Padres imperfectos pero con esperanza:
Un acto de coraje y compromiso en la construcción de paz

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Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve a uno pianista.
(Michael Levine)

Michael Levine nos advierte que tener hijos no es suficiente para ser considerados realmente padres; este rol implica un profundo compromiso y una continua reflexión y replanteamiento de lo que significa serlo en el mundo actual. Esta afirmación resalta la complejidad de la parentalidad en un mundo donde las relaciones familiares están en constante cambio, que aparecen por momentos frágiles y llenas de incertidumbre a abordar.

Ser padre o madre en la sociedad contemporánea o posmoderna involucra más que simplemente procrear; reta a apostar por construir familias sólidas y con relaciones significativas, incluso en un entorno caracterizado por dinámicas sociales líquidas y desechables, como señala Zygmunt Bauman. Este sociólogo nos plantea una modernidad líquida (Bauman,1999) en todos los aspectos de las sociedades del siglo XXI, la economía, la política, las formas de relacionarnos con los otros, en donde lo que creíamos sólido por los siglos de los siglos, puede desaparecer o diluirse como el agua entre las manos en un abrir y cerrar de ojos.

Adicionalmente el padre postmoderno se enfrenta constantemente a un bombardeo de información sobre cómo ser el “super papá o la super mamá” (el o la que “todo lo puede”, estudia, trabaja, se hace e de los hijos, hace ejercicio, sale de rumba, etc, etc) donde el rol de ser padres se acerca más a cumplir unos estándares homogéneos para ser parte de una sociedad cada vez más individualista, que promueve el ideal de vidas perfectas y llena de esquemas y estereotipos propios de la sociedad de la información y las redes sociales, donde se deja de un lado el pensar en el otro y reconocernos en nuestra naturaleza vulnerable e imperfecta, poco se muestran las crisis, preguntas, tensiones y vicisitudes que implica apostar por construir familia.

Aquí nuestra primera pregunta: ¿cómo ser padres en una sociedad de la incertidumbre, del individualismo y de cambios constantes, a una velocidad nunca antes vista en la historia de la humanidad?

En primer lugar, sugerimos no aislarnos como familias de la sociedad en la que vivimos, sería absurdo, y más con niños y jóvenes que son nativos digitales hacerlo, es equilibrar un poco la balanza en donde claramente los medios digitales están ganando el juego, es sembrar en nuestros hijos la semilla del escuchar al otro, no para compararnos, sino para comprendernos en nuestra imperfección como seres humanos.

Comprendernos como seres humanos vulnerables, inacabados y en proceso de formación y de construcción constante, nos ayuda a entender al otro desde la complejidad que implica ver nuestras debilidades y desde ellas procurar crecer mutuamente. Romper esa postura quizá homogénea y llena de ideales como que debemos ser perfectos para nuestros hijos, que ante ellos no podemos desnudar nuestras propias heridas y procurar transformarlas.

Desde esa postura de humanos inacabados, con claros y oscuros, pero en constante aprendizaje consideramos que es posible generar en ellos cierta posibilidad de autonomía y reflexión de la realidad que nos rodea en todos sus colores y matices, que nuestros hijos comprendan que nos equivocamos pero que reflexionamos y que justamente desde estas situaciones de crisis y tensiones es posible aprender y consolidarse como familia

Finalmente, abordar el tema de sociedad líquida en constante cambio, desarrollarlo desde la necesidad de romper esa cultura del individualismo, que gracias a los medios digitales nos aísla de la realidad cercana, por ende de nuestras familias. La crisis de una sociedad que genera violencia debe ser abordada desde el amor en casa, un abrazo, un diálogo en familia, espacios de lectura grupal que nos permitan construir una cultura de paz y de escucha desde nuestros hogares.

¿Cómo puede una postura reconocedora de la vulnerabilidad ayudar desde familia a construir cultura de paz?

Una cultura de paz se construye en casa escuchando al otro, comprendiendo sus necesidades, sus dificultades y defectos para crecer mutuamente, procurando generar empatía y reflexión continua en ellos.

Rubén Blades nos recuerda la constante tensión entre el amor incondicional y el establecimiento de límites necesarios en la crianza, cuando nos canta:

“Cuanto control y cuanto amor
Tiene que haber en una casa
Mucho control y mucho amor
Para enfrentar a la desgracia
Por más problemas que existan
Dentro en tu casa, por más que
Creas que tu amor es causa perdida
Ten la seguridad de que ellos te quieren
Y que ese cariño dura toda la vida”


A su vez, reconocemos que esta tarea es desafiante y requiere coraje para enfrentar nuestros propios miedos y dudas. José Saramago (1995) profundiza en la naturaleza del ser padres, describiéndolo como un acto de coraje supremo, donde nos exponemos a la incertidumbre y al dolor por el bienestar de nuestros hijos.

En Colombia, una sociedad marcada por el conflicto y la violencia, la paternidad se puede asumir como un acto de resistencia y esperanza; vemos en la crianza de nuestros hijos la oportunidad de construir una cultura de paz desde el hogar. Reconocemos que tanto padres como hijos somos maestros y aprendices, y que juntos enfrentamos desafíos y buscamos crecer. Hemos atravesado como familia temporadas donde hemos tenido que cuestionar y superar tradiciones distantes de una propuesta más democrática. Esto implica buscar ayuda, conversar con otras familias y apoyarnos mutuamente en este viaje de autoexploración y crecimiento.

Entendemos que invertir en la crianza desde el hogar es invertir en el futuro de nuestro país. Aspiramos a crear ciudadanos empáticos, solidarios, inquietos y críticos, capaces de hacer la diferencia en cualquier lugar donde se encuentren. Esta tarea no es fácil, pero es esencial para construir un país donde la paz y el respeto por la diversidad sean la norma. "Pensé rendirme. Pero luego noté que alguien seguía mis pasos." (Jodi Picoult) Esta frase encapsula el desafío y la inspiración que encontramos en la paternidad. Aunque enfrentamos momentos de duda y dificultad, el ejemplo que damos a nuestros hijos nos impulsa a seguir adelante con determinación y coraje.

En conclusión, ser padres en una sociedad en constante cambio y conflicto requiere coraje y compromiso, desconectarnos de la red, en lo que nos sea posible, para conectarnos como familia en el espacio físico en el que vivimos, no es querer estar en una burbuja, al contrario, romperla; es un acto de amor profundo y desinteresado, donde nos exponemos a la vulnerabilidad y al dolor por el bienestar de nuestros hijos. Sin embargo, también es un acto de esperanza y resistencia, donde vemos en la crianza la posibilidad de construir un mundo mejor, más justo y pacífico, en donde podemos solidarizarnos y movilizarnos por los conflictos mundiales, pero principalmente, por comprender, apoyar y crecer con y quienes están a nuestro lado.




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