La búsqueda de nuestra identidad

13 de junio de 2020
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EXCELENCIA IAM


Una característica que nos unifica y nos singulariza, con respecto a los demás continentes, es la creciente necesidad de saber quién carajo somos.
Gabriel García Márquez

Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental.
Nelson Mandela

En la última clase de Lectura Crítica, se trabajaron a fondo los textos “El eclipse” de Augusto Monterroso, “La noche boca arriba” de Julio Cortázar y sus núcleos de sentido. Además de esto, se hizo énfasis en sus relaciones intertextuales con el texto de Cristóbal Colón “Carta anunciando el descubrimiento”.

En primer lugar se trabajó El eclipse, un cuento corto que nos muestra el choque cultural entre un religioso español llamado Fray Bartolomé Arrazola y un grupo de indígenas en la cálida Guatemala. Él, al perderse en la selva, se resigna, y cuando ve llegar a los indígenas comprende que su final será por medio del sacrificio. La repentina idea de su inevitable muerte provoca que Bartolomé idee, por su amplio conocimiento de Aristóteles sobre astronomía, un plan que lo podría salvar de su inexorable sacrificio. Al final, la gran confianza que tenía de sus ideas lo llevó a subestimar el conocimiento de los indígenas, quienes predijeron el acontecimiento salvador de Bartolomé y lo mataron sin ningún rastro de piedad.

Este acontecimiento que planeaba usar Bartolomé para salvar la vida era nada más y nada menos que un eclipse. El lector ávido de comprender encontrará una conexión instantánea entre este suceso y el nombre del cuento, pero la relación entre estos es más profunda. Es decir, el título no es “el eclipse” solo por la aparición del mismo en el cuento, sino que se trata de cómo lo “bárbaro” se sobrepone a lo “civilizado”, tal como la luna eclipsa al sol. Desde el punto de vista de Bartolomé, el pensamiento “no civilizado” no tenía la capacidad para predecir el eclipse. Pero, en contra de lo esperado, aquel pensamiento indígena estuvo al mismo nivel que el “universal”, y fue el motivo por el cual Bartolomé no logró escapar de su muerte.

Aristóteles tiene una implicación mayor a la que se puede pensar, no solo está en el cuento por su conocimiento de la astronomía y por haber predicho el eclipse. Bartolomé incluye su sabiduría dentro del concepto de “cultura universal” y además es un factor esencial dentro del pensamiento escolástico de Arrazola. Primero es importante entender qué es esta forma de pensamiento: la escolástica fue una filosofía enseñada en las escuelas de la Edad Media que buscaba fundamentar y sistematizar racionalmente la doctrina cristiana, para esto utilizaban en gran medida los razonamientos de Aristóteles y Platón. Esta corriente que seguía Bartolomé influenciaba claramente en su pensar e imponía más los pensamientos de Aristóteles, debido a esto se entiende que los incluye en la “cultura universal” y que quien carezca de ella permanecerá en una infinita ignorancia.

Este choque de dos mundos totalmente diferentes crearía una tensión que conduciría a la violencia. Es decir, no solo era física, intelectual o religiosa la razón de la contraposición de ambos grupos. En realidad, la causa se extiende mucho más, debido a que se convierte en la tensión entre los sistemas de creencias de los españoles contra el de los indígenas, una lucha interminable que no había visto el final desde la llegada de Colón y que los españoles solo ganaban por la fuerza. Este cuento que decide no mostrar la misma historia desoladora es en sí una resistencia. Monterroso muestra una postura resistente donde el indígena maltratado y explotado iguala el conocimiento “civilizado”, lo cual abre la piel y estoca el corazón del pensamiento español.

En segundo lugar, se trabajó el texto La noche boca arriba de Julio Cortázar, un cuento en el que se muestra cómo un hombre moteca, a punto de ser sacrificado, tiene un sueño idealizado de una ciudad moderna. El cuento empieza en esa ciudad moderna, cuando aquel hombre tiene un repentino accidente en su moto, a costa de no atropellar a una mujer que cruzaba la calle en ese preciso instante. Después de esto en el hospital, ya dormido, sin dolor, se imagina en la selva huyendo de los Aztecas que querían sacrificarlo, en consecuencia de la guerra que tenían con su tribu. Estos pensamientos llegan constantemente en forma de pesadilla mientras duerme en el hospital. A medida que sus pesadillas continúan, se vuelven cada vez más reales, para que cuando los Aztecas lo capturan, encierran y empiezan a llevarlo hacia su muerte se de cuenta de la horrible verdad: la ciudad y todo lo pasado allí había sido el sueño. La realidad descarnada y dura era que lo iban a asesinar.

La tensión entre estos dos mundos es excepcional, hay muchos elementos que nos crean la idea de que la realidad vive en uno de ellos, pero estar seguro en gran parte del cuento sobre lo que existe no es una tarea sencilla. Incluso, en una primera instancia del cuento, Cortázar nos hace creer que el mundo moderno y “civilizado” es el real y el mundo antiguo solo un mal sueño. Es solo hasta la última parte del cuento que Cortázar le pone fin a esa tensión, nos revela nuestra equivocación y nos enseña que el indígena era el soñador, un creador de mundos modernos dentro de su triste realidad.

Analizando la forma de representar el mundo antiguo en el cuento se percibe que su realidad y nuestras raíces no están idealizadas de ninguna manera, por lo que podemos deducir que Cortázar está interpretando el pasado latinoamericano y elaborando su propio juicio de valor. Nos está demostrando la realidad de los latinoamericanos, que constantemente vivimos en un sueño idealizado de nuestra realidad y quienes somos. Cortázar se opone a esto, y propone comprender nuestras raíces indígenas en vez de idealizarlas hacia realidades ajenas a la nuestra. Es una ideología resistente al sueño latinoamericano, aquel que siempre busca desprenderse de sus orígenes para buscar lo europeo. El que hace esto no comprende sus raíces y por ende no las puede valorar.

¿Qué se puede llegar a concluir de estos dos textos? Es pertinente aclarar que ambos discursos nos hablan de una realidad amarga. “El eclipse” nos habla de la visión que se tenía del indígena, un ser atrapado en la ignorancia, porque jamás igualará el conocimiento y la inteligencia de los europeos. Sin embargo, se le da un giro a este juicio y se muestra cómo los indígenas pueden igualar aquel pensamiento que se creía superior. Con Cortázar podemos presenciar esto, pero ahora desde el punto de vista del indígena, que busca de forma desesperada poder vivir en sus sueños, esos sueños modernos tan alejados de lo posible. Esta distancia interminable y la imposibilidad de vivir en la realidad más deseada destruye hasta a la persona estoica y en este caso mata, no el cuerpo carnal del cual la daga se encargará después, sino el espíritu de nuestro querido moteca.

La escritura y la fantasía se quedan en el papel pero el mensaje escapa hasta mostrarnos un poco de nosotros mismos, de nuestra realidad. Monterroso y Cortázar son hábiles para dejar en las entrañas del cuento un significado que esconde la realidad de sus personajes. Fray Bartolomé Arrazola es una representación tan exacta del pensamiento español desde la llegada de Colón, y el indígena moteca el espejo de la ideología latinoamericana desde la aparición de los “dioses” del viejo continente.

Todo esto se remonta desde el arribo de Cristóbal Colón a “Las Indias” cuando llegó a San Salvador, o mejor Guanahani, para comenzar este círculo sin fin del cual no podemos liberarnos. Algunos de los que llegaron hasta estas tierras como Colón tenían una idea en su cabeza: la de encontrar bestias, y como no las hallaron tal cual se mostraban en los bestiarios decidieron llamarnos no bestias de cuerpo, sino de mente. Esta idea la tuvo en la cabeza Bartolomé debido a todo lo ocurrido antes, pero esta vez no le sirvió para provocar matanzas, sino para generar su propia muerte.

El indígena moteca no era del todo consciente, pero su deseo de vivir en esa realidad moderna solo empezó cuando los “indios” vieron llegar a toda la armada de Colón, esa sorpresa de aquel instante hizo que los convirtieran en dioses y todo lo que hicieran o tuvieran era mejor que lo que ellos habían tenido antes. Tal vez este indígena moteca no viva en el mismo tiempo de Colón, ni siquiera antes o después, el tiempo para él no está definido pero tampoco es necesario, todo su ser representa la identidad latinoamericana, ese concepto tan resquebrajado y mal formado por agentes externos que comenzó su decadencia unos días antes de la primera carta anunciando el descubrimiento.

Es aquí, viendo nuestro pasado, que ha llegado la hora de replantear no solo a los otros sino a nosotros mismos. Porque a fin de cuentas, es la forma de apreciar a nuestra persona y a los demás lo que ha hundido a Latinoamérica en la ignorancia hacia sus propias raíces, incluso en la actualidad. Aún no es tarde para cambiar nuestra manera de ver el mundo, es hora de aceptar quiénes somos y de dónde venimos. Si se cumple con esto, dejaremos de compararnos con aquellas ideologías consideradas históricamente como superiores y crearemos nuestra propia identidad, orgullosa de lo que es y creadora de lo que puede ser.

Por: Tomás Rueda y Mateo Araque (Proyectivo A)