¿Cómo se adaptan los niños al Merani?
Una mañana en Exploratorio Lúdico

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¿Sabes una cosa? Cuando me despierto, antes de abrir los ojos, ya siento algo raro en mi barriga. ¡Mamá dice que son mariposas!

El primer día de colegio, agarré muy fuerte la mano de papi y mami, al caminar por un pasillo enorme y largo, más grande que mi casa. Yo miraba para arriba y las paredes parecían nubes gigantes. De repente… ¡apareció ella! La profe.

Se agachó hasta quedar chiquita como yo. Tiene ojos que brillan como si tuviera estrellitas y una gran sonrisa. Me dijo con voz suavecita:

—Hola, Mar, ¿quieres conocer a un amigo?

Sacó de su espalda a Tigrecito y ¡me habló! Es un tigre amarillito con su barriguita blanca muy muy suavecito. Su voz es muy tierna. Es de esos animalitos que dan ganas de abrazar. Yo también tuve mariposas en la barriga —me susurró tigresito—, pero se me fueron cuando encontré a alguien con quien jugar.

Yo miré a Tigrecito y él me miró. Y sin pensarlo, solté la mano de mamá y agarré su patita suavecita. Así no más. Como si siempre hubiéramos sido amigos, me fui con él.

Ahora todos los días, cuando llego al colegio, lo primero que hago es buscar a mis amigos. Ahí está Pepito, que hace ruidos con la boca como si fuera una trompeta. Ahí está Juanito que siempre baila loco y Juanita, que juega al gatito saltarín. No sé por qué, pero me hacen reír.

Cuando los veo, grito: ¡Llegué! y salimos corriendo al salón y me dan ganas de abrazarlos y a veces nos caemos muy emocionados. Al mi lado está Celeste, que siempre me ayuda cuando lo necesito y me encanta darle un gran abrazo también.

Me encanta el ¡tun-tun-tun-tun! cuando llego, porque es una canción que hace que corramos todos a bailar. Mis pies quieren saltar de emoción moviendo los brazos. Saltamos y reímos. Todos los niños llegan de muchos lados y empiezan a bailar conmigo. Parecemos un montón de pingüinos locos. En ese momento, las mariposas de mi barriga se van volando.

Ya empieza la clase de Pensamiento. Ahí pasan muchas cosas

La profe nos dijo que en la lengua viven muchos sabores: el salado, el ácido, el dulce y el amargo. Y yo me quedé pensando… ¿será que a los sabores les da hambre y por eso me dan ganas de comer chocolates a veces?

La profe empezó a pasar por todos los niños y nos dio cositas para probar. Algunas eran ricas, otras feas y uno hacía cara rara sin querer. Y otras… ¡picaban! La lengua se sentía como si estuviera saltando.

Las profes nos han enseñado a explorar. Un día salimos del salón, nos quitamos los zapatos y caminamos con los pies descalzos. Sentí muchas cosas.

El pasto me hizo cosquillitas, como si fueran hormigas. En la baldosa sentí que podía patinar. Pero mi favorito fue el suavecito… porque era como un trampolín. Y cada paso era como saltar un poquito.

Cuando ya casi es hora del descanso, mi barriga empieza a sentir cosquillitas. No sé si son mariposas o hambre. Creo que le pregunté a la profe como setenta mil quinientas veces si ya podíamos comer. Y ella me decía que todavía no. Todavía no. Todavía no.

Hasta que por fin dijo:

—Vamos a lavarnos las manos.

Y ahí supe… ¡ya era hora!

Al principio, cuando recién llegué al colegio, las profes me ayudaban a lavarme las manos. Ya no. Me gustaba mirar los letreros del baño. Son de monstruos que hablan. Yo les preguntaba a las profes qué decían. No me acuerdo de todos, pero uno dice que hay que usar solo una toallita para secarse las manos. A mí no me gusta usar solo una. Me gusta coger muchas y hacer como si fueran un montón de cosas.

Después vamos a sacar las onces.

Hay un juego que me encanta. Una profe se lo inventó: el juego de los gemelos.

Tenemos que buscar a alguien que haya traído algo igual que nosotros. Como si fuéramos iguales por un ratito.

Hoy yo traje mango y rosquitas. Nadie más trajo rosquitas… pero otros dos niños trajeron mango. Entonces nos miramos y supimos: éramos gemelos.

Después salimos al parque. Esa es mi parte favorita del día.

Me siento como si pudiera correr sin parar. Corremos, gritamos, nos subimos a los columpios. Yo ya sé balancearme sola, ir hacia adelante y hacia atrás como si volara un poquito. Hay una niña que todavía no puede, entonces yo la empujo despacito. Me gusta ayudarla a volar.

Jugamos a los monstruos, a las guerreras, a las princesas, a las escondidas, a congelarnos, a muchas cosas. Una profe inventó algo muy raro: los perronejos. Son mitad perro y mitad conejo. Se bañan, van al colegio… ¡y comen pizza en el desayuno! Nos reímos mucho con eso.

A veces, en el descanso, también nos hacen peinados con lanas de colores. A mí me gusta porque es como si fuera una princesa. En el colegio hay disfraces, peluches, juguetes… a veces nos disfrazamos y no queremos quitarnos la ropa en todo el día. El vestido azul es mi preferido.

Cuando el descanso se acaba, tenemos que guardar todo. Pero no lo hacemos aburridos. Jugamos a que somos la señora de los juguetes, o de los disfraces, o de la basura. Empujamos los tarros por todo el salón, gritando, riéndonos, esperando que los otros niños metan las cosas.

Tenemos clase con la profe Angie y yo siempre pienso, bajito, en mi cabeza: ojalá vayamos al salón polimotor…

Y de repente alguien empieza a gritar:

—¡Polimotor! ¡Polimotor! ¡Polimotor!

Y todos gritamos también y hacemos una fila. Otra vez siento algo en la barriga…

Como si las mariposas volvieran.

Cuento escrito por las docentes:
Adriana Alisvanoba Ladino Méndez
Gina Lissete Bustos Londoño
Angie Lizeth Cubides Arévalo
María Valentina Landinez Méndez
Paula Alexandra Sarmiento Torres
Diana Patricia Nossa Rodríguez

MERANITO

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MERANITO

EDUCACIÓN INICIAL LÚDICO
(Niños y niñas a partir de los 4 años)


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