La revuelta de los corazones, una historia del afecto en el Merani

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Como ya es conocido por todos, el Instituto Merani, desde 1997, inició la fiesta y celebración del afecto, denominada por los niños como la Jornada de Corazones. Cada año, en el mes de octubre, el Instituto se transformaba en un verdadero taller de corazones de papel: grandes, medianos, chicos, plegables, con mensajes para los compañeros de clase, padres de familia, trabajadores, administrativos y docentes. ¡Para la institución era una verdadera Navidad del afecto!

Ese año, 2004, un viernes 29 de octubre, se celebraba la octava Jornada del Afecto, pero la institución había tomado la decisión de sustituir los lindos corazones multicolores de diversos tamaños y dobleces por esquelas de papel kraft rectangulares, con el logo de la institución en alto relieve. ¡qué barbaridad! Ni chicos ni grandes fueron consultados en la toma de esta decisión, y cada uno había recibido un paquete de 10 esquelas rectangulares kraft, más pálidas que un muerto de hambre, sin gracia alguna.

Los estudiantes mayores, de Proyectivo C, estaban ¡francamente descontentos! por lo inconsulto de la decisión. ¡Pero qué estropicio! La jornada francamente había sido propuesta por estudiantes y querían seguir organizándola ellos mismos con docentes y la Coordinación Actitudinal, como siempre. Esa molestia que al inicio se expresó con preguntas: “¡¿Por qué cambiaron los corazones?! ¡Esas esquelas son horribles, poco alegres y opacarían cualquier mensaje!”. La institución les contestó: “Da igual, lo importante era el mensaje más que el papel y la forma”. ¡Como si eso importara!

Los organizadores adultos no dimensionaron el inicial reclamo de disgusto y, paradójicamente, le habían dado más importancia a la razón y su argumento, que al sentir y la emoción de escribir en un corazón colorido. Era una verdadera paradoja: la Jornada del Afecto, en medio de argumentos y no de expresiones sentidas y coloridas, acompañadas de dulces, rosas y pequeños detalles en el interior de cada buzón.

Dado que la última palabra la dio la institución, los chicos, en una aparente obediencia, recibieron las esquelas sin chistar el miércoles 20 de octubre. No hay que olvidar que es muy común que los estudiantes mayores de 16 años tienen hermanos menores de 10, 8 o 6 años, que se encontraban en otros cursos. Así que, primero en familia y luego en los recreos, iban esparciendo el descontento sobre la Jornada de Corazones con sus lánguidos rectángulos de papel kraft. ¡Aquello era casi una catástrofe de proporciones épicas!

Fueron pasando los días y, finalmente, llegó el día de la celebración: el viernes 29 de octubre. Cuando se inició la jornada, con un programa que se daba a conocer en cada curso a las 7:30 de la mañana, había todo tipo de dinámicas, juegos, cantos y muestras artísticas que acompañarían tal celebración. Llovía, como suele ocurrir en el mes de octubre. Los chicos mayores pidieron ayudar a organizar la festividad con los chicos de Exploratorio, dado que siempre han funcionado con el rol de hermanos mayores.

En los días previos, el descontento se había convertido en un murmullo constante en los pasillos. "Pasa la voz", decían los mayores a los menores. "Nosotros también queremos corazones, ¡es una injusticia!" Las conversaciones furtivas se daban entre clases, en los rincones del patio, en la fila del comedor. Nadie debía enterarse, especialmente los profesores y directivos. ¡¡Era un plan maestro y una muestra de legitimar la jornada, como propia de la magia de los estudiantes!!!, digno de una película de Potter!!

En el segundo bloque, durante las actividades y expresiones artísticas, ¡zas!, las esquelas aparecieron pegadas en los lápices de los menores, simulando pequeñas pancartas de protesta y las ventanas de los salones de clase, con grandes carteles de papel Kraft, diciendo: No queremos esquelas, queremos corazones!!!. En un abrir y cerrar de ojos, la celebración se convirtió en una pequeña emancipación o revuelta infantil. Los niños menores salieron de los salones mostrando sus pequeñas pancartas que decían: "El Merani no tiene corazón" y gritaban al unísono: "¡No queremos esquelas, queremos corazones!"

Los niños daban vueltas por los salones ubicados alrededor de los patios, ¡bajo la lluvia torrencial! Otros chicos se fueron sumando a la marcha que iba creciendo con el tiempo, coreando: "¡Queremos corazones! ¡Abajo las esquelas! ¡Queremos corazones! ¡El Merani, no tiene corazón!!"

La directora y los profesores, al ver la efervescente protesta, quedaron atónitos. La música de la celebración quedó opacada por los cánticos de los niños. Los corazones de papel kraft, que se suponía debían ser el centro de la celebración, ahora eran símbolos de descontento pegados en lápices y levantados como estandartes de una marcha infantil.

Los adultos no tuvieron más remedio que reunirse rápidamente para discutir una solución. "¡No podemos dejar que esto se salga de control!" dijo la directora, viendo la determinación en los ojos de los pequeños manifestantes. "¡Debemos escuchar a los niños!"

A la par que se llamaba a una reunión de los chicos de Conceptual y Exploratorio en el salón múltiple; en los caminos entre los prados, pequeños debates se ramificaban entre los niños a favor de las esquelas y los que estaban a favor de los corazones. La Coordinadora Actitudinal y los Coordinadores de los cursos de Exploratorio y Conceptual: Aleyda, María X, Maria Francisca, Adriana y Paulo, escucharon a los estudiantes de la manera más respetuosa y democrática posible, sin dejar de expresar sus argumentos.

Una chica de Conceptual A decía con indignación: “¿Que lo más importante es el mensaje y no la forma? ¡Por favor! ¿A usted le daría lo mismo dar mil pesos que es el precio de una rosa, que una linda rosa con una cinta a su mamá el Día de la Madre? ¡¿Cómo que la forma no importa?! No queremos las esquelas”.

Otros propusieron que se podían colorear las esquelas o recortar corazones coloridos a su gusto. Después de cerca de cuarenta y cinco minutos de debate, se llegó a una síntesis de las dos ideas. Quienes quisieran usarían las esquelas, otros las colorearían, otros recortarían corazones y desde el siguiente año, se volvería a los coloridos corazones.

Así, en una muestra de diálogo y escucha, se retomó el programa de la jornada y, a pesar del pequeño polvorín, los mensajes de afecto llegaron a sus destinos. Era emocionante ver los rostros de todo aquel que recibía su buzón repleto de esquelas y corazones provenientes de compañeros del curso, de sus amigos cercanos, de sus profesores, padres y trabajadores. A pesar de la lluvia, no pudo pasarse por agua la jornada y nos recordó que la fuerza del espíritu infantil y juvenil siempre reivindicarían ¡la magia de la alegría y el sentir de una comunidad que aún celebra el afecto!


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