Jornada Pedagógica 2026:
“El mundo en un balón”
El mundial es, sin duda alguna, un evento que mueve al mundo. Uno de esos fenómenos que logra lo que pocas cosas consiguen, parar todo. Negocios, clases, reuniones, discusiones familiares... todo queda en pausa cuando suena el pitazo inicial. Es un evento que nos llena de emoción, de pasión, de esa energía colectiva que se siente en el aire cuando millones de personas están mirando exactamente lo mismo al mismo tiempo.
Pero si somos honestos, el mundial es muchísimo más que once personas corriendo detrás de un balón durante noventa minutos. Detrás de cada torneo hay decisiones políticas, millones de dólares moviéndose, comunidades que se transforman, historias que se construyen y otras que se silencian. Hay países que usan el fútbol como escudo, como vitrina, como herramienta. Y si no somos capaces de verlo, estamos viendo solo la mitad del partido.
Por eso elegimos el mundial como tema de nuestra jornada pedagógica. No porque seamos todos fanáticos del fútbol (aunque algunos sí lo son, con orgullo) sino porque creemos que el colegio tiene la responsabilidad de formar personas que entiendan el mundo en el que viven. Personas críticas, curiosas, conscientes. Y el mundial, bien mirado, es un espejo gigante de ese mundo.
La jornada estuvo diseñada para que cada ciclo viviera el tema a su manera y a su ritmo. Los más pequeños lo exploraron desde el lugar más natural que existe, el juego. Corrieron, patearon, se cayeron y se rieron, porque a esa edad aprender y jugar son exactamente la misma cosa. En el ciclo conceptual, los profesores se enfocaron a entender el deporte de verdad: sus reglas, su lógica, el papel que tiene el cuerpo, el esfuerzo, la coordinación. Jugaron, compitieron, y también empezaron a hacerse preguntas. En conceptual, además, vimos que se encendió algo importante, la curiosidad por saber más, por entender por qué las cosas son como son.
Los ciclos contextual y proyectivo fueron al fondo del asunto. Analizaron las dimensiones políticas, económicas y sociales del mundial. Se preguntaron quién gana y quién pierde más allá del marcador, qué intereses hay en juego, qué dice un torneo mundial sobre el momento histórico en que ocurre. No se trató de tener respuestas superficiales, sino de atreverse a tener postura. De ejercer algo que se aprende, no se regala, el pensamiento crítico sobre un evento de esta magnitud.
Y aquí viene lo que hace a esta jornada verdaderamente especial y por qué los estudiantes la reconocen, no fue diseñada ni ejecutada solo por los docentes. Los estudiantes más grandes tomaron el liderazgo. Planearon, organizaron, lideraron. Eso no es común. De hecho, es bastante raro. Y es poderoso, porque cuando un estudiante enseña, aprende doble. Cuando los más grandes se hacen cargo de los más pequeños, algo bonito pasa en la institución, se tejen vínculos que no se fabrican en un salón de clase, se fortalece la comunidad, y el colegio deja de ser solo un lugar donde se va a recibir información para convertirse en un espacio donde todos construyen juntos.
Eso es lo que fuimos este día. No solo un colegio hablando de fútbol. Fuimos una comunidad que usó el evento más grande del mundo para mirarse a sí misma, para crecer, para conectarse. Y eso, hay que decirlo, vale más que cualquier gol.

Escrito por Gabriela Delgado Proyectivo C
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