CICLO PROYECTIVO

Colombia a dos colores: ¿cómo disminuir la polarización política en nuestro país?

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En el segundo semestre, los estudiantes de Pensamiento Argumentativo con el profesor Nicolás Cediel trabajaron en el desarrollo de una IDEA ORIGINAL viable y pertinente que pueda aportar a la solución de alguna problemática bien caracterizada. Iniciaron con la presentación de la propuesta. Posteriormente construyeron estructuras argumentativas que sustentaban las ideas. A partir de esta estructura, construyeron ensayos argumentativos y, finalmente, cerraron con la elaboración de un producto divulgativo de la idea.

El país del prisma
En Colombia hay un prisma de dos colores. Año tras año, cada color lucha por empapar con sus pigmentos la mayor cantidad de camisetas, sin importar que, de vez en cuando, Colombia entera se vea manchada de rojo sangre. Aquel elemento de disyunción lo perpetuamos tanto nosotros, los ciudadanos, como la clase política de nuestro país. Tantas veces lo hemos hecho a través del tiempo, que incluso ante el innegable cambio del panorama político este año, hay una constante que continúa creciendo con furor: la polarización política. El 50.44% de votos del candidato Gustavo Petro contra el 47.31% de votos de Rodolfo Hernández (EL TIEMPO, 2022) es sin duda indicador de una profunda división en Colombia. Vivimos en un país fragmentado entre repetidos choques de las clases políticas tradicionales y surgimientos de nuevos movimientos. Ante todo, la problemática de la polarización es la falta de multiperspectivismo, herida abierta de una nación en conflicto.

Es necesario cerrar la herida. Es necesario romper el prisma. Mi propuesta es abordar el problema desde el ámbito argumentativo: desde el espíritu multiperspectivista que caracteriza a los espacios de debate, y la posibilidad de un diálogo que trascienda las barreras político-ideológicas. La mejor manera de luchar contra la polarización es a través de una metodología innovadora que se aplique a las actividades de la clase política, pues es ella quien tiene la responsabilidad de dar ejemplo al resto de la población. Por esta razón, es necesario aplicar un programa obligatorio de debates de intercambio de roles para elecciones de cargos públicos en Colombia, con el propósito de despersonificar las ideologías, incentivar el multiperspectivismo y disminuir la polarización política en el país.

La dinámica consiste en intercambiar las posturas ideológicas que normalmente se utilizan durante los debates políticos. Se conformarán gabinetes que recojan las ideologías de los candidatos. Unas semanas antes de realizar el debate, los candidatos cambiarán de gabinete y estudiarán las propuestas de su oponente, pero esta vez no para contraargumentarlas o criticarlas, sino para defenderlas. El día del debate, el candidato de derecha argumentará la postura de izquierda y viceversa. Los temas del debate no podrán ser en extremo polémicos o a largo plazo, sino más en cuanto a medidas que condensen el espíritu general de la campaña, para que el adversario pueda apropiarse mejor de su nuevo discurso. El gabinete de cada postura será el encargado de condensar el alma de la campaña en las ideas que le van a transmitir a su nuevo candidato y de regular el proceso de intercambio de roles. Al final del debate, un comité de jueces escogidos, la mitad por un gabinete y la mitad por el otro, deberán escoger como ganador al candidato que mejor argumentación haya hecho.

Antes de llevar a cabo una metodología como esta, es necesario entender más a fondo la polarización que carcome nuestro país. Mediante este ensayo se pretende ahondar en la comprehensión de la problemática y relacionarla con la pertinencia de la nueva metodología multiperspectivista del debate.

¿Polarización política?
La polarización política es el fenómeno que reparte a la sociedad en dos fuerzas ideológicas diferenciadas, cada vez más alejadas del centro de diálogo (Germán Camilo Prieto, 2022). No obstante, no es la repartición en sí misma la que genera daños en la sociedad, sino las consecuencias de estas divisiones. Entre ellas se encuentra la tendencia a enfrentamientos personales, argumentos desde la opinión, la tradición y el sentimiento, imprecisión en las propuestas e incluso violencia. Ante todo, la polarización política se traduce en la imposibilidad de llegar a consensos. Es una radical intolerancia ante los puntos de vista diversos, es decir, el síntoma de una profunda falta de multiperspectivismo. Se generan pocos espacios de diálogo, debates de contenido pobre y brechas ideológicas difíciles de resolver (Miguel García Sánchez, 2022).

Esta problemática se aplica con fuerza en los acuerdos de paz nacionales. Si bien la principal causa del fracaso de los diálogos con las FARC del gobierno de Andrés Pastrana fue la crisis de derechos humanos del momento, hubo posiciones inflexibles del gobierno nacional en su “agenda nacional por el cambio”, que no permitieron continuar con el proceso. En el intento por comenzar un acuerdo de paz con las FARC del presidente Álvaro Uribe Vélez se puede ver el otro lado de la moneda: en esta ocasión fue la guerrilla quien se negó a cooperar con el Estado, incluso cuando el gobierno mandó la “carta de comunicación oficial constatando la voluntad del gobierno abierto a negociaciones”, principalmente por el sector del espectro político que el gobernante ocupaba, pues más adelante sí se abrieron con el gobierno de Juan Manuel Santos, lo que es síntoma, de nuevo, de una enorme polarización política en el país.

El problema de la polarización puede ser resumido en una explicación sencilla (pero con complejas derivadas sociales), ofrecida por Fernando Casal, director del Centro de Investigación para el Estudio de los Partidos Políticos y la Democracia, en su artículo “Causas y consecuencias de la polarización política”: “Grandes distancias ideológicas entre los partidos extremos pueden conducir a oposiciones hostiles e irresponsables, competencia centrífuga y políticas de sobrepuja dando lugar a altos niveles de inestabilidad sistémica y, eventualmente, colapso democrático” (Fernando Casal Bértoa, 2019).

Los frutos de la polarización los vemos en las encuestas, los vemos en las calles, en el campo, en los noticieros, en las urnas y en las discusiones familiares. Es debido a ella que la política se ha convertido en un tabú para el habla del día a día (está allí en expresiones como “en la mesa no se habla de política”), y es debido a ella que se pierden grandes oportunidades de interlocución. Pero ¿de dónde viene? Si aquellas son sus consecuencias, si aquellos son sus frutos, ¿cuáles son las raíces del árbol con púas?

Raíces de un árbol con púas
La causa del problema difiere según la nación en la que se esté analizando, pero existen causantes globales de polarización política (Amics del País, 2019). Una de ellas es la globalización: el desarrollo tecnológico y el mercado de la información han permitido que se popularicen discursos cientos de veces más rápido que antes, pero al no existir una regulación formativa de los contenidos compartidos, muy pocas veces son espacios de diálogo o reflexión profunda los que resaltan. Al contrario, entre más rápida y directa sea la información compartida, más crece la probabilidad de que el contenido de esa publicación se vuelva viral, lo que se traduce muchas veces en desinformación.

Las redes sociales son un elemento esencial en este proceso de globalización. Según una investigación de la facultad de estudios políticos de la Universidad Militar Nueva Granada sobre la influencia de las redes sociales en las elecciones del 2018 y la polarización política, “es importante recalcar que, durante las elecciones, uno de los principales focos de la opinión pública fueron las redes sociales, en donde los 5 candidatos mostraron muy activos. Una nueva estrategia del marketing político, necesaria para adaptarse a las nuevas formas de hacer política; dicha estrategia, fue utilizada por todos los candidatos (…) Esta situación no ha sido ajena a las campañas presidenciales a nivel mundial. Barack Obama en Estados Unidos en el año 2008, fue la primera en usar las redes sociales. Según Camarena (2008), la campaña de Obama logró incorporar las redes sociales como un elemento importante para generar una marca política y un sentido de pertenencia que apartara a la población de las ideologías de los demás partidos”, lo que demuestra el alto poder de la difusión por medios virtuales en la geopolítica mundial de la actualidad. En espacios como estos, el discurso de derecha versus izquierda se ha popularizado con increíble fuerza, y ahora llega hasta insospechados lugares del planeta. El hecho de que la forma de compartir información sea cada vez más rápida y visual incrementa las posibilidades de que lo que se viralice sea una cara y una ideología en lugar de una propuesta. Esto aumenta la polarización política porque, en una elección como la que se dio a cabo el 19 de junio, ahora es posible popularizar discursos de división y desvalorización mucho más rápido que antes.

Sin embargo, en un país como Colombia, para cualquier análisis sería irresponsable solo tomar en cuenta los indicadores globales de la polarización política, pues nos encontramos inmersos en un contexto nacional muchísimo más complejo.

“No cabe duda de que Colombia se encuentra en una crisis de sus finanzas públicas; las cargas del presupuesto nacional por las obligaciones del proceso de paz, la atención a los migrantes y las consecuencias de la pandemia son extremas”, asegura el economista Günther Maihold, director del Instituto Alemán para Política Internacional y Seguridad, mencionando algunos de los más grandes obstáculos que generan polarización en Colombia. En el panorama nacional, es la desigualdad social y económica la que toma las riendas de la polarización política, producto de más de 60 años de conflicto armado, pandemia, lucha contra el narcotráfico, flujo migratorio, guerrillas, paramilitarismo y los antecedentes de la violencia entre conservadores y liberales de la primera mitad del siglo veinte. Todo esto sin mencionar el hecho de que la polarización no es un proceso que se da solo de manera natural, sino que muchas veces es utilizado como herramienta política para beneficiar a ciertos partidos o sectores. A fin de cuentas ¿qué mejor estrategia política que la de crear divisiones entre el pueblo para hacer resaltar las propuestas de un candidato sobre las de su oponente?

Situaciones como estas suceden porque, a pesar de causar división, la polarización también genera interés en la política, y termina convirtiéndose en “la piedra angular del ecosistema político actual”, tal como lo dice Javier García Arenas, doctor en economía de Caixa Bank Research.

Un último factor que influye en la polarización política de Colombia es la desinformación. Este fenómeno puede definirse como la difusión intencionada de información falsa o imprecisa, que produce confusión o engaño en la población (Julia Alicia Olmo Romero, 2019). Según un artículo investigativo de El Tiempo, “así lo señala un documento de la subdirección técnica y de operaciones de la Comisión Nacional de Televisión en el que se muestra que de los 116 municipios que tiene el departamento, 28 están sin cubrimiento de televisión, es decir no les entra ni el canal A, ni el Uno, ni Señal Colombia, ni mucho menos los privados como Caracol y RCN (...) Cabe anotar que tan sólo 44 poblaciones tienen acceso a canales privados, mientras que 57 poblaciones cuentan con servicio de señal regional. La razón de que a estas poblaciones no llegue la señal se traduce en que son municipios que tienen la característica de encontrarse en una zona topográfica bastante difícil que les impide la recepción de los canales de televisión radiodifundida”. Estas cifras son una clara muestra de la inaccesibilidad de la información en Colombia. Y entre más desinformación exista en el país, entre menos ciudadanos haya con acceso a los debates y las propuestas de los candidatos políticos, menos votos a consciencia entrarán a las urnas el día de las elecciones.

Dado este marco general de las causas de la polarización en Colombia, podemos darnos cuenta de los beneficios que traería consigo la implementación de un debate de intercambio de roles.

Cerrando la brecha: despersonificación de las ideologías políticas
La primera falencia a la que ataca el debate de intercambio de roles es la personificación de ideologías en Colombia. Este fenómeno se da cuando, pasando sobre las propuestas o las causas estructurales, la sociedad se limita a darle cara y nombre a una postura, encasillarla y tacharla de terrorista o, por el contrario, alabarla y mostrarla como salvadora. Un ejemplo muy claro de la personificación de ideologías políticas en Colombia es la manera en la que, durante el paro nacional de 2019, se atribuían las protestas y los actos vandálicos a toda la izquierda y en especial a Gustavo Petro. El debate de intercambio de roles representa el espíritu completamente contrario a situaciones como aquella, pues al cambiar las posturas, se borra de la mente de los espectadores la idea de que un solo candidato encarna una sola postura.

Aquí podemos volver a la importancia de las redes sociales en el proceso de la personificación, y usar este instrumento en su contra. Las herramientas de la era digital son como el bisturí de una cirugía de vital importancia para la población colombiana; pueden tanto ayudar en el proceso como causar graves desgarramientos con su filo. Es con valores infundidos a través de los medios masivos de comunicación que se genera la polarización política en Colombia. ¿Por qué no utilizar los mismos mecanismos que la promueven para desvalorizarla? Como ciudadanos tenemos la potestad de utilizar estos para desmitificar la política en Colombia.

Para que el debate de intercambio de roles tenga éxito, es esencial que alcance una difusión cultural lo suficientemente extensa y trascendental en el país. De esta manera se está embistiendo contra dos de las raíces de la polarización política: el mal uso de las herramientas de la globalización, por un lado, (porque será a través de estos medios que se infundan los valores del debate), y la desinformación, por el otro, (porque la campaña del debate tendrá una cobertura nacional e intentará alcanzar las regiones generalmente marginadas de Colombia).

Una dinámica innovadora
A lo largo de nuestra historia como país, se ha demostrado que son necesarias iniciativas creativas para solucionar crisis sociales y estructurales. En la alcaldía de Antanas Mockus, las campañas de cultura ciudadana utilizaron a su favor los medios de comunicación y hasta las calles mismas, consiguiendo la difusión suficiente para generar una transformación social en Bogotá, hacia la implementación de hábitos como el uso del cinturón de seguridad y el respeto por las cebras peatonales de las vías públicas. La misma Constitución del 91 es otro ejemplo de creatividad en la política. Los valores de la nueva constitución han sido promovidos a través de múltiples espacios de diálogo, desde la educación y la pedagogía hasta el arte, y se ha conseguido avanzar a cierto ritmo hacia objetivos como el respeto por la diversidad y el pluralismo en Colombia.

Justo como estas iniciativas tuvieron éxito en el pasado, si un proyecto como el debate de intercambio de roles se difunde de manera correcta, la iniciativa tendrá el potencial suficiente para generar una importante transformación social.

El debate tiene a su favor una metodología que nunca se ha visto implementada a espacios de discusión política. Los debates realizados en el Congreso, por ejemplo, siguen el modelo de debate parlamentario, en el que se escoge a un congresista para que sirva como presidente (moderador) del debate y la discusión gira en torno a un proyecto de ley. Las posturas son las bancadas de los partidos políticos, que al final tienen la oportunidad de votar para aprobar o denegar la ley. Los debatientes nunca cambian de roles.

En espacios educativos, en cambio, sí se realizan este tipo de discusiones en las que el multiperspectivismo y la flexibilidad ideológica son la prioridad. Daré solo dos ejemplos entre la larga lista de instituciones que utilizan el debate de intercambio de roles: el primero es el modelo de Naciones Unidas, un ejercicio pedagógico que se da tanto en escuelas como universidades de países miembros de la ONU. En él se asigna a los participantes roles aleatorios que deberán defender con respecto a problemáticas globales y soluciones que ayuden a construir una ciudadanía más reflexiva y responsable. Uno de estos modelos se da en el colegio Gimnasio Los Caobos en Bogotá, donde se convoca a estudiantes de múltiples instituciones educativas a debatir. El segundo es el Instituto Alberto Merani, que tiene como una de las columnas esenciales de su sistema educativo la argumentación, por lo que en múltiples clases se utilizan modelos de debates entre estudiantes. Estos espacios resultan ser muy enriquecedores y normalmente cumplen con su propósito al hacer a los alumnos intercambiar sus puntos de vista.

Como podemos ver, el debate de intercambio de roles no es algo nuevo, pero sí una dinámica innovadora para el contexto en el que será aplicado. Sin embargo, en última instancia, el éxito del proyecto depende de los elementos práxicos.

Praxis: del plano al edificio
En términos de viabilidad, no es difícil pasar de la idea al proyecto concreto para una iniciativa como el debate de intercambio de roles. Los requerimientos económicos para realizar el debate de intercambio de roles son realmente bajos y no significan una inversión considerable a largo plazo y, en cuanto a los recursos humanos, los beneficios del debate superan ampliamente sus costos, pues el único reto que debería enfrentarse sería poder contar con los preparativos suficientes para que los candidatos logren adoptar la postura de su contrincante y argumentarla de la mejor manera. En otras palabras, la escogencia de un gabinete de representación que resuma la ideología y propuestas del contrincante en una serie de puntos clave para introducir a la nueva cara del partido y la de una serie de jueces imparciales para mediar el debate. Los jurados deben ser seleccionados de manera cautelosa y sin sesgos ideológicos, pues de ellos depende en gran medida el mensaje que se vaya a proyectar en la fase final del debate.

Otro obstáculo que puede presentársele al debate de intercambio de roles son los objetivos de difusión cultural propuestos, es decir, que el proyecto no tenga el alcance suficiente para generar una transformación. Pero esto tiene solución. Con el propósito de que el ejercicio gane trascendencia y pueda perdurar en el tiempo y la política colombiana, el debate de intercambio de roles tendrá un carácter progresivo. Este modelo consiste en escalar niveles de relevancia política. En una primera instancia, al ser difícil que la cultura del multiperspectivismo se haya esparcido con tanta rapidez en el país, puede comenzarse por implementar el modelo en discusiones de asambleas municipales. Si el modelo es exitoso, puede escalar a ser aplicado a debates del Congreso de la República. La meta final de difusión del sistema de debates de intercambio de roles sería poder llegar a aplicarse a los debates presidenciales cada cuatro años.

Pero este objetivo no es tan alejado como al inicio parece. Un ejemplo de un proyecto de unión y memoria nacional que ha tenido un éxito cultural relativo es el reciente informe final de la Comisión de la Verdad, en el que se escucharon 27.268 testimonios de cientos de posiciones diferentes del espectro político, social y económico, afectados directa o indirectamente por la violencia de los últimos 60 años en el país. Gracias al multiperspectivismo del informe y la rigurosidad de la recopilación de información de diversas fuentes, la Comisión publicó una visión, si bien no definitiva, mucho más acertada sobre lo que ocurrió en tantos años de violaciones a los derechos humanos. Esta iniciativa logró traspasar la barrera de la difusión cultural y sigue en la lucha por aumentar su impacto en la sociedad colombiana. El debate debería hacer lo propio.

Si el debate logra vencer estos obstáculos durante su implementación, Colombia estará un paso más cerca del tan anhelado multiperspectivismo. Erijamos un edificio de valores nuevos con los planos de proyectos como este. Demos el paso finalmente. Demos el paso. Demos el paso.

¿Multiperspectivismo en Colombia?
Porque si damos el paso, nos daremos cuenta de que no solo estaremos beneficiándonos a nosotros como ciudadanos, sino también mejorando la actividad política de nuestro país. Pongámoslo de la siguiente manera: aplicar un programa obligatorio de debates de intercambio de roles para elecciones de cargos públicos en Colombia es un ejercicio de flexibilidad para los políticos, que resalta el multiperspectivismo como un valor ético importante en la cultura colombiana. Partiendo de esta premisa podemos también inferir que, si el debate consigue la difusión cultural correcta, una cultura más inclusiva podría ser desarrollada en Colombia y por lo tanto aumentarán las probabilidades de llegar a consensos nacionales.

Al enseñarse el multiperspectivismo como un valor ético importante de la sociedad a través de este ejercicio, a corto plazo se abrirían oportunidades para llegar a acuerdos nacionales entre actores políticos históricamente antagónicos. Si el debate consiguiera la trascendencia suficiente, desde la cultura misma comenzarían a suavizarse estigmas de derecha versus izquierda, poco a poco se desmitificarían y despersonalizarían las ideologías políticas y estos temas dejarían de ser un tabú en la cena familiar de cada día.

A mediano plazo la violencia podría comenzar a disminuir en Colombia, al menos la que es producto de choques entre posturas políticas polarizantes que puedan cerrar sus conflictos a través de acuerdos de paz, y a disminuir la desigualdad social y económica gradualmente, pues estos dos últimos son conceptos altamente ligados a la poca inclusión ideológica en el país. En el ámbito político, no necesariamente desaparecerían, pero sí podrían llegar a cesar la cantidad de asesinatos de líderes sociales, confrontaciones entre grupos al margen de la ley u otro tipo de violaciones a los derechos humanos que sean producto de choques de ideologías políticas inflexibles. En el ámbito económico, al reunir esfuerzos colectivos más grandes, incluyentes y coordinados, los proyectos nacionales con relación a la exportación de productos al extranjero u otras medidas de desarrollo económica podrían impulsarse, pues ahora ya no habría conflictos por ideologías políticas en la misma medida que antes.

Finalmente, a largo plazo, la tan buscada transformación social podría finalmente darse de una manera profunda en los valores de la sociedad colombiana. Evidentemente de nada sirve el sistema de debates si no existe una cooperación de parte de otras iniciativas sociales en el transcurso de los próximos años, pero aumentan las probabilidades de que, si tiene éxito, por primera vez, al convertirse la argumentación en un foco de atención de la cultura colombiana, el país pudiera comenzar a mejorar en educación e investigación y abrir sus conocimientos al extranjero. Luego, al tener más espacio de diálogo entre los diferentes puntos de vista de los diversos departamentos del país, la cultura de la violencia del pasado podría pasar a convertirse en una potencial esperanza de desarrollo económico en Colombia, dada la disminución de la polarización y desigualdad.

Ante todo, así el debate consiga una mayor o menor difusión a través del tiempo, nos encontramos ante una realidad innegable, que se nos presenta con más pertinencia que nunca: el multiperspectivismo y el respeto por la diferencia son para la democracia lo que los engranajes centrales son para un reloj; yacen en el núcleo más profundo de su construcción y es gracias a ellos que todo el sistema continúa girando. Si no se ponen en marcha iniciativas innovadoras que cuenten con una amplia planeación y un mensaje profundo, nada podremos hacer para librarnos de las problemáticas heredadas y perpetuadas en Colombia.

En medio de un contexto tan complejo y cambiante, la sociedad puede tender a polarizarse más que nunca, y es la polarización lo que menos necesitamos en este momento de transformación de nuestras instituciones. Al contrario, es la unión, el espíritu del multiperspectivismo y el debate bien argumentado lo que clama con euforia Colombia, y deben ser los que aspiran a ser sus dirigentes quienes den ejemplo de aquellos valores.

Quizás para ello, el sistema de debates sea un granito de arena. Quizás, con el apoyo de los colombianos y la clase política de la nación, pueda convertirse en un granito de oro y con su brillo alumbre un poco más el camino hacia la paz. El camino hacia las respuestas de las preguntas que brama con fuerza nuestro país: ¿podrá Colombia romper el prisma? ¿Podrá acabar con el árbol de las púas, sus raíces y sus frutos? ¿Podrá vestirse, finalmente, de mil colores?

BIBLIOGRAFIA