Dime qué adolescencia tienes y te diré qué adulto serás

13 de junio de 2020
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Este texto es una relatoría elaborada por los estudiantes de Proyectivo del Seminario de Sociales que fueron eximidos de presentar el Nivel 1. El propósito del texto es compartir con ustedes las reflexiones sobre el concepto de juventud a la luz de Erik Erikson y su texto Infancia y sociedad, trabajado al inicio de este primer semestre. El texto fue editado para formato digital a partir de su versión original de 5 páginas.

¿Qué es el desarrollo psicosexual? ¿Qué consecuencias acarrea para la vida adulta? El texto Infancia y sociedad de Erik Erikson —publicado en 1983— trata de explicar el desarrollo de la psicología humana y sus etapas, además de la relación que tiene la sexualidad con el comportamiento los individuos. En estos periodos se desarrolla la percepción del “yo” como individuo, como parte de un colectivo y como factor en el desarrollo del “yo” ajeno.

Erikson dice que en la etapa de la edad escolar aparece la latencia —intermedio entre las dos etapas de desarrollo sexual—, donde los jóvenes buscan su rol en un mundo industrial. El principal problema que sale a la luz es el sentimiento de inferioridad, al sentirse menos que otros a partir de algún criterio preestablecido.

Esto en parte continúa durante la etapa de la pubertad y adolescencia en donde prevalece la búsqueda de una identidad, así como la búsqueda del conocimiento sexual de sí mismo y de los otros. En el afán por pertenecer a un grupo que afiance la identidad, se crean tendencias y una preocupación por el cómo son percibidos por los pares, además de ser susceptibles a ser influenciados.

En la etapa de la juventud el conocimiento de la sexualidad lleva a la práctica de la misma, donde se empieza a girar en torno al encuentro íntimo. La problemática que acarrea esta es cuando los jóvenes se aíslan de los demás, impidiendo el desarrollo de la intimidad y dejando un grave impacto en las relaciones a corto y largo plazo.

En el texto se resalta la importancia de la “fe” para el desarrollo óptimo del joven. La fe en sí mismo y en los otros le ayuda a construir relaciones de confianza desde sus primeras etapas. Sin embargo, Erikson describe cómo una fe religiosa es necesaria para el desarrollo del individuo. En nuestra opinión, la fe religiosa es más un complemento del desarrollo personal de cada uno, pero no una necesidad; la fe en sí es vital, pero no siempre se debe presentar en la figura de un dios o deidad.

Rescatamos del autor que explica que, a pesar de avanzar de manera exponencial frente a cada etapa, los humanos tenemos tendencia a retroceder, ya sea por sentimiento de inseguridad, incapacidad o simplemente instinto. Algunos comportamientos se pueden presentar en múltiples etapas como reacción a los cambios y situaciones que se presentan en la vida de la persona. En la etapa de adultez joven, la persona vuelve a la apropiación de madre o figura materna una de sus primeras acciones, ya sea para crear una jerarquía, mostrar dominancia o para dar una respuesta de protección de sí mismo.

Hemos tomado a Guillermo Carvajal y sus ideas como una herramienta para ver la ideología de Erikson. De Carvajal destacamos algunos conceptos que desarrolla en su libro La Aventura de una Metamorfosis (1993), como el de “la adolescencia abortada”. Carvajal dice que la adolescencia se da desde un punto de vista mucho más social e intrapersonal que sexual. Claro está que tiene ciertas ideas en común con Erikson, como que cada etapa trae consigo ciertos choques o problemas con el entorno y con sí mismo, la importancia de la figura materna y paterna en el desarrollo del individuo, la necesidad —y este es un punto en el que nuestras posturas chocan con las de los autores—, la vitalidad de la relación heterosexual y el desarrollo diferenciado de los géneros.

Mediante el análisis de La causa de los adolescentes de Francoise Dolto, publicado en 1988, podemos decir que no estaría totalmente de acuerdo con algunas ideas que expone Erikson, ya que, como dice en el primer capítulo de su libro, “no se conoce tan bien al adolescente como al niño”. Hay que extenderse sobre la realidad que oculta este término. Algunos prolongan la infancia hasta los catorce años y sitúan la adolescencia entre los catorce y los dieciocho años, como una simple transición hacia la edad adulta. De esta manera sabemos que Francois solo sitúa tres edades en toda la vida de un ser humano: la niñez, la adolescencia y la adultez.

El desarrollo psicosocial del ser humano es determinante, no solo en lo que concierne a las cuestiones sociales, sino en los aspectos claves de su identidad y personalidad, como la autoestima, la independencia o la seguridad de sí mismo. Es por ello muy importante proporcionar a l@s niñ@s y adolescentes las oportunidades de interacción social que permitan una sana evolución de su desarrollo, porque fácilmente podríamos determinar qué adultos seremos a partir de nuestra construcción de identidad como adolescentes.

Por: Mariana Sánchez Calderón, Santiago Quintero, Laura Sofía Moreno, Tatiana Contreras, Sofía Díez y Daniela Peña