CICLO CONTEXTUAL

La vigencia de Pateando Piedras en nuestra realidad actual

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En Lectura Contextual II, los estudiantes de Contextual C y Gamma desarrollaron un ejercicio orientado a comprender cómo la música puede convertirse en una puerta de entrada para construir una mirada crítica sobre el mundo. A partir del análisis de un álbum musical conceptual, exploraron su estructura semántica, el contexto del autor, el lugar de enunciación y las posturas ideológicas presentes en la obra, así como los contextos sociales que influyen en la creación de discursos musicales.
Con estos insumos, cada estudiante elaboró una columna de opinión en la que construyó su propio Contexto de Lector, mostrando cómo sus experiencias, creencias y saberes influyen en la interpretación que hacen del álbum. Este proceso, además de fortalecer su pensamiento crítico, buscó afianzar su identidad personal y colectiva, al tiempo que promovió el reconocimiento y la valoración de la diversidad cultural expresada en la música.



Pateando piedras fue creado por Los Prisioneros fueron una banda chilena formada en San Miguel, Santiago, en 1979, integrada por Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia. Estos urgieron durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, un periodo marcado por la censura, la represión política y la desigualdad social. En ese contexto, su música se convirtió en una forma de protesta y crítica frente a la realidad del país y de gran parte de América Latina. Jorge González, líder y principal compositor, creció en un entorno obrero y desarrolló una mirada crítica frente al sistema, el consumismo y la hipocresía social. Su forma de escribir combinaba ironía, rabia y lucidez, usando un lenguaje directo y popular que permitía conectar con los jóvenes que se sentían marginados o frustrados. En su segundo álbum, Pateando Piedras del año 1986, los ideales del grupo se hacen particularmente claros, denunciando la desigualdad, la falta de oportunidades, la falsa meritocracia y la alienación de la juventud. Canciones como El baile de los que sobran y Muevan las industrias muestran la decepción de una generación que, a pesar de seguir las reglas del sistema, se encontraba sin futuro. En ese sentido, el álbum no reproducía la ideología dominante de su época, sino que la resistía, cuestionando el modelo económico y social impuesto y visibilizando el malestar de los sectores populares.

Sin embargo, al escucharlo hoy, en pleno 2025, sigue sintiéndose sorprendentemente actual. Somos adolescentes de 14 años que vivimos en Bogotá, Colombia, y aunque nuestra realidad no es la de una dictadura como en los años ochenta, muchas de las cosas que Los Prisioneros denunciaban siguen pasando, solo que de otras formas. El álbum habla de desigualdad, frustración y falta de oportunidades, y eso todavía lo vemos todos los días en nuestra ciudad: gente que trabaja todo el día y aun así no logra vivir bien, jóvenes que estudian mucho pero no consiguen oportunidades reales, y una sociedad que parece funcionar para unos pocos.

A veces uno siente que todo está hecho para que sea difícil avanzar. En el colegio nos dicen que debemos esforzarnos, que si estudiamos lograremos lo que queremos, pero luego uno mira a su alrededor y ve a mucha gente luchando sin obtener lo que merece. Ese sentimiento de injusticia es el mismo del que hablaban Los Prisioneros en sus canciones. Aunque ya no haya censura ni dictadura, seguimos en un sistema que hace que el dinero y los contactos valgan más que el talento o el esfuerzo. En Bogotá, por ejemplo, es fácil ver cómo los privilegios marcan la diferencia: unos pueden acceder a todo, mientras otros apenas sobreviven.

También hay algo muy real en esa sensación de no tener voz. Nosotros, los jóvenes, muchas veces sentimos que no nos escuchan, que las decisiones importantes las toman los adultos sin pensar en lo que realmente necesitamos o sentimos. Las canciones de Pateando Piedras reflejan justo eso: una juventud cansada de ser ignorada. En un mundo donde todo se mide por productividad o dinero, donde la presión de “ser alguien” empieza desde tan temprano, muchos terminan sintiéndose atrapados. Esa desesperación que el álbum mostraba en los ochenta se mantiene viva, solo que ahora se expresa en las redes sociales, en la ansiedad o en la sensación de que el futuro es cada vez más incierto.

Al mismo tiempo, el álbum también nos recuerda que el arte puede ser una forma de resistir y de decir lo que pensamos. Así como Los Prisioneros usaron la música para cuestionar al sistema, hoy muchos jóvenes usamos nuestras redes, canciones o videos para expresar lo que sentimos y protestar por lo que no está bien. En eso, Pateando Piedras nos inspira: nos muestra que no estamos solos en nuestra inconformidad y que no hay que quedarse callado frente a la injusticia. En una época donde a veces parece que nada cambia, la música sigue siendo una manera de hacer ruido, de conectar con otros que piensan igual y de mantener viva la esperanza.

Canciones como El baile de los que sobran siguen reflejando lo que vivimos hoy: “Nos dijeron cuando chicos, jueguen a estudiar”, pero muchos jóvenes aún no tienen oportunidades reales, sin importar cuánto se esfuercen. En Quieren dinero, Los Prisioneros cantan “Quieren dinero, aunque no haya amor”, y eso sigue siendo verdad en una sociedad donde todo gira alrededor de la plata y la apariencia. Y en Por qué no se van, en el propio título “por qué no se van”, se siente la misma frustración de cuando alguien critica absolutamente todo lo cultural y alaba lo extranjero. Aunque las canciones son de los ochenta, parecen hablar directamente de lo que vivimos hoy en Bogotá: desigualdad, desinterés y un sistema que todavía deja a muchos por fuera.

Además, el hecho de que este álbum haya sido de rock es vital. El rock siempre ha sido un género de rebeldía y protesta, una forma de romper el silencio frente a lo injusto. Mientras otros géneros, como el reguetón, suelen enfocarse más en la fiesta o temas más superficiales, el rock ha mantenido su espíritu crítico y rebelde. Es una música que nace del inconformismo y que invita a pensar, a cuestionar y a actuar. Por eso, Pateando Piedras sigue siendo muy importante, porque usa guitarras, baterías y letras directas para decir lo que muchos piensan pero pocos se atreven a expresar. En tiempos donde parece que todo se trata de moda o fama, el rock nos recuerda que la música también puede ser conciencia, resistencia y revolución.

En conclusión, Pateando Piedras no es solo un álbum del pasado: es un espejo del presente. Aunque el contexto haya cambiado, sus letras siguen describiendo la realidad de muchos jóvenes como nosotros, que seguimos luchando por un lugar en un mundo desigual y competitivo.

Escucharlo hoy, en Bogotá, es darnos cuenta de que lo que sentían los jóvenes chilenos en los ochenta no está tan lejos de lo que sentimos ahora. Es entender que la frustración, la búsqueda de justicia y la necesidad de ser escuchados siguen siendo las mismas, y que la música, más que nunca, sigue siendo una forma de resistencia y de esperanza.


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