No es solo adicción a un dispositivo, es una necesidad emocional desatendida
El Instituto Merani ha organizado un ciclo de conferencias para abordar el tema de las pantallas y las redes desde diversas perspectivas: psicológica, legal, comunicativa, neurológica y sociológica. Creemos que es una tarea fundamental como institución educativa la formación de familias, estudiantes y docentes en un contexto social en el que la salud mental de los niños, niñas y adolescentes se ha visto afectada por las nuevas dinámicas digitales.
La primera conferencia estuvo a cargo de la psicóloga jurídica forense Adriana Espinosa, quien documenta el impacto de las redes sociales en la autoestima de los adolescentes, la adicción que generan, así como el marco delictivo al que están expuestos y el que, en algunos casos, pueden llegar a cometer. (Leer aquí)
La segunda conferencia estuvo a cargo de la española Elvira Perejón, quien es maestra en educación infantil y especialista en Neuropsicología. Ella, en su intervención con 300 familias meranistas, fue muy enfática en que la clave para un mejor uso de las redes y dispositivos, está en establecer límites. Estos límites tienen que ver con las normas en el hogar, con las rutinas, con el tiempo dedicado a los juegos, etc. “Poner límites no es controlar, es cuidar”, aclara Perejón.
Dice que los límites deben ser claros, constantes y amorosos. Esto tiene mucho que ver con el ejemplo de los adultos en casa, pues nada se logra con exigir un comportamiento si los padres hacen exactamente lo contrario. La experta asegura que para los hijos es mucho más persuasivo el ejemplo que la norma y es más fácil establecer límites si ven coherencia en el comportamiento de sus padres. Esto, sumado a la presencia en la vida de sus hijos, en medio de sus ocupaciones, es decir, dedicándoles tiempo. Además de un acompañamiento que, cuando de comete una falta, no juzgue, que no regañe, que no sea irónico.
Coincide con el Merani, en la importancia de desarrollar una autonomía en los niños, niñas y adolescentes. Porque no se trata de estar “detrás de ellos” para vigilarlos o amenazando con castigos. Se trata de desarrollar una auto regulación, haciendo plena conciencia de las consecuencias de un mal uso del celular y los riesgos del uso de las redes sociales.
Sin embargo, esa autonomía no nace de la noche a la mañana, se debe entrenar día a día “al igual que la paciencia, la empatía y el orden”. Explica que, esa autorregulación se desarrolla en la corteza prefrontal del cerebro de los niños y jóvenes, la cual requiere práctica, repetición y confianza. Que cuando van creciendo, su cerebro está en “obra”: “El sistema límbico, en donde se gestionan las emociones, madura antes que el prefrontal, encargado de la toma de decisiones y el razonamiento. Es decir, su cerebro tiene acelerador, pero no tiene frenos. Por eso el scroll infinito de las redes sociales lo hace permanecer por largo rato allí, por la dopamina que les genera, y refuerzan su impulsividad”, asegura Elvira. Recuerda la declaración de Sean Parker, cofundador de Facebook, cuando reconoció que esa red social se creó para generar adictos.
“Un dispositivo en manos de un niño o adolescente sin acompañamiento, es una puerta sin cerradura”
E. Perejón.
Desmiente que existan los llamados “nativos digitales”. Esta expresión fue acuñada por Marc Prensky para referirse a la determinación del entorno digital en la vida de las personas nacidas en los últimos años. Argumento que ha sido muy polémico y desmentido por algunos autores, entre ellos nuestro director Julián De Zubiría: ¿Vienen las nuevas generaciones con un “chip” incorporado?
Elvira dice que los niños no tienen necesidades distintas a las necesidades de los abuelos o tatarabuelos cuando eran niños. Es enfática en afirmar cuando dice que, lo que ha cambiado, es la angustia de las familias por mantener entretenidos a los niños para que “se porten juiciosos”. Entonces, esa adicción empieza cuando se da a los niños un celular para cubrir una necesidad emocional como su frustración cuando están aburridos. “Entregarles un celular o una tablet, debería ser la última opción para suplir el ocio infantil”. El que esto pase a temprana edad, se enseña a no tener más recursos que entretenerse en un entorno digital que a futuro les generará una percepción de soledad y dificultades emocionales.
La experta termina con una reflexión sobre la importancia de motivar y apoyar a los adolescentes a tener una vida real con un mundo de posibilidades para que desarrollen su potencial y para que su salud mental esté a salvo. Que la vida “no se les vaya” cuando no están cerca de su celular o que “reemplacen los abrazos por likes”. Los padres de familia, como adultos, deben establecer los límites posibles para garantizar, no una vida “entretenida” sino de bienestar con ellos mismos y con su entorno.

Escrito por Redacción Ícaro
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