Somos ejemplo para nuestros hijos, en lo bueno y lo malo, todos los días

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ESPECIAL IAM


Tendría ocho o nueve años; era sábado y abrí los ojos y el radio reloj de luces rojas daba las 7:53 de la mañana. Me senté y pensé: ¿Es uno de esos sábados bonitos, o de los otros? Salí de mi alcoba, subí a la alcoba de mis papás, y pude confirmarlo: estaba solo en casa con mi papá. Era uno de esos otros sábados.

Los días con mi papá eran aburridos, porque eran días de hacer tareas y hacer caso. ¿Qué tareas tienes? ¿Ya las hiciste? ¿Por qué no las has hecho? Ese es el discurso que recuerdo. Así que mi tiempo no valía. La ventaja era que no tenía que pensar, sino hacer caso (ahora sé que esa no es una ventaja). En ese tiempo no tenía la cabeza ni la madurez para pensar que mi papá hacía lo mejor que podía, y quería formarme con disciplina y constancia.

Pasó el tiempo y ahora entiendo que soy resultado lo que vi y lo que viví durante mis primeros años en este planeta. Pasó el tiempo y algún día entendí que los niños (los genuinos y los que nunca crecimos) aprendemos a través de ejemplos y repetición.

Algo que aprendí en algún empleo que tuve es eso de que uno debe “liderar con el ejemplo”. Aunque pueda parecer un cliché, esta idea es fundamental en muchas empresas y tiene una gran profundidad cuando se analiza en detalle. Resulta que uno lidera sin liderar. De manera inconsciente las personas nos siguen y nos imitan, y no solo imitan nuestros bellos rasgos de personalidad, sino también nuestros defectos, malas costumbres y malas palabras. Y entonces uno comprende la responsabilidad que conlleva nuestra influencia y la necesidad de mejorar y ser “un buen ejemplo”.

Esta misma situación ocurre en nuestra familia. Como padres y madres somos líderes sin darnos cuenta; nuestros hijos nos siguen y nos imitan, en lo bueno y lo malo. Luego de comprenderlo y asimilarlo, uno se sienta a pensar en lo que debe replantear. Estas son algunas cosas que han funcionado en nuestra familia:

1. Reconocer que hay cosas que debemos mejorar. ¿Recuerdas el primer párrafo? Piensa cuáles son esas cosas que heredaste o aprendiste de tus padres que no quieres transmitir a tus hijos.

2. Preguntarnos qué clase de familia queremos ser. Es bueno preguntarnos ¿Cuáles son nuestros valores? ya que ellos influirán en el desarrollo de nuestros hijos. Por ejemplo: ¿Consideramos importante el cuidado de la naturaleza? ¿Sentimos que es importante decir siempre, siempre la verdad? ¿Creemos que es más importante la disciplina que la felicidad inmediata? Por otro lado, es importante reconocer hasta dónde somos flexibles, y cómo esa flexibilidad afecta nuestros valores. ¿Somos vegetarianos, pero no veganos? ¿Decimos la verdad, pero creemos en las mentiras “blancas” y en papá Noel?

3. Actuar en consecuencia. Es decir, comprometernos a ser mejores cada día. Sabemos que tenemos defectos y nunca seremos perfectos, pero evaluarnos y ajustar lo necesario poco a poco es de gran ayuda.

4. Pensar activamente, pensar antes de actuar y antes de hablar. Piensa si lo que haces lo haces por ellos o por ti. Simplemente escucha lo que dices. Frases como “es que ya ME tienen cansado”, “no hagas eso que ME molesta”, “No QUIERO que salgas con ese niño” nos delatan.

5. Formar hábitos. Nuestros hijos se habitúan fácilmente y son más flexibles que nosotros. Funciona muy bien mitigar sus debilidades a través la formación de hábitos, en vez de regañar constantemente. Algunos ejemplos: ¿Tus hijos tienen dificultades en comprensión de lectura? Crea el hábito de leer con ellos media hora todos los días. ¿Tus hijos no disfrutan o no son buenos en el deporte? Fomenta el hábito de hacer deporte en familia todos los fines de semana. ¿Tus hijos son poco flexibles con la alimentación? Introduce el hábito de comer algo nuevo todos los viernes.

Al final, todo es un proceso, y los cambios significativos no ocurren por casualidad, sino que son resultado de ajustes y acciones sostenidas en el tiempo. Recordemos que somos líderes sin el título y somos ejemplo para nuestros hijos, en lo bueno y lo malo, todos los días.




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