CUANDO LA PAREJA TERMINA, LA CRIANZA CONTINÚA

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Coparentalidad madura y nuevas competencias para cuidar el desarrollo emocional de los hijos

Bertha Sarmiento Bautista
PAF INSTITUTO ALBERTO MERANI

“Los hijos aprenden de los adultos no solo a amar, sino también a tramitar el conflicto y reparar los vínculos”.

En las últimas décadas, las familias contemporáneas han enfrentado transformaciones profundas. Las separaciones y divorcios forman hoy parte de una realidad social cada vez más frecuente, y muchas familias atraviesan el enorme desafío de reorganizar afectivamente la vida cotidiana mientras continúan acompañando el desarrollo de sus hijos.

Una reflexión muy frecuente durante un proceso de separación es: ¿por qué era más fácil seguir unas pautas de crianza antes de separarse y ya no se sabe cómo proceder con la crianza durante un proceso de separación?. Judith Wallerstein, principal investigadora mundial sobre el impacto del divorcio en los hijos, da cuenta de que los estilos de autoridad y las pautas de crianza cambian durante el proceso de separación, puesto que se rompen acuerdos, rutinas, encuentros, presencias, y sobre todo el impacto emocional de los miembros de la familia, lo cual exige el desarrollo de nuevos acuerdos y en consecuencia, de nuevas competencias para tramitar tanto la separación como la crianza.

Por lo anterior, algunos autores como Karen Bonell y otros han llegado al establecimiento de nuevas competencias para cuidar el desarrollo emocional de los hijos, y el PAF del Instituto Alberto Merani reorganiza y considera como primordiales las siguientes competencias socio afectivas:

1. Regulación emocional
La primera gran competencia consiste en aprender a contener el propio dolor sin descargarlo sobre los hijos, de no ser así, muchos niños terminan funcionando como reguladores emocionales de los adultos: tranquilizan, acompañan, contienen a sus propios padres o silencian sus propias emociones para no aumentar el conflicto familiar.

Regular emocionalmente no significa no sufrir. Significa evitar que el hijo quede atrapado dentro del sufrimiento adulto.

2. Diferenciación entre pareja y parentalidad
La relación afectiva puede terminar. La función parental continúa.

Esta competencia implica comprender que, aunque existan heridas con la expareja, los hijos siguen necesitando preservar vínculos seguros con ambos progenitores.

Por eso resulta tan importante evitar: usar al hijo como mensajero, llevarlo a elegir como predilecto a alguno de los padres o convertirlo en testigo constante de hostilidad y descalificación.

3. Comunicación protectora
Los hijos necesitan explicaciones claras, honestas y acordes a su edad, pero no necesitan convertirse en administradores emocionales de los adultos. Una comunicación protectora: valida emociones, desculpabiliza, escucha, y ofrece seguridad afectiva.

Frases como: “Esto no es culpa tuya.” “Puedes amar a ambos.” “Seguimos siendo tus padres.” pueden convertirse en verdaderos factores protectores del desarrollo emocional.

4. Reparación emocional
Toda familia atraviesa errores y tensiones. Lo importante no es la perfección, sino la capacidad de reparar. Reconocer equivocaciones, pedir disculpas, reabrir conversaciones difíciles y escuchar el sufrimiento de los hijos fortalece profundamente los vínculos.

La reparación enseña algo fundamental: que el conflicto no necesariamente destruye las relaciones, la incomunicación sí.

5. Reconocimiento mutuo
Cuando un hijo siente que amar a uno implica traicionar al otro, aparece una profunda fractura emocional. Por eso resulta fundamental evitar destruir simbólicamente la imagen del otro progenitor frente a los hijos. Como muestran las investigaciones de Bowlby sobre apego y desarrollo emocional, los niños construyen parte importante de su identidad también desde la relación con ambos padres.

Lo que los hijos aprenden sobre el amor
Los niños no solo viven las separaciones, también aprenden de ellas. Aprenden: cómo se tramita el conflicto, cómo se habla del otro, cómo se manejan la frustración y el dolor, cómo se reparan los vínculos, y cómo se construye el cuidado aun en medio de las dificultades.

Algunos niños aprenden que el amor implica manipulación, miedo o descalificación permanente. Otros, en cambio, pueden aprender que incluso en medio de la diferencia y el dolor es posible sostener respeto, cuidado y responsabilidad emocional.

Y esto influirá profundamente en: sus futuras relaciones, el desarrollo de su confianza, el desarrollo o miedo al compromiso, y ni más ni menos en el desarrollo de sus propias formas de amar.

Preguntas para pensarnos como copadres

  • ¿Nuestro hijo ha quedado atrapado emocionalmente en nuestros conflictos?
  • ¿Estamos escuchando lo que necesita emocionalmente o solo organizando la logística de la separación?
  • ¿Nuestro hijo siente que debe escoger entre nosotros?
  • ¿Qué creemos que está aprendiendo sobre el amor y las relaciones al observarnos?
  • ¿Qué competencias necesitamos desarrollar para proteger mejor su desarrollo emocional?

Bibliografía breve

  • El normal caos del amor
    Beck, U. & Beck-Gernsheim, E. (2001). El normal caos del amor. Paidós.
  • Familias y terapia familiar
    Minuchin, S. (1986). Familias y terapia familiar. Gedisa.
  • La transformación de la intimidad
    Giddens, A. (1995). La transformación de la intimidad. Cátedra.


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