CICLO PROYECTIVO

Nada sobre ellos, sin ellos. Nada sobre nosotros, sin nosotros

Movimiento a favor de los derechos de las personas con discapacidad intelectual y sus familias
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EXCELENCIA IAM


No podemos demeritar los avances dados en Colombia respecto a la inclusión de personas con discapacidad1 intelectual2 y sus familias, pero aún no debemos cantar victoria. Falta camino por recorrer para darle a aquella población lo que por derecho le corresponde, pues hay ideas vigentes sobre ello que no han pasado a los planos de la práctica.

En Colombia, las PCD3 intelectual (Personas Con Discapacidad Intelectual) tienen protección de sus derechos en el marco constitucional, que fue complementada y reforzada con la ratificación e incorporación al ordenamiento jurídico de la Convención sobre los Derechos de las PCD en 2011. Allí, el Estado se compromete reconocer a la discapacidad como prioridad en materia de derechos humanos y desarrollo. No obstante, el tema de derechos humanos no está resuelto en términos de ejecución. Al día de hoy, son escasas las estrategias que brinden oportunidades de respeto e inclusión efectiva a las PCD intelectual y sus cuidadores, así como son limitados los planes de educación sobre derechos y roles a la población ya mencionada. He aquí una de las causantes de que las decisiones políticas, sociales, inclusive las mismas referentes a la discapacidad, sean tomadas sobre ellos, sin ellos.

Espero que los dos anteriores parágrafos le hayan cuestionado un poco sobre la situación injusta en la cual vive este grupo social. De lo contrario, le recomiendo leer nuevamente esta breve introducción, ya que la problemática no puede seguir siendo normalizada. Si queremos un país donde se practique la inclusión, debemos dejar de invisibilizar la discapacidad, asunto que nos concierne a todos.

Por ende, está en nuestras manos empezar a generar un cambio y, para ello, es necesario implementar talleres gratuitos en Bogotá para las personas en condición de discapacidad intelectual y sus familias, sobre los derechos, responsabilidades y roles que tienen, con el propósito de promover igualdad de oportunidades. Sustentar aquella moción implica adentrarnos en cuatro ejes: ¿por qué es necesario resolver la problemática? ¿Qué beneficios generaría la solución? ¿Cómo está financiada? Y ¿en cuáles fuentes de información se basa la construcción del programa?

¿Por qué es necesario?
La ciudadanía continúa ignorando las riquezas del enfoque diferencial, acción que aumenta las barreras ya interpuestas a las PCD intelectual y sus familias, quienes ven en la discapacidad una incapacidad. Ello se explica por la insuficiente revisión y reformulación por parte de la sociedad a sus servicios y procesos, lo cual causa poca atención racional, articulada e integral que dignifique aquel grupo marginado. Esto debido a las dos instituciones, Opciones y Apoyos para la Transición a la vida adulta y Asdown, que enseñan a las PCD intelectual y cuidadores sus derechos y roles, que, al ser privadas, ocasionan poco acceso para numerosas familias bogotanas que no cuentan con los recursos económicos. Dejemos que las cifras hablen por sí solas, pues, según la Alcaldía Mayor de Bogotá, “La OMS concluye que (…) el 96% de la población con discapacidad se ubica en los tres primeros estratos, es decir lo más pobres.” (2012)

La respuesta cruel de la capital no se debe solo a la dificultad económica para recibir educación, también es el Estado quien ha dejado de lado la discapacidad intelectual, acto que debilita su infraestructura, talento humano y recursos para enseñar sobre derechos y roles. Este es el caso del “Sistema Distrital de Atención Integral de Personas en Condición de Discapacidad”. Por desgracia, ese no es el único ejemplo. “En Colombia, se estima que un 70% de los jóvenes con discapacidad intelectual no tiene acceso a ningún tipo de educación después de los 20 años” (DANE,2005; MEN,2002).

Así mismo, otra razón que sustenta el argumento presentado al inicio de esta sección es el imaginario erróneo de la sociedad. Esta, entre sus intenciones de curar, proteger o simplemente rechazar a las PCD intelectual, les ha dificultado la posibilidad de tener oportunidades y condiciones óptimas de vida. Y en efecto, son tratados de manera inferior pues se dice que la discapacidad “no aporta a lo importante”, lo que provoca en ellos observar las oportunidades sociales como favores u obras de caridad, cuando son límites al acceso de derechos. Igualmente, las PCD intelectual están expuestas al rechazo por falta de empoderamiento, ya que no se reconocen como ciudadanos que deben exigir el goce de sus derechos. Hecho que sucede, en ciertas ocasiones, por la sensibilidad de algunas PCD intelectual ante los comentarios ofensivos de la ciudadanía que los vuelven inseguros. También, son susceptibles a una mala calidad de vida las familias, quienes propagan sub actos discriminatorios a sus parientes con discapacidad intelectual, tales como, no tenerlos en cuenta, calificarlos de enfermos, dependientes, entre otros, que pueden ser ilegales, y originan una desfavorecedora convivencia entre los vínculos cercanos. De ahí, que las familias sean víctimas de injusticia social, generada en parte por ellas, quienes pierden libertad al no aumentar y afianzar su rol para cambiar imaginarios sociales.




Al validar paradigmas de “normalización” en la implementación del programa, se exalta la diferencia como manifestación de lo humano y lo diverso. Esto por lo fundamental que es para la construcción de dicha estrategia no segregar para brindar apoyos necesarios e incluir para no obviar los apoyos requeridos. De tal forma, se estructura un sistema justo que enseña derechos y roles a las PCD intelectual y familias. Y sí, justo, ya que las PCD al reconocer sus derechos mediante el taller gratuito, los podrán exigir. Con esto, la sociedad los tratará como se lo merecen, con respeto e igualdad de condiciones. A la vez, como las PCD intelectual conocerán sus derechos, será más probable que gocen de salud, trabajo estable, educación de calidad, participación ante la toma de decisiones familiares, políticas y sociales, cosa que evidenciaría presencia y voz por parte de aquel grupo.

En relación con las familias, también hay justicia para ellas, pues aumentarían y fortalecerían su responsabilidad potenciadora de derechos humanos a sus parentescos al ver en la discapacidad intelectual una capacidad diferente del ser humano, de modo que se mejoraría la calidad de vida en el hogar. Ello porque los cuidadores también le darían importancia a su propia vida. Igualmente, se observaría una buena relación entre los parientes sin y con discapacidad, ya que, desde las parentelas se desarrollarían roles fundamentales para derrumbar estereotipos sobre la discapacidad. En fin, se mejoraría la calidad de vida en el hogar debido a que este dejaría de realizar sub-actos discriminatorios al develarse las consecuencias que toma ejecutarlos.

Según la mamá de un joven con discapacidad intelectual perteneciente a OAT4: “La mayoría cree que las PCD intelectual no pueden vivir de manera independiente con apoyos. Fue gracias a OAT que mi perspectiva sobre esto cambió por completo”. Ello significa que la concepción de dependencia sobre las PCD intelectual disminuiría entre los vínculos cercanos. Así mismo, expresiones como “enfermo”, tratos infantiles cuando ya son inadecuados se reducirían en las familias, mientras que el respeto en ellas aumentaría, sería la base primordial de una relación.

¿Cómo está financiada?
Así como “Acción contra el hambre”, que lucha con una problemática social, ha podido existir, el taller gratuito que también lucha por la educación de derechos a las PCD intelectual y sus familias, puede desarrollarse al utilizar el mismo modelo económico. Hay tres razones principales que lo explican: la división adecuada de bienes recaudados, fiabilidad y método de financiamiento.

Del primero, podemos decir que, si la ONG se mantiene por su eficaz distribución de bienes recaudados, el taller gratuito para PCD intelectual y familias podrá cumplir sus objetivos, tener un buen funcionamiento y proporcionar satisfacción a aquellas partes involucradas si produce la misma idea.

Respecto al segundo, fiabilidad, la Organización no Gubernamental muestra información clara sobre sus luchas. Por ello, el taller gratuito para las PCD intelectual y familias que enfrenta situaciones de baja calidad, debería demostrar sus acciones a favor de la inclusión. De esta manera, se recibirán fondos al transmitir confianza en la sociedad. Pero, detallemos en esto último. Si “Acción contra el hambre” emplea una Contabilidad Analítica, este programa educativo podría incluir la gestión ética para explicar en cada momento cómo y para qué se gasta cada una de las ayudas recibidas individualmente.

En cuanto al método de financiamiento, la organización humanitaria recauda mediante donaciones de fondos públicos, acción que el taller planteado podría realizar para obtener recursos. Una idea que lo respalda es el crecimiento dado en “Acción contra el hambre”. Es decir, así como esta ha seguido con su proyecto, pues su labor y transformación son notorias, el programa debería utilizar aquel método económico para continuar con el proyecto en vista de todas las personas que estarían favorecidas. Además, si la fundación recibe dinero mediante diferentes socios que apoyan e integran a la corporación con un aporte económico periódico o espontáneo, el taller para las PCD intelectual y familias puede conseguir fondos al aceptar corporaciones que quieran disminuir la exclusión a la discapacidad intelectual.

¿En cuáles fuentes de información se basa la construcción de dicho programa?

Si los talleres brindados a las PCD intelectual y sus familias tienen como base a OAT, y Asdown, entonces, serán utilizadas instituciones capacitadas en nuevas perspectivas de la discapacidad intelectual para la elaboración de los talleres gratuitos. Si esto último acontece, significa que los programas propuestos en el escrito podrán estructurarse correctamente. Por tanto, si los talleres presentados en el ensayo tienen como base a OAT, y Asdown, estos métodos no lucrativos podrán estructurarse correctamente.

Por otro lado, si son empleados discursos sobre la discapacidad, vista como una oportunidad, por ejemplo, la “CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD”, se acudirá a fuentes capacitadas en nuevas perspectivas de la discapacidad intelectual para la elaboración de los programas. Si lo mencionado previamente sucede, los programas estarán bien establecidos. Por ende, si son empleados determinados discursos que expongan una nueva perspectiva de la discapacidad, los programas estarán bien establecidos

En este orden de ideas, si se implementan los talleres gratuitos en Bogotá para las PCD intelectual y sus familias, por ende, conocerán sus derechos y roles. Ante ello, se hace necesario el uso de redes sociales y carteles publicitarios en las calles de Bogotá, con el objetivo de que las PCD intelectual y familias puedan saber del programa e inscribirse. Así mismo, se podría hacer uso de esos medios de comunicación para mostrar la lucha por esta problemática a fin de que empresas interesadas en el cambio aporten económicamente a la estabilidad financiera del programa y, con ello, a la batalla por la inclusión.

Adicionalmente, si las PCD intelectual y familias aprenden sobre sus derechos, los exigirán. Si esto ocurre, el índice de discriminación a aquel grupo social se reduciría, hecho que generaría en este tener espacios seguros para compartir sus perspectivas a la ciudadanía. También, al apropiarse las PCD intelectual y familias del goce efectivo de sus derechos, se generaría una mejora significativa en la inclusión. De ahí que el ya mencionado grupo comience a tomar un rol activo e importante en Bogotá.

Por otra parte, si se ejecutan dichos talleres en la capital, estos podrán llevarse a cabo en otras ciudades donde haya alto índice de discapacidad intelectual y pocas entidades que enseñen sobre derechos, y roles, de modo que se mejore la calidad de vida dentro de los hogares. Hacer esto implica ver las condiciones y factores que hacen parte del lugar para ver qué tanto puede funcionar la estrategia allí.

Además, si la solución tiene un impacto positivo, se podría brindar educación sobre derechos y roles para otro tipo de discapacidades, como la sensorial. En ese caso, se modificarían ciertas partes del taller, dado que la información recibida por las PCD intelectual se adquiere de manera diferente a como la reciben las PCD auditiva o visual.

En conclusión, la enseñanza sobre derechos y el goce efectivo de estos no es un privilegio, porque como ciudadanos nos pertenece a todos, tanto a las personas con, y sin discapacidad intelectual. Potenciar al país para ser líder de inclusión es un camino que requiere compromiso, implica reconocernos y reconocer al otro como parte de la sociedad. Y bien: el primer paso para que ocurra ese gran acontecimiento es una educación gratuita para las PCD intelectual y sus familias sobre los derechos, responsabilidades y roles que tienen.

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