CICLO CONTEXTUAL

Lo que le sigue faltando a Colombia

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EXCELENCIA IAM


En 1995, William Ospina escribió un discurso llamado “¿Dónde está la Franja Amarilla?”. Aquí podemos encontrar un capítulo, en particular, titulado “Lo que le falta a Colombia”, en el cual nos relata que Colombia es un país muy diverso, tanto en natural como culturalmente, pero que no se enorgullece de lo que es. Colombia es un adolescente inseguro que no usa sus recursos para progresar, intenta imitar a otros (más que todo, las culturas europeas), rechazando su propia identidad. Le falta “carácter”, desarrollar más criterio y responsabilidad, tanto ética como moralmente hablando. Sin mencionar que a este adolescente le falta dejar de menospreciarse y esconder todas estas características en un silencio perpetuo disfrazado en conformismo.

Nos hace cuestionarnos la falta de empatía que hay en este lugar, las personas solo se preocupan por sus propios bienes, los de su círculo cercano o personas en condiciones similares. El Estado lo refleja e impone. Por ejemplo, ¿en el Merani cuándo han visto la participación de colegios públicos en debates? ¿Por qué, a pesar de la cercanía entre el norte y sur de Bogotá, se siente un muro que nos separa a ambos lados? ¿Por qué si todos somos humanos no podemos reconocernos entre nosotros como iguales más allá de nuestro estatus, etnia o cultura? Esto es generado por nuestra falta de comprensión. Necesitamos “ponernos en los zapatos de los otros”, una metáfora bastante utilizada que parece pura hipocresía para muchos.

Aunque realmente es un largo camino el que Colombia tiene que recorrer antes de poder ser un adulto, ¿qué tanto ha cambiado en estos últimos 28 años? ¿De verdad ha habido un cambio en este periodo de tiempo?

Actualmente, en nuestro contexto vemos algunas diferencias entre lo que nos dice Ospina y lo que pasa en la actualidad. Un claro ejemplo es el paro nacional de 2021, en el cual los ciudadanos se hacen notar y alzan la voz. De esta forma, el pueblo muestra que no está conforme, que está siendo crítico con los actos del gobierno y que el silencio es finito. Además, también comenzamos a reconocernos como un país diverso y con diversidad étnica en el 7.º artículo de la Constitución, el cual expresa lo siguiente:

“ARTÍCULO 7º—El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.”



A diferencia de nuestra anterior Constitución, la cual decía que éramos un país blanco y católico, lo cual discriminaba y excluía a diferentes grupos sociales como la comunidad afro, indígenas, campesinos y diversas etnias.

Sin embargo, estamos en un país en donde con solo hacerse notar y alzar la voz no basta. Para que haya un verdadero cambio se necesitan acciones sociales. El gobierno es muy sistemático en sus actos, le falta dar más reconocimiento, ser consciente de los problemas y, sobre todo, disponerse para encontrar y aplicar soluciones. El verdadero cambio no ha llegado. Esto no depende de unos pocos, sino de una unidad y realización conjunta de estas acciones. Como el hecho de que actualmente nuestro presidente Gustavo Petro sea el primero en ser de izquierda.

Nos sigue faltando un Estado que cumpla con sus responsabilidades, una identidad en la cual nos reconozcamos unos entre otros; dejar de menospreciarnos como nación y construir un carácter más sólido como pueblo.

Además, es importante destacar que Colombia enfrenta desafíos cruciales en cuanto a la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. La falta de seguridad en muchas regiones del país, donde la violencia y el crimen afectan la calidad de vida de la población se conoce. ¿Y hacen algo al respecto? Existe una alarmante cantidad de personas sin un techo, una considerable parte de la población lucha contra la hambruna y carece de acceso a recursos básicos para satisfacer sus necesidades primarias.

Estas condiciones deshumanizantes representan un claro contraste con la riqueza cultural y natural de Colombia. A pesar de los avances en la participación ciudadana y el reconocimiento de la diversidad étnica en la constitución, el país todavía tiene un largo camino por recorrer para garantizar un nivel adecuado de seguridad y bienestar para todos sus habitantes.

Colombia enfrenta desafíos en términos de identidad y empatía, en la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos, incluyendo a aquellos que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad extrema. La constitución de una nación más sólida y justa requiere un cambio en la percepción cultural y un compromiso genuino con la protección y el cuidado de todos sus habitantes. De esta forma, podremos separarnos más de la barbarie (la cual se considera una actitud poco civilizada y empática, agresiva y semejante a la de un animal) y acercarnos a la civilización.