CICLO PROYECTIVO

La valentía de ser libres

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Ustedes se han puesto a pensar ¿por qué el humano tiende a obedecer más de lo que desobedece? Bueno, el humano obedece por comodidad y cobardía, o al menos eso es lo que plantea Erich Fromm en su texto “EL HOMBRE HA PERDIDO SU CAPACIDAD DE DESOBEDECER”.

Erich Fromm nació el 23 de marzo de 1900 y falleció el 18 de marzo de 1980. Influenciado por Sigmund Freud, defendió políticamente el socialismo democrático marxista, y filosóficamente el amor como potencial del ser humano. Fue un destacado psicoanalista, psicólogo social y filosofo humanista de origen judío alemán. Su postura teórica explica que los individuos están en gran medida determinados por coyuntura sociales y personales que los llevan a ser menos conscientes de la responsabilidad de su existencia.

En el texto “EL HOMBRE HA PERDIDO SU CAPACIDAD DE DESOBEDECER” se pueden identificar conceptos centrales de su obra, como la obediencia, la conciencia, la autoridad y la libertad. A lo largo del escrito cuestiona cómo desde tiempos pasados la obediencia se ha asociado con la “armonía” para poder convivir en la sociedad que el hombre ha creado, mientras la desobediencia se carga de una valoración negativa, cuando podría ser la “libertad” que permite al hombre llegar a su capacidad de desarrollo pleno. Analicemos los postulados conceptualmente.

Según Fromm, la obediencia es un término asociado a dos condiciones que pueden determinarla: La obediencia heterónoma, en la que el individuo se somete a una persona o una institución y renuncia su autonomía, y acepta una voluntad ajena; y la obediencia autónoma, donde obedece a su convicción y juicio propio.

La conciencia, se utiliza para expresar también dos fenómenos muy distintos: La conciencia autoritaria, o voz interior del individuo que busca complacer una autoridad que está por encima del individuo, temeroso de desagradar y ansioso de complacer. Y la conciencia humanística, como aquella inspección interna donde independientemente de sanciones externas, nosotros juzgamos qué es lo humano y lo inhumano.

También hay una diferencia entre la autoridad racional y la irracional. En ambas se toma como autoridad el ejercicio del mando y del poder decisorio. En la racionalidad la autoridad actúa en nombre de la razón y orienta, permitiendo que los intereses de todos vayan en la dirección previamente acordada. Si uno se equivoca, el fracaso es de todos. Y en la autoridad irracional, por el contrario, los intereses de ambos son antagónicos: El que da la autoridad gana y el que obedece termina perdiendo. Su arma es la fuerza o la sugestión para conseguir que se obedezca.

Finalmente, la libertad como una de las metas de todo ser humano, como una manifestación de la capacidad de elección sobre las dimensiones física, intelectual, religiosa, económica, afectiva, y como resultado de la tensión entre el individuo y los otros. La libertad es entonces una construcción posible solo en la relación entre el yo y los otros, e implica rebelarse críticamente y resignificar los ideales de vida que cargan de sentido la existencia humana. Las sociedades humanas han evolucionado por actos de desobediencia, como la Revolución Francesa, la lucha contra el Apartheid, la constitución de las Repúblicas, o las marchas y manifestaciones en favor del reconocimiento de derechos de poblaciones subalternas. La libertad es una meta en búsqueda de la autonomía e implica valentía para poder dar ese paso hacia ella. La libertad se presenta como certeza individualizada que se deriva del ejercicio introspectivo, consciente de los pensamientos, sensible a la naturaleza humana.

Y entonces, si tan magnánime es la ganancia de ser libres ¿por qué el humano obedece más de lo que desobedece? Pienso que es por la comodidad y cobardía que da el sentirnos protegidos y justificados por alguien o algo que dice tiene la fuerza de saber (omnisciencia) y poder hacer todo lo que quiera (omnipotencia), pero al mismo tiempo por temor a sentirse inferior o errado. Se necesita coraje y este depende del grado del desarrollo de una persona que ha adquirido la capacidad de pensar por su cuenta y sentir por sí mismo, que gana la capacidad de decir NO. Otro factor es que la desobediencia está asociada con el pecado en nuestra cultura occidentalizada, lo que impide que más gente pueda pasar esa frontera y afronte retos nuevos cada día, aportando ideas nuevas.

Resulta tentador pensar en esta reflexión cuando pasas por la adolescencia, en el momento de conocernos, afirmarnos, forjar el coraje y llegar a ser libres. Al atravesar esta etapa en la que se cuestiona la autoridad, las presiones externas, las expectativas que se derraman sobre tu cotidianidad, y sientes esa consciencia humanística en la que es clave la intuición y la búsqueda de aprender a decidir qué obedecer y qué no, para contribuir o destruir nuestra vida y el mundo que habitamos.

Me gustaría concluir que la capacidad de dudar, de criticar, y de desobedecer puede ser todo lo que media entre la posibilidad de un futuro para la humanidad, y el fin de la civilización. Según mi punto de vista al respecto: Qué bueno sería traspasar la frontera del miedo, de lo fácil, del interés propio, del qué dirán, del no puedo más. Ganar la valentía para nadar en contra de la corriente. Aportando a nuestro entorno día a día nuevas formas, ideas, técnicas, actos de amor para respetar la naturaleza, nuestro planeta y sus criaturas, cuidarlo, sobrepasar y desobedecer a intereses económicos políticos y sociales, con el fin de ser individuos más autónomos.

Lograr la libertad con conciencia humanística y autoridad racional, o sea con posturas críticas e independientes. Porque ya no creo que sean las bombas atómicas las que terminen con la humanidad, sino la incapacidad de elegir sobre nuestro futuro.