2340. Son los días que, en promedio, pasamos entre estas paredes. Ustedes, y yo enalgún momento.
2340 madrugadas. 2340 oportunidades para hacer un amigo, para aprender algo, paraconvertirse en algo más.
Puede que desde su perspectiva haya pasado toda una vida, pero con los años, poco apoco, se cierne sobre uno el entendimiento de que esos 2340 días no son más que undestello en el tiempo. Un instante breve que contiene algunas de las experiencias másimportantes de nuestras vidas.
Alguna vez fui yo quien estuvo sentado en esas sillas donde están ustedes,escuchando a un egresado hablar de cómo afrontar esta nueva etapa, de cómo viviresta nueva vida. Pero dentro de mí sólo habitaba la ansiedad de saber lo que medepararía el futuro. La duda por saber si había escogido bien mi carrera, por saber si habría de triunfar o de fracasar.
Y hoy soy yo el egresado. Y esa duda... La verdad no se ha acallado.
Es curioso cómo la sociedad pone sobre nuestros hombros a esta edad la inmensapregunta de qué hacer con nuestras vidas. Nos pide que sepamos con certeza cómo seirán desarrollando el resto de nuestros años, basados en lo que conocemos hastaahora. Una senda por la cuál transitar el resto de nuestros días. Un gran pedido ¿No?Pero entonces... ¿Cómo escoger? ¿Cómo seleccionar una senda y transitarla? ¿Cómosaber ese camino es el correcto?
Pues la verdad... no tengo idea. Y el que diga que sepa... Que me cuente a mi también,por que sigo sin saber.
Pero hablando en serio, si hay una cosa que tengo clara, una única lección que puedodarles después de estos cortos años transitando mi propio camino, es que es que el corazón siempre es la guía. Puede que suene cliché, y algo cursi, pero la intuición es laherramienta más poderosa que hemos desarrollado los humanos. Nuestro cerebro seha desarrollado durante cientos de miles de años para convertirse en una máquina dereconocimiento de patrones, un instrumento finamente afinado para discernir lo quevendrá después.
Ese sentimiento que está bien adentro, ese vacío en el estómago que sienten cuandofrente a ustedes se presenta una oportunidad, esa es la sensación más confiable a laque pueden entregarse. Si me permiten, les voy a contar una historia.
El año es 2013. 12 años a la fecha de hoy. El turno de graduarse era el mío, y en mediode esa incertidumbre, de ese desasosiego por haber culminado mis 2340 días, siempreexistió una certeza en mi corazón. Y esa era la de estar detrás de una cámara.
Desde muy pequeño encontré que el cine y las historias encendían dentro de mí unallama indescriptible. Un impulso inagotable que me llamaba a unirme a ese mundo. Alos 6 años compré mi primera cámara digital.
A los 10, gané mi primer premio de fotografía. A los 12 comencé mi primer canal deYouTube y conseguí decenas de miles de vistas hablando de videojuegos ycomputadores.
A los 18, escribí mi primer cortometraje para la universidad, y a los 20 me pagaron mi primer contrato por escribir, dirigir y editar un video explicativo. Ese primer trabajo pagofue encargado por un tal Sampedro y una Laura de Zubiría, para hacer un videito sobrelectura contextual, que hasta el día de hoy habita en el canal del Merani.
Ese primer video que hice para el Merani, esos trabajos que hice para la clase de Pacho, la de Laura, los niveles en video que hicimos para seminario, fueron el principiode un camino que aún no termina, y que día a día me llevan más lejos a encontrar loque me mueve. El contar historias, el escribir palabras para convertir en imágenes, seha convertido en el vehículo para seguir transitando la vida. Más allá de mi carrera, el seguir mi intuición se ha convertido en la brújula con la que mido mi propio norte.
Y embarrarla será parte del proceso. Perderse en otros caminos, experimentar, jugar yvivir mil experiencias serán la única forma de continuar buscando esa voz. Errarsignifica que se está avanzando. Equivocarse es prueba irrefuta de que no se estáquieto, que todo continúa, y que como buen humano, se está aprendiendo.
En muchos momentos dudé, en muchos otros deseé no haber seguido el llamado de mi intuición. Pero en últimas, esa voz nunca se equivocó. Por que ese llamado interno,esa voz que va más allá, es mucho más sabia que lo que uno piensa.

Escrito por Juan Diego Cruz
Síganos en Facebook
Síganos en Instagram
Siga el Canal
Escúchenos en Spotify
Síganos en Tiktok
Síganos en X
Visite Icarito