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Sombras posmodernas: páginas oscuras de un mundo desencantado

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La posmodernidad es el cambio del paradigma de la subjetividad, el progreso y la universalidad, para dar paso a la instauración de una sociedad de dualidades. La sociedad posmoderna es consumista y libre, renueva lo viejo como nuevo y lo nuevo lo considera ya viejo, es individualista y hedonista; la posmodernidad es, por tanto, la extensión de la modernidad, y la oposición a ésta.

Por un lado, la posmodernidad rompe con valores modernos, como los lineamientos universales o metarrelatos, puntos de referencia que establecían el ideal de progreso al enaltecer la razón como forma de llegar a una sociedad cada vez más avanzada. Se disuelve la confianza en el futuro, pues se comprende que la razón no sólo es progreso, sino también retroceso, homogeniza y se aleja de la naturaleza del hombre.

El descontento frente a los valores modernos fractura al orden disciplinario imperante que no daba lugar a preferencias y expresiones singulares, por lo que las sociedades contemporáneas sufren un proceso de personalización. Los lineamientos universales son reemplazados por las sociedades flexibles, basadas en la autonomía privada, la estimulación de las necesidades individuales, la eliminación de los tabúes y el respeto a la diferencia.

La personalización como característica esencial de la era posmoderna constituye la directriz para la organización y relaciones dentro de la sociedad. En esta, las instituciones se adaptan a las motivaciones y deseos de los individuos para ofrecer una diversa gama de productos y servicios; habilitan el tiempo libre y el ocio a través de los medios masivos de entretenimiento; humanizan, diversifican y psicologizan las interacciones sociales.

En la sociedad posmoderna personalizada, los individuos se encuentran constantemente bombardeados por productos e información a través de los medios de comunicación masiva, y en consecuencia, la única permanencia es el constante cambio. Por esta razón, surgen sentimientos generalizados de desencanto y monotonía, y los cambios e innovaciones ya no son vistos como la promesa de un mejor futuro, sino que son integrados a la normalidad de la vida posmoderna.

La tendencia hacia la apatía y el desencanto en relación con el cambio impacta las relaciones y manifestaciones en la sociedad. El arte, a lo largo de la historia, ha sido una expresión fundamental de la libertad humana, reflejando un mundo interior susceptible de múltiples interpretaciones y capaz de desafiar las convenciones y concepciones tradicionales de lo artístico. Al inicio del Siglo XX se presenció la emergencia de diversas corrientes artísticas, conocidas como vanguardias, que jugaron un papel significativo en la evolución del arte y la cultura contemporánea. No obstante, conforme avanza el tiempo, el vanguardismo tiende a perder valor a medida que se masifica y se torna convencional. Lo que una vez fue el dominio de unos pocos que se atrevieron a desafiar las convenciones tradicionales, gradualmente se vuelve parte del pensamiento y práctica general, lo cual genera que las ideas pioneras sean absorbidas y normalizadas por la sociedad.

El arte de vanguardia ya no es símbolo de la alta cultura, no escandaliza ni rompe con los paradigmas, por lo que deja de ser considerado como arte “verdadero”, para asemejarse al arte de masas. En consecuencia, los límites del arte se hacen difusos y su valoración dentro de la sociedad entra en crisis. La crisis artística la podemos extrapolar al contexto de la literatura, ya que esta manifestación refleja las características de la era posmoderna, donde las fronteras entre la literatura dirigida a un público selecto e intelectual y la literatura destinada al consumo masivo se vuelven borrosas.

En este punto, es relevante comprender el concepto de "paraliteratura", que comprende a todos los géneros literarios destinados al consumo masivo, como la fantasía, las novelas policiacas, el misterio y los cómics, destinados a entretener al público popular. La paraliteratura refleja el triunfo de los valores individualistas y hedonistas que posicionan el placer personal por encima de la creación artística, plantea narrativas inmorales e imágenes gráficas que los críticos del arte y la sociedad puritana desvalorizan. En la era posmoderna, donde los productos culturales y el entretenimiento se encuentran al mismo nivel de la literatura culta, el rol de la literatura en la posmodernidad entra en crisis.

La literatura posmoderna se caracteriza por el rechazo a las narrativas y estructuras tradicionales, así como por su inclinación hacia la experimentación y la desmitificación de las convenciones literarias establecidas. El autor posmoderno duda de su función dentro de la sociedad, cuestiona la noción de autor y lector, y esto lo refleja en una escritura fragmentaria que juega con la linealidad. Los géneros literarios desaparecen en la posmodernidad, pues se ven como una forma de marginar y diferenciar los productos artísticos de élite y de masas. El autor se mueve entre distintos géneros y no se ve limitado a abordar problemas específicos: ahora aborda problemáticas locales de forma que se puedan entender como universales.

Uno de los géneros que cambió en el siglo XX fue el de las novelas policiacas, el cual consistía en una narrativa centrada en la resolución de crímenes a través de la investigación de un detective o investigador. Con el paso del tiempo y los cambios sociopolíticos del siglo XX, este género comenzó a incorporar tramas más complejas, abordó temas de corrupción, dilemas éticos y las sombrías realidades del sistema de justicia. Además, la figura del detective también evolucionó: ya no era sólo el héroe infalible, sino que podía presentar defectos, traumas y debilidades humanas. Así, la novela policiaca se convirtió en un espejo matizado y crítico de la sociedad, que reflejaba sus conflictos y tensiones internas.

En sus primeras manifestaciones, la novela policiaca se centraba en resolver misterios y crímenes. La novela policiaca clásica está ambientada en la ciudad, normalmente metrópoli, donde se presentan crímenes a manos de incógnitos que se ocultan en el anonimato, mientras el detective trata resolver el misterio alternando entre el alto y el bajo mundo; codea con ricos y habla con policías, pero también está inmerso en sectores de la sociedad donde prevalece la delincuencia, la ilegalidad y la actividad criminal. A partir de esta construcción del rompecabezas de la ciudad, el detective logra resolver el misterio y restituir la paz.

Personajes como Sherlock Holmes personificaban detectives con habilidades deductivas sobresalientes y una moral incuestionable. Estas historias presentan tramas relativamente "limpias" y un enfoque en el suspense y la resolución del enigma. Sin embargo, el siglo XX trajo consigo profundas convulsiones sociales y políticas, como las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Estos eventos impactan significativamente la literatura policiaca, y la llevan hacia la novela negra. En este nuevo subgénero, las historias se sumergieron en las sombras de la sociedad y exploraron la psicología oscura de los personajes. De igual forma, surgen diversas narraciones que cambian por completo el paradigma de la novela policiaca clásica, y establecen un nuevo orden dentro de lo común.

Uno de los trabajos más importantes es el libro El simple arte de matar, de Raymond Chandler, un trabajo literario icónico que se relaciona directamente con la evolución de la novela policiaca hacia la novela negra en el siglo XX. Chandler, uno de los precursores de la novela negra, desafió las convenciones tradicionales de la novela policiaca al introducir elementos más oscuros y realistas en sus historias. En este ensayo, Chandler aborda la figura del detective y su papel en un mundo marcado por la corrupción y la ambigüedad moral. Destaca cómo el detective en la novela negra ya no es un héroe infalible, sino un individuo complejo con sus propios dilemas éticos y debilidades humanas. Esta reflexión de Chandler sobre el "arte" de la novela negra, donde los crímenes no siempre son resueltos de manera limpia y los protagonistas navegan por un mundo turbio, se relaciona estrechamente con la discusión anterior sobre la evolución de la novela policiaca hacia la novela negra. Chandler contribuyó significativamente a la transición del género e influenció la forma en que se retratan los detectives y los aspectos más sombríos de la sociedad en la literatura del siglo XX.

Si bien se han mencionado aspectos que vinculan la novela negra con la era posmoderna anteriormente, es relevante destacar algunos puntos generales que subrayan esta relación. En primera instancia, la posmodernidad se caracterizó por cuestionar los límites de verdad y realidad universal propios de la modernidad. Este cuestionamiento se refleja de manera destacada en la novela negra a través de tramas en las que la verdad es escurridiza y la realidad, subjetiva. Los autores de novela negra a menudo presentan narrativas en las que los personajes se enfrentan a múltiples versiones de los hechos y deben descubrir la verdad entre un laberinto de engaños y ambigüedades. Esta ambigüedad refleja la incertidumbre inherente a la posmodernidad, donde las narrativas lineales y las explicaciones absolutas se consideran problemáticas. Los protagonistas de la novela negra a menudo se ven atrapados en una realidad fragmentada y perspectivas subjetivas, lo que desafía la idea de una verdad única y objetiva.

Por otro lado, la posmodernidad se ha caracterizado por cuestionar la soberanía del Estado y las instituciones, pues sumergían al individuo en reglas uniformes y le quitaban la libertad de su individualidad. Es por esto que algunas narrativas de la novela negra se fundamentan en este cuestionamiento pues, los autores de novela negra a menudo presentan un mundo en el que las fuerzas del orden, la justicia y el gobierno se ven debilitadas por la corrupción, la burocracia y la ineficacia. Detectives y protagonistas de estas novelas, en lugar de ser vistos como agentes de la ley incuestionables, se convierten en críticos y opositores que operan al margen de estas instituciones. Esta representación refleja la desilusión posmoderna con las autoridades y la percepción de que en las instituciones abundan los problemas y la falta de transparencia. La novela negra, al abordar estas preocupaciones, se convierte en un medio literario para expresar la desconfianza hacia el poder y para cuestionar la capacidad de las instituciones de mantener el orden y la justicia en una sociedad cada vez más compleja y desconfiada.

En tercera instancia, es relevante conectar el concepto de alienación, ya que en la posmodernidad adquirió una gran importancia. En las narrativas de novela negra se plasma la realidad de la sociedad y cómo el auge de la tecnología y el consumo masivo transformaron profundamente las relaciones, y por otro lado, cómo los personajes representaban una sociedad hedonista prisionera de su propio placer. En la novela negra los personajes suelen estar aislados en un mundo caótico y desencantado, y luchan por encontrar significado en una sociedad que parece carecer de valores sólidos. Estos personajes a menudo experimentan una profunda sensación de desconexión, tanto con la sociedad en general como con sus propias emociones. Se encuentran atrapados en un entorno urbano deteriorado y deshumanizado, donde las relaciones personales suelen carecer de profundidad y, en ocasiones, resultan ser traicioneras. Esta alienación no es simplemente una característica individual, sino que refleja una sensación más amplia de aislamiento y desilusión en un mundo posmoderno donde los valores tradicionales y las estructuras sociales se han vuelto inestables o han desaparecido por completo. La soledad del detective no solo representa su propio aislamiento, sino que también simboliza la fragmentación de una sociedad en la que la confianza y la conexión interpersonal son escasas.

Desde una perspectiva más general, es posible identificar la alienación en la novela negra reflejada en la sociedad. Un ejemplo notable es la obra La broma infinita, de David Foster Wallace, que ofrece una crítica al entretenimiento en Estados Unidos. En esta novela se plantea que el principal objetivo del entretenimiento es alienar a las personas, lo que resulta en una sociedad alienada por su adicción al placer constante que los medios le proporcionan.

La broma infinita presenta la historia de una escuela de tenis dividida, por una montaña, de un centro de rehabilitación. Es la división entre quienes pertenecen a la élite y los marginados por la sociedad, sin embargo, ambos grupos son víctimas del entretenimiento. Los primeros, son víctimas en tanto que están oprimidos por una sociedad en la que su único valor es entretener, mientras que los últimos son víctimas de un sistema hedonista que los ha hecho presos a las adicciones. Estos grupos se interconectan gracias a un video: la broma infinita, que causa en quien lo ve un estado de catatonia; el video resulta ser tan cautivador que las personas se ven privadas de la voluntad de realizar cualquier otra actividad y quedan atrapadas en un ciclo de aislamiento y obsesión.

Sin duda, la literatura posmoderna nos presenta un espejo inquietante que refleja en la sociedad contemporánea síntomas de alienación, el consumismo desenfrenado y un capitalismo voraz que pueden estar transformando la esencia misma de la humanidad. La Broma Infinita no es solo una obra de ficción, sino una metáfora vívida de cómo la obsesión por la satisfacción inmediata y el entretenimiento pueden llevarnos por caminos oscuros de desconexión y aislamiento. En un mundo individualista, donde la abundancia de estímulos para satisfacer necesidades cada vez más artificiales nos aísla de la sociedad, debemos preguntarnos, ¿estamos viviendo auténticamente o simplemente consumiendo la vida?

Biliografía

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