El Abuelo: el guardián del tiempo del Merani
Todos los días y alrededor nuestro es normal ver árboles cerca de nuestras casas, en las calles y en el colegio. ¿Pero alguna vez te has preguntado por las historias que guardan esos gigantes verdes?
En el Instituto Alberto Merani, tenemos un árbol muy especial que guarda, sin duda, una gran historia en cada una de sus ramas, hojas y tronco. Quienes han recorrido el Instituto lo han visto siempre firme, majestuoso, como si gracias a su altura observara y cuidara cada rincón del Merani. La profesora Bertha Sarmiento nos cuenta que cuando el Instituto Alberto Merani llegó a esta sede, en el año 1993, este gran pino ya formaba parte del paisaje. De hecho, al parecer estaba, incluso, desde antes, cuando el colegio Buckingham ocupaba estas instalaciones, entre los años 1983 y 1992. Aunque nadie sabe con certeza cuándo fue sembrado, y todo indica que su historia es aún más antigua, no cabe duda de que ha acompañado por varias generaciones a todos los miembros de la comunidad meranista.
Para comprender su historia, debemos imaginarnos al Instituto como un lugar muy diferente al que vemos hoy en día. Antes de estar rodeados por edificios, las grandes avenidas y el continuo paso de carros y buses, esta zona era territorio de fincas. En lo que hoy conocemos como la calle 183, era antes la Finca El Carmen, que colindaba con la reserva Van der Hammen. Eran épocas donde la sabana se extendía, el aire era más puro y el paisaje estaba despejado de edificios altos. Quizás en estos tiempos fue cuando nuestro pino empezó a alargar sus raíces, sus ramas y su tronco.
Con el paso de los años, el entorno cambió: las grandes extensiones de tierra y los campos abiertos empezaron a ser reemplazados por los barrios, las construcciones, y otros cambios que suceden cuando crece la ciudad. Pero a pesar de todo esto, el pino siguió afianzando sus raíces y continúo erguido viendo la ciudad y al Instituto crecer y cambiar. Este pino fue testigo de los juegos de los mas pequeños y el surgir de amistades significativas cuando, a su alrededor, era la zona de juegos de Exploratorio, y hoy es el testigo de conversaciones entre amigos de los ciclos Contextual y Proyectivo, así como de los sueños y anécdotas que nacen en las aulas de lo que ahora conocemos como el Edificio Estanislao Zuleta.
Hoy, este árbol, no solo es parte del paisaje, es un pedazo de nuestra identidad como comunidad meranista. Ahora, luego de conocer su historia, entendemos por qué a este pino lo llamamos El Abuelo. Con este nombre, lo convertimos también en un símbolo de memoria, de raíces y de continuidad entre todas las generaciones de estudiantes, profesores, personal de servicios generales y administrativos que han hecho parte del Merani. El Abuelo ha crecido firme a pesar de los cambios a su alrededor, de construcciones, balonazos, lluvias y hasta temblores.
Te invitamos a que la próxima vez que lo veas o pases junto a él, lo cuides y recuerdes su historia, se la cuentes a tus compañeros de curso, de ruta y familiares. El Abuelo no es solo un árbol, es un guardián del tiempo, un testigo grande, fuerte, imponente y silencioso que nos recuerda la importancia de no olvidar nuestra historia. Es un homenaje vivo de la historia del Instituto Alberto Merani, porque en cada una de sus ramas además de hojas, hay historias y recuerdos.

Escrito por Natalia Fonseca docente área naturales
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