Palabras de los graduandos 2025

Portada

Compartir en:
Logo Ícaro
ÍCARO
VIDA MERANISTA IAM


En la mañana, algo se esconde bajo una densa manta de niebla. Los árboles y el humedal que rodean nuestro destino están cubiertos por el rocío. El frío congela las sonrisas. Nuestros pequeños pasos hacen eco entre una vía desierta, llena de barro y charcos profundos de lluvia que cayó la noche anterior. Nuestras manos, pequeñas, nuestros pies, pequeños. Los ojos brillan y se hacen gigantes asombrados por el bloque de ladrillo que nos estaba esperando. Algunos lloran junto a mí, otros permanecen en silencio. No sabíamos, a pesar de la incertidumbre y fascinación, que estábamos entrando por las puertas de un nuevo hogar. Los pasillos, misteriosos en aquel momento, serían la senda en la que nuestras piernas se harían más largas y la inmensidad de los salones sería para nosotros el lugar en que la luz, las ideas y las formas nacerían por primera vez y se extenderían por nuestros cuerpos hasta hacernos grandes, hasta hacernos fuertes, desde los huesos hasta lo más profundo de nuestras mentes.

Hoy nos despedimos pensando en el Alma, en el Espíritu que aquí respira y nos hace combatir la soledad. Despedirnos no significa salir de un edificio, abandonar un salón y despertar sabiendo que nuestro viaje cambia. Este colegio, esta casa son las personas que la habitamos, son las voces que nos aconsejaron, los oídos que nos escucharon. Esta casa está sostenida por los maestros que nos han guiado, los compañeros con los que hemos crecido, las monitoras que han sido nuestras madres, quienes nos han cuidado durante estos años, donde cada persona que ronda estos pasillos se convierte en un amigo. Algunos hoy ya no están con nosotros, se han mudado a otros hogares, algunos otros han partido a lugares desconocidos. Sin embargo, permanecen en los recuerdos, en las cicatrices, y crecen en nuestro corazón, crecen en nuestra memoria a medida que nosotros también crecemos.

Pero entonces, ¿cuál es el espíritu que aquí habita? Es un espíritu rebelde, que no le teme a los retos, una fuerza dispuesta siempre a extender la mano a un compañero que lo necesita, cultiva el pensamiento, la independencia y la libertad, siempre con el fin de sembrar un fruto en los corazones de alguien más. Porque lo que llevamos todos dentro de nuestro ser, en las memorias que hemos cultivado y que ahora nos hacen eternos, es la ética, la solidaridad y el amor más fuerte que hemos experimentado en nuestras vidas.

En la tarde, el sol nos asfixia. “Sé que están cansados –nos dicen–, pero ya casi acabamos.”

Vivaldi se cuela por las ventanas, la melodía que invadía el colegio significaba una sola cosa: es tiempo de abrazarnos. Los senderos se bifurcan. Algunos se marchan entre las casas de ladrillo, otros salimos por el patio al que da la espalda la Casa Amarilla. Nos veríamos al día siguiente, pero un aire de nostalgia nos atraviesa de todos modos.

Bueno, así solía ser. Será distinto desde hoy. No habrá tardes en las que Vivaldi marque los compases de un abrazo, ni mañanas frías adornadas por las sonrisas de nosotros siendo niños, ni el eco de nuestros pasos por los edificios y salones. Y ahora la nostalgia será para siempre. Tal y como dijo Benedetti: nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos.

Damos las gracias al colegio, a cada persona que lo compone, a cada uno que caminó a nuestro lado, a todos los que nos enseñaron, desde pequeños hasta quienes somos hoy. No se trata únicamente de brindar por un logro académico, es brindar por todos los que estamos aquí en cada una de nuestras facetas, es brindar por cada vez que estuvimos tristes, por cada vez que reímos, por cada vez que peleamos, por cuando nos reconciliamos, abrazamos, besamos y amamos. Es brindar por lo que somos. Por sentirse orgulloso de ser meranista. Porque somos personas que creemos en la libertad, en la esperanza, somos personas justas, éticas y profundamente sensibles. Y somos así gracias a esta casa, una casa llena de manos, voces, pieles, maestros, padres, madres, líderes, científicos y artistas. Damos las gracias y brindamos por esta casa. Una casa a la que hoy le entregamos estas palabras y a la que deseamos que jamás le falten los poemas que nos recuerden quiénes somos y lo que anhelamos ser.

Una casa que amamos.

Gracias a esta casa, de la que nos sentimos orgullosos de haber habitado y hacer eterna en nuestra memoria.

Sin embargo, hoy estamos acá parados también por otras personas, unas que eligieron por nosotros, como cuenta anecdóticamente Nico Cediel, unas personas que eligieron, en ese momento, nuestros siguientes 12 años. Sin saberlo, nos dieron un regalo que quizás jamás podremos retribuirles. Nos dieron un lugar al cual pertenecer, del que nos sentimos orgullosos de ser parte, desde hoy, como egresados.

Padres. Madres. Es gracias a ustedes que hoy estamos acá parados. Es este preciso momento en el que entendemos que nuestra graduación también es suya, porque mientras crecíamos ustedes también lo hacían, caminaron a nuestro lado, desde aquel primer día tan lejano, e incluso hoy aún lo hacen. Ustedes fueron los que nos enseñaron el valor de las cosas, que nada llega fácil y que, si en verdad deseamos algo debemos ser disciplinados y apasionados, que con esfuerzo y esperanza podemos cumplir nuestras metas. Hoy es tiempo de agradecer, agradecerles a ustedes, porque este logro es nuestro, pero también es suyo.

Gracias por acompañarnos constantemente y nunca rendirse a pesar del cansancio e incluso cuando el camino se veía difícil, por darnos un apoyo emocional y económico para llegar hasta acá, por cada consejo que nos dieron, por dejar sus preocupaciones a un lado para escuchar las nuestras, por cada discusión para cuidarnos o dejarnos una enseñanza, por las lágrimas que secaron, por sus sacrificios para darnos lo mejor. Gracias por creer siempre en nosotros y ser nuestros mayores fans, incluso cuando nosotros desconfiamos, pero también por corregirnos y enseñarnos de cada error. Gracias por cada gesto de cariño que parecía pequeño, pero que ahora vemos que significaba muchísimo.

Su apoyo en esta etapa de la vida ha sido en cada paso y comenzó con armar nuestras loncheras o hacer carteleras con nosotros a las diez de la noche. Más adelante fue una compañía y apoyo cuando nuestra realidad se convirtió en aprender por una pantalla, hasta llegar a ayudarnos a recoger dinero para nuestras excursiones, planear días meranistas y ahora aconsejarnos para decidir qué hacer con nuestros futuros.

En especial les agradecemos por su presencia estos últimos años, porque sabemos que no han sido fáciles y que nosotros tampoco les hemos puesto la tarea fácil, empezando con nuestros cambios de humor o de personalidad que les dieron la primera probada del cambio que viviríamos. Gracias por su confort cuando alrededor es caótico, por comprender los errores y las faltas, porque han sido los años más retadores, pero también en los que hemos vivido los mejores momentos de nuestra corta vida. Gracias por acompañar cada año de esta etapa porque a cada paso tuvimos la seguridad de nunca estar solos.

Durante cada año de nuestro camino por el Instituto se han encargado de darnos las alas y fortalecerlas cada día para que resistieran cada golpe, llenarlas de energía para dar lo mejor de nosotros y llegar hasta el último minuto en cada reto, y ahora dejarlas listas para que en el paso a esta nueva etapa podamos volar alto.

En especial les agradecemos por darnos el mejor regalo: una excelente educación que nos dio un lugar seguro donde empezar a soñar.

Esta graduación es un puente. Un puente entre lo que fuimos y lo que estamos empezando a ser. Y si estamos listos para cruzarlo es porque ustedes nos enseñaron a caminar, a caernos y a levantarnos. Sabemos que este día es un antes y un después. Que el mundo, enorme y desafiante, se abre frente a nosotros, y a partir de ahora muchos caminos dependerán de nuestras decisiones.

Quizá iremos a la universidad (esperamos que sí). Quizá trabajaremos. Quizá descubramos rumbos que ni siquiera imaginábamos. Pero queremos que sepan que no avanzamos solos. Caminamos con todo lo que ustedes sembraron en nosotros, con su ejemplo, con los valores que repitieron mil veces, con la historia de ustedes que también es nuestra y su esperanza en nosotros.

Ustedes nos dieron alas… pero también raíces. Y esas raíces, al contrario de atarnos, nos sostienen.

Mientras nosotros nos preparábamos para volar, ustedes se preparaban para extrañar nuestras alas cerca de casa… y tal vez eso es parte de lo que hoy los aflige, pero sabemos que también es un enorme motivo de alegría vernos cumplir nuestros sueños. Por esto vemos que es un gran acto de valentía encontrar lo que se necesita para dejar que crezcamos. Sabemos que a partir de ahora muchas cosas cambiarán, nos enfrentaremos a nuevos retos y empezaremos a construir nuestra vida adulta.

Pero queremos que sepan algo: aunque estemos creciendo, aunque tomemos vuelo, ustedes seguirán siendo nuestro lugar seguro, nuestro punto de partida y al que siempre vamos a volver ante cualquier situación que surja en nuestra vida, en busca de un consejo, de un regaño o de un profundo abrazo que nos recuerde la calidez de la familia.

Gracias, queridos padres, por ser el corazón silencioso detrás de cada uno de nuestros logros, hoy más que nunca entendemos que cada paso que dimos estuvo sostenido por su amor infinito y por esa fuerza que vemos en ustedes y tal vez no se imaginan que tienen. Nos sentimos profundamente afortunados de los padres que tenemos y hoy queremos decirles que todo lo que han hecho por nosotros ha valido la pena.

Ustedes nos llevaron al lugar que sería nuestro nuevo hogar, donde aprendimos de ciencia, matemáticas, literatura y arte, pero, ante todo, aprendimos de algo mucho más valioso: de la vida, del amor, el cariño, el cuidado, aprendimos de la amistad y entendimos que, como dijo el sabio Rubén Blades, “cada amigo es la familia que escogemos entre extraños”. Ustedes, esos extraños que algún día entrecruzaron sus caminos con los nuestros, hoy se sienten orgullosos de decir: somos la promoción 2025 y nada ni nadie lo va a cambiar.

Llegar a este momento, pararnos sobre esta tarima, implica decir adiós a una época que nos marcará para siempre, pues todo lo que vivimos en este lugar, con todos ustedes, año tras año, cada momento de risas, estrés o tristeza que vivimos como curso siempre será parte fundamental de quienes somos como personas.

Aquí, en este lugar, un segundo hogar, conocimos a nuestros primeros amigos, construimos nuestros primeros grupos, vivimos nuestros primeros días, pero también los últimos. En los pasillos del edificio retumbarán nuestros gritos y risas en Exploratorio, nuestras carreras al restaurante para ir a almorzar o nuestras caras de estresados por los requisitos de Conceptual. En las casetas, aquellos salones que hoy están ausentes, siempre estarán nuestros años de adolescencia, cuando corríamos por llegar a tiempo a clase y soportabamos los terribles cambios de temperatura con que Bogotá nos azotaba.

Como promoción, fuimos la primera en varios años en volver a tener tres excursiones inigualables, que por siempre marcarán hitos en nuestras vidas. Nuestro primer destino, el Eje Cafetero, donde entre el café y los partidos sin camisa, aprendimos a ser un grupo nuevo, construimos nuevas amistades y las risas jamás faltaron. En nuestro segundo viaje, esta vez más unidos, aprendimos a sobrevivir al calor y los mosquitos, disfrutamos de los kayaks y atardeceres hermosos, las anacondas tatuadas, que, si bien duraron una semana, quedarán marcadas en nuestros recuerdos, como la fogata del último día donde dejamos atrás miedos, tristezas y preocupaciones.

Finalmente, este año, nuestro último destino, Cuba, país de revolución y resistencia, quedará marcada como una semana inolvidable llena de son cubano, tardes de playa, hoteles inolvidables y un proceso constante en que día a día nos consolidamos más como promoción. Cuba nos enseñó a valorar cada momento, persona y oportunidad que nos da la vida. Cada excursión fue un gran esfuerzo, representó sacrificios, mucho trabajo, pero también mucha unión para lograr nuestras metas y cumplir el sueño de llegar a destinos increíbles, pero lo más importante: que fuéramos todos. Una experiencia que fue trascendente para cada uno de nosotros porque significaba el último viaje donde compartimos todos, donde íbamos a crear los mejores recuerdos, el viaje que tanto habíamos anhelado y para el cual habíamos trabajando tanto.

Al llegar este momento sabemos que, como dice nuestra canción, es una realidad que nos vamos a graduar, pero por aquellos hermosos recuerdos que construimos acá debemos brindar todos juntos, para no olvidar este y tantos momentos vividos que quedarán preservados como tesoros incomparables de una época que nos marcó por y para siempre. Hoy, después de cerca de 10 años juntos, llegó la hora de tomar rumbos diferentes. Sin embargo, partimos a nuevos retos y aventuras sabiendo que todas y todos somos y seguiremos siendo personas exitosas, luchadoras, resilientes y, ante todo, apasionadas.

Hoy dejamos este espacio, este momento, y comenzamos una nueva etapa de nuestras vidas, una etapa que estará marcada por obstáculos, nuevas amistades, nuevos aprendizajes, nuevos espacios y nuevos sueños, tal y como en algún momento comenzó nuestro camino acá en este, nuestro hogar, donde los encontramos a ustedes, nuestra segunda familia y con quienes estamos profundamente orgullosos. Les pedimos que nunca dejemos de soñar, que nunca dejemos que nada ni nadie nos detenga porque a nuestra corta edad ya nos hemos demostrado de todo lo que somos capaces y de que cada uno de nosotros tiene un talento desbordante para luchar por hacer lo que lo apasiona y llena más profundamente. Como nos dijo nuestro apreciado Henry en la ceremonia de los lápices, llevémonos tres cosas para el resto de nuestra vida: amar algo jodidamente como nadie lo haría, ser siempre libres, pensar con la cabeza, sentir con el corazón propio y buscar el bien, porque el mal es demasiado evidente.

Las piernas tiemblan. La voz se quiebra. El viento atraviesa los cuerpos de las cientos de personas que hoy están aquí. Pasa la mañana y llega el mediodía al mismo lugar donde tantas veces almorcé con la familia que en estos años fue creciendo. Observo estas hojas, llenas de palabras que intentan evocar cada instante que aquí viví. No puedo siquiera concentrarme en un recuerdo particular, cada memoria pasa como un vendaval, una corriente que se hace cada vez más grande, pasan por mi mente veloces recuadros de sonrisas, de gente, de abrazos, de agua, de sol. Y, con los mismos ojos que antes estuvieron abiertos ante la inmensidad de lo que los rodeaba, hoy inundo este recinto con lágrimas de felicidad y nostalgia por los momentos que me hacen amar la vida y amar la oportunidad que tuve de haber estado aquí.

Veo los edificios, los salones, algunas personas se despiden a lo lejos, todo se hace más pequeño a medida que me alejo. Y así fue, así fue mi último recorrido, mis últimos pasos. No dudo que volveré, pero luego habrá tiempo de pensar en el regreso. Por ahora, este capítulo se cierra así. Infinitas gracias a esta, nuestra familia, nuestra casa.


FacebookSíganos en Facebook
FacebookSíganos en Instagram
youtubeSiga el Canal
TwitterEscúchenos en Spotify
TwitterSíganos en Tiktok
TwitterSíganos en X
icaritoVisite Icarito
social
social
social
social
social
social
social