había comida saludable, como la carne y el pollo. Tres tipos de frutas: limón amarillo, mandarina y la fruta de dragón. De vegetales había pepino, aguacate, tomate, pimentón, cebolla y zanahoria. Pero no había golosinas, ni helados, ni paletas. Y para divertirse jugaban con los ojos cubiertos y le ponían la cola a un burro que estaba en un libro.
Pero había algo que era lo que más le encantaba del pasado y es que tenían muchos parques de diversiones, y Ana, como era tan curiosa, se subió en una montaña rusa, de donde se cayó por estarse quitando el cinturón. Cuando fue a montar en los carros chocones, en vez de sentarse en la silla y ponerse el cinturón, se paró encima de uno de los carros hasta que se cayó. Después de eso, Ana visitó al hada de los niños, quien le concedió un deseo y dijo –Tu deseo será tener todos los juegos del mundo y, de repente, empezaron a aparecer y Ana jugó, jugó, jugó y jugó hasta que se cansó y no aguantó más y paró.
Después de vivir todas estas aventuras, Ana se dio cuenta de que se había divertido mucho y había conocido el pasado, pero ya no quería vivir más allí y lo que de verdad quería era volver a casa, a su colegio, donde estaban sus compañeros, su profesora Emiliana y los bichitos con los que jugaba.
Tiempo después, cuando Ana creció, fue a la universidad, donde se volvió científica de animales y nunca quiso volver a visitar un parque de diversiones.
Fin
Firma: La Cigarra

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