Palabras de Proyectivo B para los graduandos de 2025
Buenos días, queridos directivos, profesores, estudiantes, familiares, acompañantes y en general público que nos honra con su presencia.
Hoy nos encontramos juntos como comunidad en el cierre de un gran proceso, un proceso que con seguridad se siente muy diferente a cuando lo observas de lejos, a cuando lo vives. Este es uno de esos días en los que se piensa en el futuro y usualmente, cuando pensamos en el futuro que tanto añoramos, cada detalle que proyectamos se percibe distante, sea desde los sentimientos, palabras o pensamientos.
Sin embargo, hoy el futuro está mirándolos de frente, dándoles la bienvenida a algo novedoso. Es un futuro con el que soñaban cuando jugaban a ser adultos, un futuro que se planteaban cuando observaban con ojos llenos de curiosidad a los adultos hacer cosas que parecían no tener sentido y cuando sus pequeños pies intentaban llenar la inmensidad de los zapatos o tacones de sus padres y madres.
Ahora sus pies son inmensos. Ya no juegan a ser adultos, mucho menos piensan en las absurdas acciones que se aparecían frente a ustedes y ahora han crecido hasta el punto de que los zapatos que usan les pertenecen solo a ustedes. Ahora esta vida les pertenece. Aun así, en este cierre, parece necesario volver a pensar en los pies que corrieron hasta este momento.
El Merani se convirtió para muchos en un segundo hogar. Un lugar lleno de oportunidades, de preguntas, de retos y también de recuerdos que los acompañarán siempre. Algunos llegaron aquí siendo muy pequeños, otros llegaron más grandes, quizás sin saber todo lo que iban a encontrar. Pero sin importar el momento en el que entraron por primera vez a estos salones, el Merani se convirtió en un espacio que les permitió descubrir sus potencialidades, crecer a su ritmo y aprender a mirar el mundo con otros ojos.
Y ahora, mientras se preparan para el siguiente paso, queremos recordarles algo importante. Nunca olviden a las personas que caminaron con ustedes, a quienes creyeron en sus capacidades, incluso cuando ustedes mismos dudaban. El colegio quedará atrás como un espacio físico, pero siempre seguirá vivo en cada aprendizaje, en cada conversación, en cada risa y en cada momento que hoy se llevarán en la memoria. Hoy no solo cierran un ciclo; abren un camino lleno de posibilidades y estamos seguras de que lo recordarán con la misma luz, fuerza y sensibilidad que dejaron aquí.
Hoy se abre una inmensa puerta. Del otro lado hay millones de posibilidades sobre lo que cada uno de ustedes puede ser o hacer en su vida. Es normal que eso genere emoción o un poco de presión, porque cuando una puerta es tan grande el horizonte también lo es.
Pero ante esto, queremos recordarles algo importante: ustedes no empiezan desde cero y no llegan aquí sin preparación.
Durante años han formado parte de este colegio. Pasaron gran parte de sus vidas aquí y en ese tiempo no solo aprendieron en las clases. Aprendieron con cada interacción con sus amigos, profesores y compañeros; en las clases, descansos, niveles, tesis. Cada una de estas experiencias y recuerdos sin duda ha dejado huellas en ustedes y eso ha generado las bases sobre las que ahora están parados.
Por eso, cuando les decimos que el colegio les dio bases importantes, hablamos de mucho más que lo académico, hablamos de bases para la vida.
Y estas bases no funcionan solas. Funcionan porque ustedes las han vuelto herramientas que utilizan en su cotidianidad. El colegio los acompañó, pero ustedes son los que han construido el camino.
Y lo más importante es que ese camino no termina aquí: continúa y se transforma con cada nueva experiencia, contexto o persona que conocerán a partir de ahora. Y también sigue creciendo con lo que forma parte de su vida hoy: sus familias, amigos, actividades fuera del colegio. Todo eso sigue siendo parte de ustedes y los acompañará en lo que viene.
Por eso, aunque es normal tener miedo, también queremos que sepan que son muy capaces de afrontar lo que vendrá.
Pero ¿qué es lo que vendrá? La vida.
No tienen que saber quiénes quieren ser ni cómo será su futuro. Algunos lo tienen claro y algunos no tanto, y ambas cosas están bien.
La vida no funciona como un plan fijo que se decide a los 16, 17 o 18 años; es un proceso en el que cada uno va a su ritmo.
No es necesario tener todas las respuestas ahora.
Y nosotras no venimos a darles las respuestas que no tenemos; también estamos aprendiendo a vivir.
Pero sí queremos decirles que confíen en quienes son y lo que han aprendido y también queremos recordarles que tienen el apoyo del colegio, de sus profesores, de nosotras que hablamos aquí en nombre de la institución.
Este siempre será un lugar que los recuerde con mucho cariño, al que pueden volver cuando necesiten.
Cuando ya cumplimos una función en un lugar, la misma vida se encarga de llevarnos a lugares nuevos, a seguir ayudando, aprendiendo y sembrando los conocimientos y el bien que llevamos en nosotros. Como promoción ustedes nos han dejado muchas enseñanzas, tanto a profesores como a estudiantes, amigos y familia. Cada uno de ustedes llegó aquí por sus capacidades y cada uno sabe que puede llevar sus aprendizajes a muchos más lugares en un mundo que lo necesita. Gracias por sembrar paz y esperanza en el corazón de los demás.
Cuando entendemos esto, también sabemos que las despedidas nunca son malas y no tienen por qué ser tristes, porque ustedes van a repartir sus saberes a lugares nuevos y nosotros –no como estudiantes, no como amigos, no como profes, sino como personas– siempre los llevaremos en el corazón. Una marca, una mirada, una frase, un abrazo, cada uno decide qué guarda en su corazón y qué queda de ustedes, pero lo importante no son las acciones o los regalos, sino los momentos compartidos y los sentimientos que quedan en nuestras almas.
Queremos agradecerles a todos por enseñarnos tantas cosas, por enseñarnos que SÍ puede lograrse, que aun en los peores momentos, cuando las luces se apagan, cuando no encontramos el camino, cuando ya no hay propósito que valga la pena, siempre, SIEMPRE, va a haber otra salida. Gracias por hacernos entender que lo que vale no es el resultado, sino el intento. Que lo que vale son las sonrisas y no una nota. Que lo que vale son las lágrimas y no una herida. Que lo que vale es disfrutar el proceso, no llegar al final. Porque las notas dejan de servir, las heridas dejan de sangrar, los finales son propósitos cumplidos, pero los sentimientos nunca se van. Lo único que podemos decirles es gracias y que sigan así, como siempre, demostrando desde cualquier lugar lo que es ser meranistas y lo que significa pertenecer a esta gran familia. Gracias por enseñarnos que al cumplir un sueño no pierdes tu propósito, ¡sino que sales tras uno nuevo!
Acuérdense de que aquí siempre van a tener otro hogar, aquí siempre se van a sentir queridos y acompañados y aquí siempre habrá personas dispuestas a ayudarlos en lo que necesiten. Sin más que decir, ojalá el mundo tuviera más personas como ustedes: fuertes, valientes, empoderadas y, sobre todo, felices. Como siempre, qué gran orgullo es para todos nosotros verlos aquí y qué gran orgullo que pertenezcan al Merani. Gracias y nunca olviden que los recuerdos dan fuerza al corazón.

Escrito por Estudiantes Proyectivo B
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