Todo un universo en el merani
Palabras de despedida de Viviana Cantor

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EXCELENCIA IAM

...Es en esa mota de polvo suspendida en el cosmos donde se tejen los sueños de los niños, la identidad de los jóvenes, la plenitud de los adultos y la serenidad de los ancianos.

En ese vasto cosmos, es inevitable volcar nuestra mirada hacia lo más profundo de nosotros mismos para preguntarnos sobre el sentido de nuestra existencia. ¿Qué debió ocurrir en el universo para que el milagro de la vida se diera de manera tan extraordinariamente perfecta? ¿Cuántas historias nos precedieron para que hoy seamos lo que somos? En el silencio del cosmos, los hilos invisibles de la creación se entrelazan para dar inicio, continuidad y fin a nuestra existencia. Somos una formación estelar desde antes de abrir los ojos al mundo. Sujetos a ese delicado filamento, vamos siendo guiados por un instinto que nos conduce hacia lugares y personas que formarán parte de nuestra historia.

Es el impulso de los sueños lo que nos une y mantiene orbitando juntos alrededor de un mismo centro; es la gravedad de ese espacio la que nos ha sostenido en constante movimiento como una fuerza universal que atrae, en cada uno de nosotros, un inexplicable impulso gravitatorio que cautiva.

Los encuentros y desencuentros, las discusiones y los acuerdos, las contradicciones y las coherencias son fuentes de dinamismo y evolución. Los eventos caóticos que vivimos día a día en este universo meranista juegan un rol crucial en la evolución cósmica de este lugar. Son la fuerza centrífuga que nos mantiene en órbita, en la trayectoria necesaria para la expansión: la nuestra y la de este espacio que crece progresivamente en este universo.

Cada uno de nosotros posee una singularidad infinita que nos hace únicos en este pálido punto azul. Es en nuestra capacidad de asombro, de pensamiento, de flexibilidad, de sabiduría en nuestra labor y profesión, de nuestra capacidad de amar, crear y ser, que nos descubrimos como seres únicos y múltiples.

Más allá de un universo observable, existe la posibilidad de que coexistamos con otros mundos paralelos, cada uno con su propia independencia.

La modesta infinitud del universo nos invita a repensar la falsa ilusión de nuestra eternidad. Son las almas presentes de quienes ya no están las que nos recuerdan que lo que da profundidad a nuestra existencia trasciende la tendencia a pensar solo en nosotros mismos, y nos invita a superar nuestra propia relevancia para construir y ser con otros. Son las huellas de un camino recorrido junto a quienes nos rodean las que dan sentido a lo que hacemos, las que dan sentido a nuestro propio universo. Nuestra capacidad de admirar, de buscar la belleza y de hacer buen uso de nuestra libertad son lo que hace único a nuestro universo.

En el Merani, cada uno de nosotros ha sido y será, de distintas formas, parte de poderosas constelaciones, puntos de referencia en este vasto universo. Nuestros trazos han formado dibujos que evocan las orientaciones de los navegantes que iniciaron esta travesía hace más de 35 años, liberando una gran cantidad de energía y materia, posibilitando la expansión de este universo meranista, creando un espacio y un tiempo que lo amplían… Así fuimos llegando, uno a uno, y nos fuimos convirtiendo en sistemas, satélites, cúmulos, galaxias, planetas, polvo cósmico.

Este universo fue adquiriendo su propio carácter y particularidad. Allí, en esta minúscula partícula dentro del coloso cosmos que alberga nuestro sistema solar, se encuentran muchas de nuestras alegrías, logros, frustraciones, vínculos, arraigos, infidencias, convicciones y paradigmas. No solo los de quienes compartimos largas horas dentro del Merani, asumiendo un rol específico, sino también los de los estudiantes y sus familias, que depositan gran parte de sus sueños, deseos y esperanzas en esta comunidad.

En las mujeres que preparan y cuidan la comida, en el equipo que hace magia para que todo se interrelacione, en la respuesta amable al teléfono, en la limpieza de cada rincón que ocupamos, en la gestión diligente que canaliza inquietudes, en los colores que nutren nuestra mirada gracias a quienes cuidan los jardines, en quienes transportan vidas cada amanecer y atardecer, en quienes analizan con delicadeza las mentes y comportamientos, en quienes luchan lealmente por el desarrollo de cada ser que acompañan, median y abrigan, y en quienes, con su sabiduría y experiencia, dirigen un sueño colectivo que abre el vasto firmamento…

Fue en 1990, a seis mil millones de kilómetros de distancia, que pudimos mirarnos. Una imagen de nuestro pequeño mundo. Una conmovedora imagen que nos recuerda, como lo dijo Carl Sagan, nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros y de preservar y cuidar este pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido y donde se gesta y expande todo.

Gracias a todos y a todo lo vivido, sentido y pensado durante 14 años en este inmenso universo meranista.

Con infinito amor, Viviana Cantor


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