Mensaje de las familias en la Ceremonia de Grado 2025
Querida comunidad meranista, respetados directivos, profesores, familias y, por supuesto, nuestros queridos hijos e hijas:
Hoy es un día lleno de emoción. Un día que marca un hito en la vida de nuestros hijos, pero también en la nuestra. Estamos aquí para celebrar una historia compartida, tejida con paciencia, con esfuerzo y con afecto durante más de una década. Un camino que no solo formó jóvenes capaces, sino también familias más conscientes, más sensibles y más dialogantes.
Hoy queremos hablar desde el corazón y desde la gratitud. Pero también desde la reflexión, porque el Instituto Alberto Merani nos enseñó que pensar y sentir son dos actos inseparables.
Muchos de nosotros recordamos perfectamente el primer día en que entramos al colegio. Visitamos salones, pasillos, patios, pero, más allá de la infraestructura, nos sorprendió algo que no esperábamos: estudiantes hablando por sí mismos del modelo pedagógico, explicando qué significaba para ellos la autonomía, la solidaridad, la argumentación. No nos hablaron de calificaciones, no nos hablaron de rankings; nos hablaron de pensamiento, de afecto, de comunidad.
En la primera escuela de padres, también escuchamos un mensaje que marcaría nuestro camino como padres y madres. Un mensaje que seguimos recordando hasta hoy:
“Lo que hagamos o no hagamos como padres marca la vida de nuestros hijos… y los marca no solo cuando son niños, sino para toda la vida”. — Julián de Zubiría
Esa frase, tan poderosa, nos mostró que este viaje no sería solo el de nuestros hijos; sería también el nuestro.
Por eso este discurso no es solo un homenaje a nuestros hijos e hijas —que lo es—, sino también un reconocimiento al camino compartido entre familias y colegio, un camino que nos transformó a todos.
Mirar hacia atrás nos recuerda que llegar al Merani fue una apuesta valiente. Para muchos de nosotros este modelo era completamente distinto a la educación tradicional que vivimos. Veníamos de sistemas verticales, donde memorizar era más importante que comprender, donde obedecer era más importante que preguntar.
Pero aquí, desde el primer día, nos invitaron a vivir otra relación con el conocimiento:
- Menos instrucciones, más argumentos;
- Menos respuestas automáticas, más preguntas profundas;
- Menos obediencia, más comprensión;
- Menos silencio, más diálogo;
Como lo expresó con claridad María Montessori: “Ayúdame a hacerlo por mí mismo”.
Y eso vimos en nuestros hijos año tras año.
Vimos a nuestros pequeños comenzar con lecturas que parecían imposibles y con debates que nos sorprendían. Los vimos hacer mentefactos para ordenar sus ideas, buscar supuestos, construir razones. Vimos cómo el diálogo se volvía parte natural de su forma de aprender. Vimos cómo sus ojos brillaban ante una idea bien construida o una pregunta bien formulada.
Y también crecimos nosotros.
La pedagogía dialogante nos exigió revisar nuestros propios estilos de autoridad, nuestros límites, nuestras expectativas. Nos invitó a preguntarnos qué significa acompañar sin imponer, orientar sin controlar, dialogar sin invalidar. Nos retó a ser mejores versiones de nosotros mismos.
Las escuelas de padres, los PAM, los PAF y las conversaciones personales con los docentes no fueron solo espacios informativos; fueron espacios profundamente formativos. Cada una nos ayudó a ver nuestros aciertos, pero también nuestras sombras. Nos invitó a pensar la crianza como un acto reflexivo, no automático.
El colegio también nos abrió las puertas en los momentos más difíciles, especialmente durante la pandemia. Cuando entramos virtualmente a las clases, vimos en vivo cómo el diálogo era la herramienta central, cómo el error no era una falta, sino una oportunidad, cómo la voz de cada estudiante era escuchada con respeto. Y allí entendimos que este modelo no solo educaba a nuestros hijos: también nos educaba a nosotros.
Hoy queremos agradecer, desde lo más profundo, al Instituto Alberto Merani y a todas las personas que lo hacen posible.
Gracias a los directivos por sostener una visión educativa valiente, diferente, profundamente humana.
Gracias a los profesores por su compromiso inquebrantable, por preguntar antes de asumir, por escuchar antes de decidir y por dialogar antes de actuar. Por transformar aulas en espacios de pensamiento, de debate y de afecto. Por reconocer la diversidad como valor y no como obstáculo. Muchos de nuestros hijos encontraron aquí un lugar donde pudieron ser ellos mismos: sin etiquetas, sin comparaciones, sin presiones invisibles. Un lugar donde cada uno fue visto, escuchado y valorado.
Porque como dijo Paulo Freire:
“La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.
Gracias por cambiar la vida de nuestros hijos y, con ello, el mundo.
Gracias a Julián, así como a todos los profesores y profesoras en los distintos ciclos, que apoyaron nuestro papel como padres, por invitarnos al diálogo, a la reflexión, por abrir su corazón y ayudarnos a abrir el nuestro y permitirnos el afecto y el cariño sincero para aconsejarnos, orientarnos, escucharnos y ayudarnos, por convertirnos en sus alumnos mayores.
Queremos dar un agradecimiento especial y cariñoso a Nicolás por caminar junto a nuestros hijos e hijas, en los distintos espacios, en las vivencias, las alegrías y también en los duelos de este último año. Gracias infinitas por los momentos en que debiste asumir el rol de padre, por los consejos, por la dedicación, el cariño y el compromiso hacia ellos y ellas. Estaremos agradecidos siempre contigo.
Por último, gracias a las familias, por resistir la tentación de volver a lo tradicional cuando lo fácil era renunciar. Gracias por confiar en un modelo que cuestiona, que reta y que transforma. Gracias por acompañar sin imponer, por sostener sin limitar.
Como diría Howard Gardner,
“Una educación que solo transmite información es insuficiente; debe formar mentes capaces de crear, cuestionar y transformar”.
Y ustedes, familias, creyeron en esta idea.
Y por supuesto, gracias a ustedes, queridos hijos e hijas.
Hoy queremos reconocer lo que hicieron y lo que son.
Cada tarea, cada lectura, cada proyecto, cada nivel, cada retroalimentación y finalmente la tesis… todo eso fue moldeando su carácter.
- Nos mostraron paciencia cuando las cosas no salían.
- Nos mostraron fortaleza cuando se sintieron abrumados.
- Nos mostraron valentía cuando enfrentaron sus dudas.
- Nos mostraron sensibilidad en la forma en que acompañaron a sus compañeros.
- Nos mostraron humanidad en cada gesto.
Mientras ustedes crecían, también crecimos nosotros.
Mientras ustedes aprendían a argumentar, aprendimos a escuchar.
Mientras ustedes construían autonomía, aprendimos a soltar.
Muchos vimos cómo la tesis los transformó: cómo los retó física, emocional e intelectualmente. Cómo sacaron de sí sus mejores ideas. Cómo dieron forma a proyectos extraordinarios. Y cómo nos dejaron sin aliento.
Y hoy, al verlos aquí, entendemos algo profundo:
“El éxito depende del esfuerzo”. — Sófocles
Ustedes son la prueba viva de ello.
Ahora, el mundo los espera. Un mundo complejo, lleno de desafíos, de incertidumbres, de cambios vertiginosos. Pero también un mundo lleno de oportunidades. Y ustedes llegan a él con herramientas poderosas: el pensamiento crítico, la capacidad de dialogar, la sensibilidad para reconocer al otro, la autonomía para decidir.
Hay una frase de Hannah Arendt que hoy cobra un sentido especial:
“La educación es el punto en el que decidimos si amamos lo suficiente al mundo como para asumir la responsabilidad por él”.
Hoy ustedes comienzan a asumir esa responsabilidad.
Lleven al mundo lo que aprendieron aquí:
- La empatía como forma de relación;
- El respeto por la diferencia;
- La sensibilidad para escuchar;
- La valentía para defender lo justo;
- La humildad para reconocer el error;
- Y el compromiso para transformar las realidades que los rodean.
Cuando la vida les ponga enfrente decisiones difíciles —y lo hará— recuerden esta frase de la película Extraordinario:
“Cuando puedas elegir entre tener la razón y ser amable, elige ser amable”.
Porque la amabilidad no es un acto pequeño: es un acto profundo de humanidad.
Y nunca olviden que su pensamiento será valioso solo si está al servicio de algo más grande: la empatía, la inclusión, el cuidado del otro. El mundo los necesita como ciudadanos sensibles, como líderes éticos, como seres humanos capaces de transformar sin herir.
Queridos hijos e hijas, hoy queremos decirles algo muy simple pero muy profundo:
Gracias, gracias por su esfuerzo silencioso, el que nadie vio, pero ustedes sí sintieron.
Gracias por cada paso, incluso los más difíciles.
Gracias por enseñarnos a ser mejores padres, mejores madres y mejores seres humanos.
Gracias por permitirnos caminar a su lado.
Hoy celebramos su graduación, pero también celebramos nuestro propio proceso como familias. Un proceso lleno de aprendizajes, de dudas, de renuncias, de descubrimientos… y, sobre todo, de amor.
Antes de irse, les pedimos un pequeño acto simbólico:
Cierren los ojos un momento y recuerden su primer día en este colegio.
Recuerden esa sonrisa, esa ilusión.
Si hoy esa sonrisa es más grande, más libre, más humana… entonces sabemos que lo hicimos bien.
Y por eso, como se dice en la película Extraordinario, “todos merecemos una ovación de pie al menos una vez en la vida”.
Hoy esa ovación es para ustedes.
Gracias, queridos hijos e hijas, por todo lo que nos dieron.
Gracias por permitirnos presenciar este vuelo.
Y recuerden: la altura del vuelo no importa tanto como la huella que dejen.
- Vuelen con dignidad.
- Vuelen con sensibilidad.
- Vuelen con amor.
- Vuelen con conciencia.
Nosotros, sus familias, siempre seremos su hogar.
Y el Merani será siempre su casa de pensamiento.
Felicitaciones, promoción 2025.
Lo lograron… y lo logramos juntos.

Escrito por Padres de familia de Proyectivo C
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