De la magia a la ciencia

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EXCELENCIA IAM


Con el ánimo de promover y profundizar el pensamiento científico en los estudiantes del Instituto Alberto Merani, se crearon varias aulas de excelencia con distintos enfoques. Una de ellas está orientada a los experimentos científicos y al uso del laboratorio como campo de acción. El propósito es que los adolescentes aprendan a diseñar protocolos, manejar instrumentos y analizar resultados con rigor, lo que contribuye a transformar esa percepción de “magia” hacia una comprensión del fundamento científico de los experimentos.

La curiosidad en los estudiantes está muy asociada al hacer. Hay una necesidad muy alta por la práctica. Esa necesidad de la práxis, de ver resultados, de la comprobación directa o de reconocer cómo se controlan variables, genera una motivación elevada tanto en el Ciclo Contextual como en el Proyectivo. “La disposición ha sido altísima, es decir, los estudiantes han valorado muchísimo que se haga esta aula”, dice David Sánchez, docente del área de Naturales del Merani.


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Para el Merani es importante que los estudiantes no solo se queden con la experiencia de realizar actividades relacionadas con el campo físico y químico. La mediación se concentra en hacer preguntas que les permitan tomar conciencia sobre lo que están haciendo. Esto es clave al momento de analizar diferentes tipos de reacciones y cambios de la materia, evitando que la experiencia se limite únicamente al plano de la observación.

“No es hacer por hacer, ni hacer por jugar, sino hacer a través de una reflexión del hacer. ¿Por qué se hace? ¿Para qué se hace? ¿Qué pasa cuando no se hace? Entonces han notado esas diferencias entre hacerlo sin rigor y hacerlo con rigor. Y cuando se hace con rigor, está el disfrute de que ocurra lo esperado, de que se puedan controlar las variables. Porque cuando se hace sin rigor, sigue siendo magia”, comenta el profe David.


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Durante este primer trimestre, los estudiantes que eligen esta aula del Ciclo Contextual del Merani trabajan las nociones básicas. Con ellos se ha buscado desarrollar técnicas para que se apropien del laboratorio a través del reconocimiento de las normas de seguridad, del uso de los recursos e instrumentos disponibles y de su medición: por qué están hechos de ciertas medidas, de determinadas formas y qué utilidad tienen en diferentes contextos.

Hay una expectativa muy alta con los laboratorios nuevos del Edificio Estanislao Zuleta del Merani, pero, paradójicamente, se ha reactivado el laboratorio anterior y se le ha dado el valor que tiene: cuenta con buen material y buenos insumos. “No es la fuente fundamental para hacer ciencia y motivar su apropiación, pero sí es un elemento clave para entender el vínculo afectivo y práxico con la ciencia”, aclara el docente.


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El aula pretende también motivar a los estudiantes a construir un conocimiento de base, de manera sencilla pero profunda, a través de las guías, los talleres, la escritura, el dibujo, la lectura y la narración, antes de vincular la tecnología. “Yo soy quien toma la foto y hace los videos de lo que están diciendo y haciendo. Entonces, se desligan del celular”.

Al finalizar el año, se espera que los estudiantes del aula realicen un experimento que puedan explicar con gráficas y tablas; es decir, que no se queden únicamente en ejecutarlo, sino que logren dar cuenta de lo que ocurrió —o no ocurrió— con una explicación sustentada. “Entonces, ahora sí se vinculan las tres dimensiones: la cognitiva, la práctica y la socioafectiva. Es decir, estamos explotando mucho más la práctica”, puntualiza Sánchez.


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