EXCELENCIA DOCENTE

Menos pantallas, más empatía

21 de julio de 2025
Portada

Compartir en:
Logo Ícaro
ÍCARO
EXCELENCIA IAM


Sin embargo, la inquietante realidad, desconocida para muchos de nosotros, yo incluida hasta hace bien poco, es que se está empezando a observar un inesperado declive de la empatía entre nuestros jóvenes. La académica del MIT Sherry Turkle refiera un estudio realizado por Sara Konrath y su equipo de investigación en la universidad de Stanford que mostraba un descenso del 40 por ciento de la empatía de nuestros jóvenes en las últimas décadas, con una caída más abrupta en los últimos diez años. Turkle achaca la pérdida de empatía fundamentalmente a su incapacidad para navegar en el mundo virtual sin perder el control de sus relaciones cara a cara y en tiempo real. En su opinión nuestra tecnología nos aleja, lo que no solo incide en quienes somos como individuos, también en quienes somos unos con otros.

Marianne Wolf. Lector vuelve a casa. (Fragmento)

Sabiendo que podría ser calificado de apocalíptico, afirmo que la escuela de hoy en día se enfrenta a un enemigo complejo que ha tomado gran ventaja: las pantallas. Comúnmente los niños y niñas, en un hogar de clase media, tienen acceso a siete o más pantallas entre televisores, tabletas, celulares y videojuegos portátiles. Los adolescentes, por su cuenta, están expuestos a múltiples redes sociales cuyo uso genera adicción y excede con creces su capacidad de discernimiento. Es cada vez más común ver en restaurantes y espacios familiares a bebés y pequeños niños hipnotizados por el poder las pantallas, pero es aún más grave ver a sus padres embebidos en los mismos dispositivos. En su novela distópica 1984 George Orwell vaticinó que seríamos dominados por la telepantalla. Jamás imaginamos que la afirmación se llevaría a cabo de manera literal.

Han sido muchos los teóricos que indagan een las consecuencias de un mundo inundado por pantallas. De las conclusiones quizás la más inesperada es la disminución creciente de la empatía en nuestros niños y jóvenes. Así lo expresa Marianne Wolf en la cita que encabeza este artículo. Exploremos brevemente las razones de la preocupación desde mi propia experiencia.

1. Menos lectura, menos descentración, menos imaginación.
Una consecuencia inevitable de la sobre exposición a pantallas es la disminución de la lectura en papel. Estudios de neuropsicología y distintos mapeos neuronales han demostrado que la lectura en pantallas a edades tempranas obstaculiza la descentración y la imaginación. Desde el paradigma sociocultural de la comprensión lectora, leer es sobre todo un profundo acto de descentración social. Lo sentimos especialmente cuando leemos textos narrativos, pues inevitablemente nos sintonizamos con los avatares que viven los personajes en las historias narradas. Aún así, también sucede cuando leemos textos descriptivos o persuasivos pues entramos en diálogo con las ideas y mundos pensados por otros. Leer es la única manera que tenemos de hablar con los muertos, con nuestros antepasados que habitaron este planeta hace siglos.

Imaginemos un niño tratando de leer en pantalla un texto. Debido a su edad de desarrollo es inevitable sucumbir a las múltiples distracciones que acechan: juegos en línea, redes sociales, videos, entre otros. Tienen menos posibilidades de captar las ideas esenciales, pero, sobre todo, les cuesta más trabajo entrar de manera profunda en las ideas del autor combatiendo sus propios prejuicios. La literatura es el mejor ejemplo para ilustrarlo. Buena parte del éxito de Crimen y Castigo, La metamorfosis o Moby Dick, es que si leemos con concentración y entrega nos sintonizamos completamente con las vivencias de Raskólnikov, Gregorio Samsa o Ismael. Padecemos sus emociones, sufrimos y gozamos con ellos, dudamos cuando tienen que enfrentarse a algún dilema.

Al leer en papel, además, nuestra imaginación construía su propio Gregorio Samsa, sus propias imágenes de Raskólnikov o de Ismael y buena parte de la empatía que nos despertaban surgía de un rostro que sólo existía en nuestra propia mente, que reconstruíamos a base de un creativo ejercicio imaginativo, de asociaciones de imágenes producto de nuestras vivencias, de la afinidad o el repudio que nos causaba el personaje. Estábamos libres de ventanas emergentes, de varias pantallas al mismo tiempo, de la irrupción de anuncios comerciales ¡Estábamos en un combate cuerpo a cuerpo con el libro y sus ideas! Peleábamos con el autor en nuestra imaginación cuando nos molestaban sus ideas y, tal como lo menciona Daniel Pennac en sus derechos imprescriptibles del lector, abandonábamos el libro cuando no se producía la magia y sentíamos que estábamos recorriendo sus palabras desprovistas de sentido.

Éramos más empáticos cuando nos enfrentábamos a la hoja en blanco llena de letras. La combinación de luz, sonido y movimiento, si no somos lectores avezados, nos insta a abrir otras pantallas, otros juegos, otras ventanas, otras opciones al mismo tiempo. Perdemos la concentración y la apertura, no podemos sentir la angustia de Raskólnikov. Nos pasa por encima su dolor, su dilema existencial. ¡Lo abandonamos y simplemente cambiamos de pantalla!

2. Menos interacciones en el mundo real
Mi abuelo Héctor me contaba con el corazón, porque era desde el alma que contaba sus historias, que la segunda vez que quiso ver a mi abuelita Hilda tuvo que recorrer casi seis kilómetros caminando. Decía que había quedado hipnotizado por aquellos ojos azules. Los estudiantes que me comentan sus primeros amores hoy en día me hablan de likes, de fotos en Instagram y conversaciones por redes sociales. Casi niguno me habla de una interacción directa, de un rechazo o una muestra de afecto real. A veces siento total incomprensión cuando se sienten tristes o frustrados por una relación que sólo tuvo encuentros virtuales porque mientras estaban en el colegio, a pesar de estar cortejándose, parecían evitarse todo el tiempo.

Las interacciones reales se han disminuido significativamente, incluso han pasado a un segundo plano. Los niños, niñas y jóvenes pueden hablar todo el día con sus amigos por medio de las redes sociales y los juegos en línea les ofrecen formas de interacción mientras juegan. Los parques infantiles actuales, como lo señala el psicólogo Jonathan Haidt, están hechos a prueba de todo y eliminan casi cualquier riesgo. De lejos se ven seguros, abullonados por todas partes, con espumas de mil colores que evitarán a toda costa que se lastimen. La mayoría de las veces están vacíos o han sido tomados por los perros porque el cambio en la tasa de natalidad es dramático y hoy en día tenemos menos de un hijo por cada familia nuclear.

Según el filósofo Nuccio Ordine uno de los aspectos irremplazables de la presencialidad es el reconocimiento de los rostros. Cuando hablamos cara a cara reconocemos a los otros como un absoluto, nos conectamos de un modo imposible de emular en el mundo virtual. Buena parte de los jóvenes justifican el Ciberbullying y las formas de exclusión en redes porque consideran que en el mundo virtual no aplican las mismas reglas que en el real. Coo si fuera una realidad paralela en la que pueden romper todas las reglas y agredir indiscriminadamente a otros. Es exactamente al contrario, lo que sucede en redes sociales no se puede borrar nunca: El daño allí es irreparable y se reproduce una y otra y otra vez. Es imposible saber quién tiene nuestra información y que podría hacer con ella.

La interacción virtual disminuye la empatía. Debemos procurar que nuestros niños, niñas y jóvenes vuelvan a mirarse a la cara. Hay que sacarlos de los cuartos y llevarlos a los parques, hay que juntarlos en diversos espacios, tienen que volver a enamorarse y decepcionarse en el mundo real. Los movimientos sociales pueden gestarse en el espacio virtual pero solo se materializarán en las calles, en la vida real, en los rostros de los otros: “No hay yo, siempre somos nosotros, nosotros todos que nosotros somos” decía Octavio Paz en su Piedra de sol. Debemos desempolvar los libros de ficción y las narraciones infantiles que nos han acompañado por años y que de las que pululan hoy en día diversos autores y autoras: ¡Apaguemos las pantallas y recordemos que, como decía el filósofo Emanuel Levinas, el único absoluto son los otros!


FacebookSíganos en Facebook
FacebookSíganos en Instagram
youtubeSiga el Canal
TwitterEscúchenos en Spotify
TwitterSíganos en Tiktok
TwitterSíganos en X
icaritoVisite Icarito
social
social
social
social
social
social
social