Memor-IAM vivir la vida más poéticamente

21 de julio de 2025
Portada

Compartir en:
Logo Ícaro
ÍCARO
VIDA MERANISTA IAM


Para Gerardo Andrade por enseñarnos a amar la poesía

Y son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…
César Vallejo

Corría el año 2010 y no contábamos con el auditorio que hoy nos permite realizar desde una obra de teatro hasta un concierto de salsa. Organizamos nuestra segunda gala de artes contra viento y marea, literalmente, en el auditorio del colegio Agustiniano Ciudad Salitre, con una capacidad para más de 800 personas, con el temor de que no hubiese suficiente público. El temor era de los profes porque el promotor del evento estaba tranquilo. El maestro Gerardo siempre estuvo seguro: “el arte prevalecerá”, decía, y si el auditorio se llena a la mitad ya es suficiente. En el culmen de la angustia nos dijo: “se hará la gala de arte, aunque tuviera que pagar yo mismo el auditorio, porque el arte puede llegar a salvar la vida de los niños”.

El auditorio estaba abarrotado. Había una exposición de arte plástico en la entrada. Presentamos una obra de teatro a cargo del profesor Ricardo Forero, presentamos danzas diversas, varios niños y jóvenes pasaron al frente a leer sus poemas, tocaron grupos de Rock y cerró el proyecto Sepia. Él había logrado todo, aunque nunca lo aceptó ni lo aceptará. “Fueron ustedes”, nos decía siempre que venían los aplausos desde las sillas del auditorio en las que levitaban de felicidad padres, hermanos y abuelos. El aura que se respiraba, gracias al poder del arte, era ese sueño de Schiller de una comunidad estética en la que la magia de las expresiones artísticas nos permite ser y actuar unidos, en últimas nos permite humanizarnos.

En el momento más álgido de la noche, cuando todo estaba atrasado y las papas quemaban, mientras uno de los grupos de rock de la noche estaba tocando, el maestro Andrade bailaba tras bambalinas con los integrantes de Sepia. Bailaba feliz, sonreía y ellos lo seguían como en un ritual de celebración de la vida y de la poesía. Fue una de las veces que le escuché decir con mayor convicción que hay que tratar de vivir poéticamente porque la vida ya es demasiado prosaica. Ese día y muchos otros desencadenados por su convicción en la estética, una comunidad entera se aproximó a vivir una vida más poética. Regresamos al Merani sobre la 1:30 a.m. en una ruta escolar llena de instrumentos. Estábamos agotados, sonreíamos a pesar del cansancio, cual dementes, sonreía sobre todo él y aún parecía bailar. Su espíritu danzaba a pesar del agotamiento como si se tratara de El gran pez. Gerardo estaba viendo cumplido uno de sus pequeños grandes sueños: una comunidad se había unido alrededor del arte aquella noche.

****



Para 1998 éramos un grupo de estudiantes del Merani. Nos habían contado que uno de los fundadores había hecho todo lo posible para trabajar con nosotros una clase de Historia del arte a pesar de sus limitaciones de tiempo. Nos habían dicho que además era el maestro de escritura de Juan Carlos Muñoz, nuestro profesor de literatura y escritura creativa, a quien apreciábamos profundamente. Fue contundente escucharle aquella mañana con La historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser bajo el brazo. “Uno de mis únicos propósitos es que comprendamos al menos uno de los capítulos de este libro”, nos dijo, “Y que aprendan a amar el arte a su manera”. Logró ambas cosas en varios de nosotros, no en todos, porque eso en educación es imposible. Fue la primera vez que le escuché recitar con sus ojos cerrados, desde el alma, Piedra negra sobre piedra blanca de César Vallejo: “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo” y desde entonces hice todo lo posible por aprender el poema de memoria y recitarlo cuando la prosa del mundo parece avasallarme, también se lo recito a mis estudiantes.

Fue en aquel año cuando le escuché decir por primera vez que en la vida debería haber más poesía y menos prosa, que deberíamos intentar vivir más estéticamente. En aquel entonces era demasiado joven para entender que las cuentas, la cotidianidad ramplona y el trabajo en su versión más rapaz, nos van quitando la poesía de la vida si no nos defendemos: Hay que cultivar el riesgo de enamorarse y perder; hay que dejar florecer la poesía, el cine y la literatura; un encuentro con amigos en el café de los amigos, que tanto le gustaba; la magia de ese abrazo y ese beso en la frente o en la mejilla que nos daba a todos quienes amaba. Porque sí, nunca tuvo miedo de amar a sus estudiantes y a los profes con los que trabajaba, con el respeto y el cuidado que el amor más digno refleja. Y la música siempre, porque al caminar emanaba músicas, del mismo modo que con su charango en una de las galas de artes que apoyó con todo su ser, cantó y tocó Volver a los 17 compuesta por su querida Violeta Parra. Su profunda convicción política se expresó a través de su devoción por el arte. Allí se asentó la convicción que tuvo para colaborar en la fundación de este sueño llamado Instituto Alberto Merani y que él resumía en los videos como la posibilidad de crear hombres del renacimiento, es decir, amantes del conocimiento, del arte, de la ciencia, de la sensibilidad: promotores de una vida humana más poética y menos prosaica.

****

Para cerrar, una lista de egresados como una licencia de singularidades: el egresado Leonardo Guevara es hoy profesor del Merani, convencido de una Colombia mejor por la que trabaja también en el Ministerio de Minas y Energía. Su prima, la egresada Juliana Guevara se graduó como cantante lírica y hoy canta en diversos escenarios; cuando era una niña apenas se escuchaba su voz y parecía desfallecer de angustia y temor. El maestro le dio un empujoncito y hoy su vida es el canto.

Jorge Cabezas estudia becado una especialización en Jazz en el Berklee College of music en la ciudad de Valencia; Juan Sebastián Chávez vive en Texas y es un director de orquesta consagrado a la educación musical de niños que apenas están empezando a ser sensibles a la música; Andrés Guerrero es Físico, especialista en IA y toca diversos instrumentos, cuando era niño sufría de algunos temores que fueron cobijados por el abrazo de Gerardo; Liliana Galindo vive en Oxford donde se desempeña como psiquiatra, ama el arte, tendrá un hijo pronto y guarda La historia social de la literatura y el arte en su biblioteca personal y en su corazón. Muchos más podrían ser los mencionados pero el tiempo aquí es finito. Nos sentaríamos todos con gusto alrededor de una fogata y unas cuantas canciones para explicar por qué Gerardo, como el extraordinario personaje de Edward Bloom en El Gran pez, en todos los años que fungió como fundador y maestro de vida en el Instituto Alberto Merani, nos ayudó a construir una vida menos prosaica y más poética.


FacebookSíganos en Facebook
FacebookSíganos en Instagram
youtubeSiga el Canal
TwitterEscúchenos en Spotify
TwitterSíganos en Tiktok
TwitterSíganos en X
icaritoVisite Icarito
social
social
social
social
social
social
social